El presidente George W. Bush puede echar mano ahorita de la Reserva Estratégica de petróleo para bajar el precio en unos diez días, si así lo requiere, dijo a Excélsior, vía telefónica desde Los Ángeles, la representante demócrata por el distrito 32 de California, Hilda L. Solís.
“Está casi llena de petróleo, si él puede sacar, por ejemplo, 10 mil o 20 mil millones de barriles, eso va a bajar los precios inmediatamente, en diez días”, comentó la legisladora de origen mexicano.
Lo cual, según numerosos especialistas revela el manejo que tiene la administración estadunidense sobre el más importante indicador del Mercado: los precios. Eso puede cambiar la percepción del consumidor y la percepción de los votantes que acudan a las urnas el próximo 4 de noviembre.
Dan Beeton, presidente adjunto del Center for Economic and Policy Research de Washington, una institución privada que se dedica a la investigación de factores económicos y políticos que inciden en la calidad de vida de la ciudadanía, explicó a este diario que los indicadores económicos van a jugar un papel clave en el ánimo de los votantes cuando tengan en sus manos la papeleta o estén frente a una máquina electrónica.
“Encuesta tras encuesta ha demostrado que el tema más importante para los votantes potenciales es la economía y es muy posible que empeore entre ahora y el mes de noviembre”, dijo Beeton en entrevista telefónica desde la capital estadunidense.
Y a pesar de que la prensa ha anticipado mucho que podría haber un repunte, este especialista en temas económicos adelantó que espera una caída en el poder de compra de los consumidores.
En medio de la guerra de indicadores para tratar de influir en la percepción de los votantes sobre la economía como el anuncio de la administración Bush de que rescatará (con más deuda todavía) a Fannie Mae y Freddie Mac, los equivalentes estadunidenses de instituciones públicas de créditos hipotecarios como del Infonavit o el Fovissste, analistas como Beeton eligieron el indicador de precios, del poder de compra y del empleo que han resistido hasta ahora la interferencia de la propaganda política.
“Si los votantes elegibles y registrados salen a votar por la economía, entonces Obama será el próximo presidente”, pronosticó.
Pero para que pueda tener efecto nuevamente el lema “It’s the economy stupid” que James Carville el estratega de campaña difundió para motivar a la ciudadanía par que llevara a Bill Clinton a la Casa Blanca en 1992 cuando la economía estaba en recesión como ahora.
Aquel año Carville colgó en el cuartel general de la campaña de Clinton los ahora históricos cartelones que decían “1. Cambio vs. más de lo mismo; 2. La economía estúpido y 3. No te olvides de los servicios de salud”, que engloban los conceptos que también ha abanderado la campaña de Barack Obama en la actual recesión.
Sólo que 18 años después de aquel episodio la situación es más compleja que la contenida en el lema de “Es la economía, estúpido” cuando Obama necesita asegurar casi el doble del 30 por ciento que ya tiene.
Porque según Amir Taheri del diario árabe londinense Ashraq Alawsat, Obama ya tiene prácticamente todo el voto afroestadunidense, un 12 por ciento del electorado que ha apoyado a los democratas desde los años 50; también a la mayoría de los judíos que representan al 2 por ciento del electorado junto con los centenarios simpatizantes de ese partido; a los estadunidenses de orígen árabe y musulmán que representan otro uno por ciento.
Así como a la mitad de los hispanos que en su totalidad representan otro 12 por ciento; a un 8 por ciento que siempre vota por el demócrata hasta sumar el 30 por ciento del electorado.
Lo que en resumen indica que le hace falta sumar otro 20 por ciento más uno como mínimo para ganar las elecciones.




