>MIAMI.— Lloyd Major se levantó a las 4:30 de la madrugada; aún era de noche y a las 5:30 salió rumbo a su casilla electoral 238 por el rumbo de Opaloca, una zona donde vive la clase trabajadora mayoritariamente negra.
Llegó a la iglesia Renancimiento apenas comenzó a clarear el día, y ya había 63 personas en la fila que habían llegado desde las 5; a él le tocó ser el número 64, justo tras de la policía D. Britt y enfrente de Alexandra y su hermana que llegaron ayer a Miami para votar; ayer mismo se regresarían a las Antillas.
Desde la noche anterior se acostó con una gran expectativa, la policía D. Britt le contó que había estado toda la noche trabajando y se fue directo a votar.
“Anoche fue una noche hermosa”, dijo D. Britt, “caía una llovizna ligerita y pensé: ese es el llanto de nuestros ancestros en el Atlántico (porque por allí llegaron como esclavos, explica); están llorando porque este día llegó”.
Lloyd Major dice que está en esa fila para votar por el primer presidente negro gracias al sufrimiento y la muerte de miles de negros que entregaron su vida durante los años de esclavitud, y después, durante la lucha por la defensa de los derechos civiles en Estados Unidos.
Egresado de la maestría en Trabajo Social en la Universidad de Pennsilvanya, Lloyd fue el primero de toda su familia en obtener un grado universitario.
“Mi mamá era sirvienta y recuerdo que cuando hablábamos con un hombre blanco no podíamos verlo a los ojos; teníamos que bajar la mirada”, cuenta emocionado.
“Nunca me senté en un restaurante integrado sino hasta que tuve 19 años, pues un tío me llevó a Massachusetts y cuando la mesera blanca se acercó para tomarnos la orden yo enmudecí; estaba muy nervioso, no sabía qué hacer.
“Vivíamos con miedo, un miedo persistente que no nos dejaba vivir; había linchamientos y quién sabe cuántos cuerpos haya enterrados en los estados del sur. Cuando salíamos de casa muchos no sabíamos si íbamos a regresar, por eso estar aquí esperando votar por un hombre negro me parece que no es real.”
Lloyd Major dice que tiene miedo de que alguien mate a Barack Obama; en automático, dice se le vienen a la mente los asesinatos de Martin Luther King, John y Robert Kennedy.
“Recuerdo que cuando regresé a casa de la Universidad de Pensilvania me recibieron con la noticia de que habían asesinado al doctor Luther King. “Con Kennedy estaba en Alabama rezando con un grupo de amigos cuando llegaron con la noticia de que lo habían asesinado... Esos asesinatos te marcan de por vida.”
¿Pero, no cree que Estados Unidos y el mundo han cambiado mucho después de 40 años?
—Sí, sí han cambiado pero lo que es muy peligroso es que (John) McCain y los republicanos ubiquen a Barack Obama como un terrorista musulmán y socialista, pues con esa sola descripción están dan la licencia para asesinarlo.
La fila comienza a avanzar y entran los primeros 10 votantes. Ha pasado una hora desde que llegó Lloyd Major y ya hay 130 personas detrás de él.
“Esto me recuerda a Sudáfrica; eran filas largas y silenciosas; es un silencio de esperanza, es un silencio de felicidad.”
La fila avanza, ya va a ser su tuno.
¿Cómo se siente?
Estoy nervioso, feliz…
Con su licencia de manejo para identificarse, entra a la casilla. Permanece allí siete minutos, y sale con una gran sonrisa.
En vez de la tinta indeleble que usamos en México, aquí colocan una pequeña calcomanía que dice “I voted today”. Lloyd Major dice que la va apegar en un libro y se lo va a regalar a sus nietos.
“Acabo de hacer historia”, exclamó.




