WASHINGTON.— Después de cuatro días de ataques al aspirante demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, y de recordar el pasado como héroe de guerra de su candidato, John McCain, quedó claro que los republicanos quieren convertir las elecciones en una cuestión de carácter.
Para sorpresa de muchos, el propio McCain corroboró la impresión con el discurso en la noche del jueves en el que aceptó la designación de su partido como candidato a la Casa Blanca. Incluso él mismo recordó el drama de más de cinco años como prisionero en Vietnam.
McCain aseguró expresamente tener el “historial y las cicatrices”. “El senador Obama no”, sentenció.
El cambio no pasó desapercibido para la mayoría de analistas. “Lo que podría haber sido una batalla sobre las diferencias políticas de los dos partidos se perfila sin embargo como una batalla de biografías”, escribió ayer el diario The Boston Globe.
The New York Times es más duro y directo. Después de afirmar que McCain “permitió a los practicantes de las políticas del miedo y la división” dirigir la convención republicana, el rotativo acusó directamente al senador por Arizona de “virar a la derecha para ganar la nominación”.





