La vida pública en Amstetten volvía ayer lentamente a la normalidad, aunque persiste el sentimiento de consternación e incredulidad ante lo sucedido
La vida pública en Amstetten volvía ayer lentamente a la normalidad, aunque persiste el sentimiento de consternación e incredulidad ante lo sucedido.
En la principal Iglesia de la localidad, el cura Peter Bösendorfer manifestó, con motivo de la fiesta de la Ascensión, que tras este caso “no se puede volver a la normalidad”.
“No debemos ignorar nuestros sentimientos, provocados por este terrible crimen”, dijo el párroco en la Iglesia de San Esteban, en el centro de la ciudad, ante cientos de fieles, muchos de ellos llegados para celebrar la primera comunión de sus hijos y nietos.
“Hemos rezado por el bien de las víctimas. Es increíble que aquí entre nosotros haya pasado algo así”, dijo a Efe una abuela cuya nieta acababa de hacer su primera comunión.
La prensa austríaca relata ayerlos primeros momentos en libertad de los hijos encerrados y su primer viaje en automóvil hasta el centro para pacientes especiales de Amstetten-Mauer, a unos siete kilómetros de la ciudad.
Leopold Etz, uno de los inspectores de la policía que supervisa la investigación, relató que el pequeño Félix, de cinco años, estaba fascinado por estar sentado por primera vez en su vida en un coche.
“Qué bonito”, habría dicho el niño, al que han descrito como alegre y vital.




