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La impopularidad del presidente saliente George W. Bush es tal que el mandatario brilló por su ausencia durante toda la campaña. Este domingo arribó a la Casa Blanca, después de pasar unos días en el rancho de Camp David, alejado de los medios. Foto: AFP
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05-Noviembre-2008

El poder ejecutivo

Genaro Lozano ** Instituto Tecnológico Autónomo De México (Itam).

Si hoy le preguntáramos a un hombre en Sudáfrica, a una mujer en la India o a un estudiante de educación primaria en Argentina o en Canadá el nombre del actual presidente de los Estados Unidos, probablemente nos contestaría de manera correcta. Tal vez alguno de nuestros entrevistados incluso agregaría que George W. Bush es texano, que fue gobernador de su estado antes de ser el presidente número 43 de la historia de los Estados Unidos, que sucedió a Bill Clinton, que despacha en una Oficina Oval, que viaja por todo el mundo en un avión blanquiazul llamado Air Force One, que pertenece al Partido Republicano y que es el comandante en jefe de las fuerzas armadas estadunidenses.

No es gratuito que en este caso hipotético los individuos de tres países distintos conozcan algún dato biográfico de la persona que ocupa el Poder Ejecutivo en los Estados Unidos y sobre algunas de sus funciones constitucionales. De hecho, en junio de 2004 la BBC, la empresa encuestadora Globescan y la Universidad de Maryland condujeron una encuesta mundial en la que se preguntaba a los ciudadanos de 21 países su opinión sobre el proceso electoral presidencial estadunidense. El resultado de dicha encuesta revelaba no sólo que en 18 países la reelección de George W. Bush era vista como negativa para la seguridad internacional, sino además que los ciudadanos de esos 18 países conocían a los candidatos a la presidencia estadunidense, habían seguido los temas de la contienda electoral e incluso tenían una opinión personal sobre el gobierno de Bush.1

A lo largo de la historia y del desarrollo institucional estadunidense, el presidente ha ocupado un lugar central en el sistema político de ese país, al mismo tiempo que la categoría de superpotencia de los Estados Unidos ha significado que acciones y decisiones del habitante de la Casa Blanca tengan un impacto directo en la vida de millones de personas en todo el mundo. Paralelamente a ese desarrollo global del poderío estadunidense, los medios de comunicación han sido objeto de un alcance inaudito en un sector de lectores y de audiencias globales, lo que ha impactado de manera directa en el seguimiento de las actividades del presidente de los Estados Unidos y en la familiarización mundial con la oficina del Poder Ejecutivo estadunidense.

Sin embargo, hace poco más de 231 años, cuando los Padres Fundadores de los Estados Unidos crearon el sistema político de su país, no pensaban que el ejecutivo adquiriría la importancia que actualmente ocupa en la vida política estadunidense, sino todo lo contrario. La mente brillante de los hombres que lanzaron una verdadera revolución al independizar a las 13 colonias británicas en América del Norte tampoco imaginó que su diseño constitucional sería estudiado atentamente por los revolucionarios franceses y que se convertiría en el modelo de muchas de las naciones que también se independizarían al sur del continente americano durante el siglo XIX.

En las siguientes páginas se ofrecerá una introducción al estudio del Poder Ejecutivo en los Estados Unidos. Para tal efecto, este capítulo se divide en cuatro partes. En la primera de ellas se presenta un breve panorama sobre la historia de la creación de la institución presidencial. En la segunda se ofrece un análisis del lugar que ocupa ésta en la Constitución. La tercera parte se enfoca en el desarrollo institucional de la presidencia moderna. Por último, se abordan temas actuales en torno al Poder Ejecutivo, como la extensión de los poderes formales de la presidencia en la llamada guerra contra el terrorismo internacional.

La experiencia colonial británica en América del Norte resultó en una profunda desconfianza por el poder monárquico y por el abuso del poder. Por ello, la creación del Poder Ejecutivo estadunidense fue uno de los temas más debatidos durante la Convención Constitucional de 1787 por los Padres Fundadores, quienes se enfrentaron a la disyuntiva de cómo crear un ente con el suficiente poder para gobernar, pero al mismo tiempo uno cuyo actuar fuese supervisado y limitado por el Poder Legislativo y por el Poder Judicial.

Los 11 años que transcurrieron entre la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, del 4 de julio de 1776, y la firma de la Constitución estadunidense, del 17 de septiembre de 1787, tuvieron un impacto profundo en la mente de los hombres que condujeron a las 13 colonias al camino de su vida independiente y que sentaron las bases del desarrollo económico, político, militar y cultural estadunidense.2

Originalmente los Padres Fundadores pensaban que la mejor forma de gobierno para el nuevo país era un sistema parlamentario, en el cual el Congreso desempeñara el papel principal en la conducción del gobierno. Como evidencia de lo anterior, los Artículos de la Confederación y de la Unión Perpetua, adoptados en 1781, no consideraron la creación de un Poder Ejecutivo. Fue tal la división de los Padres Fundadores respecto al tema que una propuesta para incorporar la rama ejecutiva al gobierno estadunidense fue rechazada por el Congreso Continental de 1777.

