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El encuentro entre el presidente de Estados Unidos (izquierda) y el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, significa la primera visita de Estado que, según analistas, será aprovechada para hablar del tratado comercial y otros asuntos urgentes, como Afganistán y el calentamiento global. Fotos: AP
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16-Febrero-2009

Libre comercio, el tema pendiente en la primer visita de Estado del presidente Obama

Notimex con información de Alan Miranda

MONTREAL.— La visita que el presidente estadunidense Barack Obama realizará el próximo jueves a Canadá será corta y discreta, pero habrá muchos temas de discusión en la primera bilateral con el primer ministro canadiense, Stephen Harper.

Corta, porque durará menos de seis horas, y discreta porque los canadienses deberán conformarse con ver a Obama en la televisión, ya que en la agenda no hay aparición pública del jefe de la Casa Blanca que tiene en Canadá una enorme popularidad.

Tampoco habrá la tradicional sesión de ambas cámaras del Parlamento para que diputados y senadores puedan escuchar al popular y distinguido visitante, como pidieron sin éxito los partidos de la oposición.

En cuanto al fondo de esta visita, lo primero que se destaca es que tiene lugar en un momento crucial por la grave crisis que afecta a la economía de América del Norte y no sólo a Estados Unidos.

Vincent Marissal, del diario La Presse, recuerda que rara vez en la historia contemporánea hubo tantas diferencias entre el Primer Ministro canadiense y el Presidente estadunidense.

“Obama es liberal y progresista y Harper es un conservador. Obama cree en la intervención del Estado en la economía y Harper ha sido empujado a eso por la crisis económica. Obama estuvo en contra de la invasión a Irak y Harper en favor”, dice Marissal.

El mandatario estadunidense, agregó Marissal, está por luchar en contra del cambio climático y Harper dice que también, pero hace lo contrario.

Se supone que en la agenda de discusiones figuran Afganistán —donde Canadá tendrá una presencia militar hasta el año 2011—, la crisis económica, el cambio climático, los energéticos y el Tratado de Libre Comercio.

Este último es uno de los temas que Barack Obama prometió revisar al tomar las riendas de EU, pero que no ha abordado.

“Si el presidente Obama y su liderazgo demócrata quieren reescribir el TLCAN o retirar a Estados Unidos de él, estarán en una posición fuerte para hacerlo”, dice Daniel Griswold, director del Centro de Estudio de Políticas Comerciales.

“Sería una política tonta por parte de Estados Unidos reabrir lo que ha sido un acuerdo muy positivo entre México y Estados Unidos. El comercio ha crecido significativamente. Los lazos comerciales y de políticas están mejor de lo que quizá han estado nunca”, agrega en entrevista Griswold, representante de la instancia académica conservadora que se opone a esa medida.

En la última campaña electoral para llenar los escaños del Congreso, muchos candidatos demócratas usaron el tema de la modificación del modelo comercial estadunidense como plataforma, principalmente en los estados que solían tener una industria desarrollada, explica Daniel Beeton, analista de políticas económicas internacionales del Center for Economic and Policy Research en Washington.

“El asunto no es estrictamente demócrata”, dice Beeton.

Sin embargo, uno de los obstáculos más grandes que los legisladores y las organizaciones civiles tendrán que enfrentar serán los grupos de presión de las corporaciones, quienes seguramente iniciarán una campaña propagandística muy fuerte.

Miembros del partido demócrata están trabajando desde hace meses en una ley para renegociar el TLCAN.

Alrededor de 80 congresistas de ambas cámaras patrocinaron el proyecto del demócrata Michael Michaud, en junio de 2008. Éste propone la revisión de los tratados de libre comercio firmados por EU. Contempla, entre otras cosas, prohibir la exigencia de privatización de servicios públicos.

“Si el acuerdo contiene secciones relacionadas con la provisión de servicios, esas provisiones deberán… no requerir la privatización de servicios públicos en cualquier país que sea parte del acuerdo o la desrregulación de un servicio, incluyendo servicios relacionados a la seguridad nacional, seguridad social, salud, seguridad pública, educación, agua, sanidad, otros servicios públicos, puertos y transportación”, dice textualmente el borrador del documento.

La iniciativa, conocida como Ley de Reforma Comercial, Responsabilidad, Desarrollo y Empleo (TRADE, por sus siglas en inglés) fue elaborada con el apoyo de unas 20 asociaciones de distintos tipos, entre las que destaca la Federación Estadunidense de Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), la central obrera más grande del vecino del Norte. También participaron organizaciones ambientalistas y religiosas.

Este proyecto concuerda con la promesa de campaña de Obama de renegociar los acuerdos comerciales que, según ha declarado en varias ocasiones, no funcionan para los trabajadores estadunidenses, puesto que facilitan que los puestos de trabajo sean trasladados a otros países.

