Antes de que la revista Forbes calificara a la jefa de gobierno de Alemania como la mujer más poderosa del mundo, Angela Dorotea Merkel (1954, Hamburgo) era doctora en física dedicada a la investigación.
Su habilidad para la comunicación la llevó hacia la política haciendo la función de secretaria de Agitación y Propaganda de la Juventud Libre de Alemania, en el régimen socialista alemán del Este (RDA).
Luego fue su dominio del lenguaje ruso lo que le permitió viajar con frecuencia a los demás países del bloque soviético y Moscú, raro privilegio para alguien que vivía en un sistema totalitario.
Pero la caída del muro de Berlín en 1988 le despejó el camino de su meteórico ascenso, pues un mes después emigró a la democracia cristiana de Alemania Occidental que la convirtió en la “encargada de relaciones con la prensa” del movimiento Demokratischer Aufbruch (Despertar Democrático) que estaba bajo la dirección de Wolfgang Schnur, ex colaborador de la policía política de la dictadura socialista, quien pronto tuvo que abandonar el puesto.
Al denunciar y sustituir a Schnur, Merkel pudo participar activamente en las negociaciones que apuntaban hacia la reunificación alemana, en las que influyó para incorporar inmediatamente a la RDA a la economía de mercado, y evitar así, como señaló el ensayista francés Tierry Meyssan, un éxodo masivo de este al oeste de Alemania.
Su marcada simpatía por Estados Unidos, su dominio del inglés y su habilidad para la política y las comunicaciones hicieron la diferencia, pues logró el respaldo de Friede Springer, la heredera del grupo Axel.
Springer, dueño de 180 diarios y revistas como Bild y Die Welt*.
También logró el apoyo de Liz Mohn, directora del grupo Bertelsmann, líder de los medios de difusión de toda Europa, así como de figuras clave del gobierno estadunidense como Jeffrey Gedmin, quien trabajó para el American Enterprise Institute, lo que, además de darle una tribuna de primera línea, fue completando su formación.
En la campaña legislativa de 2005 estigmatizó el desempleo y la inacción de los socialdemócratas frente a ese problema, lo que la convirtió en diputada de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y posteriormente fue la vencedora de las elecciones generales que la llevaron el 1 de enero de 2007 a ser canciller de Alemania con una apretada ventaja de 35 sobre 34 por ciento del total de los sufragios.