Sin embargo, el experimento confederado resultó un fracaso, que puso en riesgo la viabilidad de los Estados Unidos como estado unitario, pues en la práctica lo que sucedió fue que los 13 estados no lograron desarrollar un proyecto único de nación, sino 13 proyectos que competían entre sí, como señala el autor presidencialista Richard Pious.3

Para el verano de 1787, la situación económica y política de las 13 ex colonias británicas era un desastre. James Madison4 envió una carta al gobernador de Virginia en la que reconocía la “situación crítica” por la que atravesaban las finanzas y la conducción del gobierno independiente con la ausencia de un verdadero gobierno central que ejerciera un monopolio de la vida política de la nueva nación. Revueltas populares, amenazas externas y la incapacidad de lograr un liderazgo efectivo por parte del Congreso Continental pusieron al borde del caos a la nueva nación y sembraron en los independentistas la semilla de la necesidad de crear una oficina ejecutiva.5

El Congreso de la Confederación fue incapaz de reclutar un ejército confiable y unido que enfrentara los brotes de violencia y rebelión que surgieron en algunas localidades del naciente país.6 Algunos meses previos a la Convención Constitucional de 1787, George Washington, quien fue el primer presidente de los Estados Unidos en 1789, dio cuenta de la situación al escribirle una carta a Thomas Jefferson7 en la que llamaba a la creación de un verdadero “gobierno general que pusiera fin a la anarquía” que reinaba en esos momentos la vida independiente de los estadunidenses.8

En realidad lo que el general Washington tenía en mente era la creación de un Poder Ejecutivo que fuese capaz de subsanar los problemas de deliberación y de acción colectiva que la organización parlamentaria de la confederación había evidenciado peligrosamente. Washington deseaba un gobierno fuerte, unitario y capaz de enfrentar los problemas internos e internacionales que amenazaran la viabilidad de los Estados Unidos como país independiente, y en su visión, lo anterior sólo se lograría con la creación de la oficina presidencial efectiva.9

Cabe señalar que durante la vigencia de los Artículos de la Confederación, los distintos congresos confederados eran presididos por una especie de semipresidente, elegido por un año, cuyas funciones eran meramente protocolarias sin ningún poder real sobre la conducción de la agenda del Congreso. El poder de los “presidentes” del Congreso Confederado era tan débil que incluso “algunos de estos funcionarios ni siquiera asistían a las sesiones del Congreso que debían presidir”.10

En resumen, la caótica experiencia de gobierno durante la vigencia de los Artículos de la Confederación, que crearon una alianza defensiva temporal en lugar de un Estado unitario, aunada a la creciente convicción y consenso entre varios de los Padres Fundadores de mirar las experiencias previas en algunas de las ex colonias que sí consideraban en sus sistemas políticos locales una rama ejecutiva y una legislativa separadas, fueron el origen del Poder Ejecutivo durante la Convención Constitucional de 1787.

La creación del Poder Ejecutivo estadunidense debe su diseño a la visión de George Washington, James Madison, John Jay11, James Wilson12 y Gouverneur Morris13 principalmente, cuyas ideas en torno al Poder Ejecutivo fueron incorporadas en el artículo II de la Constitución de los Estados Unidos de América.

El diseño constitucional de la presidencia significó una solución a los temores y a las dudas de los constituyentes. Por un lado, el artículo II puso fin al debate sobre si el Poder Ejecutivo debía ser compartido entre varios notables o si debía ser representado por una sola persona. Por el otro, el acuerdo final también respetó cabalmente el principio del federalismo, pilar del sistema político estadunidense hasta nuestros días, al decidir que la elección del titular del Ejecutivo no sería ni mediante la votación del Congreso, ni tampoco a través del voto directo de los ciudadanos, sino por medio de un complejo sistema de votación indirecta, que equilibrara el peso de los estados chicos frente a los más poblados en el Colegio Electoral.

Finalmente, el artículo II es una de las más exitosas muestras de ingeniería constitucional al fundamentarse en la separación de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Como se había mencionado anteriormente, el diseño de la constitución de los Estados Unidos inspiró la redacción de varias de las constituciones de las nuevas naciones independientes de América Latina.

1 Léase el resumen ejecutivo de la encuesta de la BBC/Globescan/Universidad de Maryland en http://www.globescan.com/news_archives/bbcpoll.html

2 Para un panorama amplio sobre la historia de la Independencia de los Estados Unidos, véase Alan Brinkley, The Unfinished Nation. A Concise History of the American People, 4a ed., Nueva York, McGraw-Hill, 2004, pp. 116-165.

3 Véase Richard Pious, The Presidency, 1a ed., Nueva York, Pearson- Longman, 1996, pp. 19-48.

4 Delegado de Virginia. Se convirtió en el cuarto presidente de los Estados Unidos (1809-1817).

5 Véase el capítulo “Visión panorámica de la historia de los Estados Unidos” de esta obra para un análisis detallado sobre la historia de la fundación de los Estados Unidos.

6 Como ejemplo de la ineficacia del Congreso Confederado véase el caso de la rebelión de Shay, que ocurrió entre el verano de 1786 y el invierno de 1787.

7Tercer presidente de los Estados Unidos (1801-1809).

8 Véase Julian Boyd, The Papers of Thomas Jefferson, vol. 9, Princeton, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1955, p. 389.

9 Para conocer más sobre la biografía y la historia de los Padres Fundadores y su pensamiento se recomienda el sitio web: http://www. foundingfathers.info

10 Calvin Jillson y Rick Wilson, “Leadership and Coordination in Legislatures: The ‘President’ of the First American Congress: 1774-1789”, Congress and the Presidency, vol. 17, núm. 2, otoño de 1990, pp 85-105.

11 Fue delegado por Nueva York en la Convención Constitucional de 1787. Además, fue uno de los autores principales de los ensayos federales bajo el seudónimo de Publius. En 1789 fue designado primer presidente de la Corte Suprema de Justicia.

12 Abogado nacido en Escocia. Fue uno de los delegados por Pensilvania.

13 Delegado por Pennsylvania. Fue quien insertó la frase “We the people” en la Constitución estadunidense. En 1811 se convirtió en senador.

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