“Debemos enmendar el TLCAN para dejar claro que las leyes y regulaciones justas escritas para proteger a los ciudadanos en cualquiera de los tres países no pueden ser invalidadas simplemente a petición de los inversionistas extranjeros”, escribió Obama en un cuestionario aplicado por la Campaña por el Comercio Justo de Iowa.

Además del TLCAN, los tratados de libre comercio que serían revisados y enmendados son los que ha firmado Estados Unidos con Perú, Chile, Australia, Israel, Bahrain, entre otros.

En caso de haber sido aprobado en su forma actual, la Contraloría General de Estados Unidos tendría que haber realizado un informe cada dos años, comenzando en junio de 2010, sobre los productos exportados e importados, el número de empleos perdidos en cada estado de la Unión Americana, así como un análisis sobre el respeto a los derechos humanos y laborales en los países con los que se haya firmado el tratado, según consta en el documento.

Uno de los acuerdos comerciales más recientes fue el de Colombia, país en el que cientos de sindicalistas fueron asesinados en los últimos años. Esto, de acuerdo con Beeton, causó preocupación entre algunos congresistas y organizaciones civiles en Estados Unidos, quienes decidieron darle la espalda al tratado que propuso George W. Bush y que apoya el presidente colombiano, Álvaro Uribe. Hasta la fecha no ha sido aprobado.

Otra de las razones por las que el Tratado de Libre Comercio se hizo tan impopular entre varios sectores de la población estadunidense es porque facilitó a las compañías trasladarse a México y conseguir mano de obra a un precio más bajo.

Para esos grupos, la importancia de las modificaciones al TLCAN consiste en restringir la mudanza de compañías y la consiguiente pérdida de empleos.

“Meterse con el TLCAN no hará nada para beneficiar a los obreros manufactureros desplazados en Michigan y Ohio”, advierte Griswold, quien además sostuvo que la pérdida de empleos durante los últimos años se debe al aumento en la productividad de los trabajadores.

Cada vez puede producirse más con menos empleados y, además, el tipo de productos elaborados en países como Estados Unidos ha cambiado, asegura.

Gran parte de la población canadiense —61 por ciento, de acuerdo con la organización Council of Canadians— también apoya la renegociación del TLCAN.

Sin embargo, el primer ministro canadiense, Stephen Harper ha criticado algunas medidas del gobierno estadunidense que etiqueta de proteccionistas.

Hace unas semanas, recordó a Estados Unidos sus “obligaciones internacionales” de liberalizar el comercio global al quejarse sobre una ley que afectaría las exportaciones de acero canadiense hacia ese país.

Las partes que causan especial descontento entre los canadienses son las del capítulo 11, explica Brent Patterson, director de campañas de la organización Council of Canadians.

Entre otras cosas, ese capítulo indica que una compañía extranjera puede presentar una demanda en contra de un gobierno cuando considere que sus intereses sean afectados por una medida de éste. Los casos son tratados por tribunales especiales creados por el TLCAN y no en el sistema judicial de cada país.

Otras secciones del acuerdo con las que Council of Canadians y muchos otros ciudadanos no están de acuerdo es porque éste plantea que el agua no es sólo un bien público, sino que puede ser tratado como una mercancía y ser exportado en grandes cantidades. Debido a la presión de varias organizaciones, esta medida todavía no ha sido implementada.

Bajo el TLCAN, Canadá no puede mantener reservas de gas y petróleo para su propia seguridad energética, sino que debe dejar que la oferta y la demanda regulen la cantidad de hidrocarburos que sale de su país.

Griswold sostiene que los más beneficiados con este acuerdo han sido los trabajadores mexicanos, especialmente aquellos que viven en el norte del país, en donde se han establecido maquiladoras.

“Creo que si se observa el desempeño de los mexicanos en términos de incremento de salarios, de progreso en contra de la pobreza, el mayor progreso se ha dado en el norte de México… Los problemas de México no se deben al TLCAN, son anteriores”, dice Griswold.

Esta declaración contrasta con el argumento más fuerte de los que se han opuesto al TLCAN, el cual consiste en que las cadenas de producción fueron destruidas por el acuerdo y los puestos creados por las compañías estadunidenses no fueron suficientes para compensar los que se perdieron en otros sectores de la industria.

El presidente de México, Felipe Calderón, ha dicho en varias ocasiones que renegociar el tratado no es una buena opción. Ahora no es el momento de pensar siquiera en enmendarlo, declaró Calderón en una conferencia de prensa que ofreció el 22 de abril del año pasado, junto con el primer ministro canadiense, Stephen Harper, y el entonces presidente de EU, George W. Bush.

“Las economías cerradas ya pasaron a la historia”, dijo. “Él (Obama) va a defender los intereses de su país… Estados Unidos puede proponer lo que quiera, México también podrá proponer lo que quiera. Esto es una negociación”.

Lo cierto es que la evolución del comercio entre México y Canadá está en gran medida vinculada a la demanda del mercado estadunidense, el principal centro de exportación para ambos países, por lo que los ojos están puestos en su recuperación.

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