El centro nocturno se ubica a sólo unos pasos del océano Pacífico y se ha convertido en un fenómeno
LONG BEACH, California.— No se sorprenda si un sábado va al Club Bounce y ve que toda la gente —excesivamente arreglada, de arriba abajo—, que se sacude en la pista de baile, es... más bien gordita.
Ese club nocturno, a un par de cuadras del océano Pacífico, con un ambiente agradable y música hip-hop atronadora, está orientado precisamente a los obesos.
Ofrece un verdadero refugio donde alguien no se siente mal si está pasado de kilos.
“¿Que si me siento inhibida? No, para nada”, dice entre risas Monique López, curvilínea mujer de 23 años que llega al local luciendo un vestido negro, bien ajustado, y tacones altos. “Me dije: muchacha, estás yendo al Club Bounce. Pónte tu vestido más corto’’.
“Si uno no tiene el cuerpo que consideran ideal y sale a bailar a esos sitios, lo miran de reojo. Pero aquí no. Aquí todos son aceptados’’, comentó Vanessa Gray, atractiva treintona, de Long Beach, que dice tener “algo más de carne en mis huesos’’ tras haber dado a luz tres hijos.
Ese tipo de lugares son un fenómeno relativamente nuevo. Hay un puñado de ellos en California, sobre todo en ciudades costeras, entre San Diego y San Francisco.
“Todo empezó en internet, con fiestas organizadas online’’, señaló Kathleen Divine, quien administra otro club para gente obesa, el Butterfly Lounge. Ahora se ve mucha más gente obesa en público, que no se esconde detrás de una computadora”.
Un portal para big beautiful women (expresión que alude a mujeres grandes y hermosas, bbwnetwork.com, auspicia una fiesta anual llamadaVegas Bash, y hay encuentros similares en ciudades que van desde Atlanta hasta Seattle.
No obstante, Lynn McAfe, del Consejo sobre Discriminación por Peso o Tamaño (Council on Size and Weight Discrimination), quisiera que hubiera más antros similares al Bounce.
“Es lindo tener un sitio donde una puede coquetear un poco y traer a una hermana o alguien que no sea gorda, para que estén en nuestro mundo por un rato’’, manifestó McAfe. “Para la gente que no es gorda, es una experiencia tremenda pasar un día en un mundo de obesos.”
Lisa Marie Garbo, rubia de 40 años a la que le encantan la ropa ajustada y escotada, dice que abrió el Bounce hace cinco años porque “estaba cansada de ser la única obesa en las discos”.
El lugar tiene capacidad para 400 personas y atrae igual cantidad de hombres que de mujeres, pero Garbo dice que tres de cada cuatro mujeres son obesas, mientras que sólo un cuarto de los hombres son gorditos.
Chad Koyanagi cuenta que comenzó a ir al club cuando era obeso y que ahora que tiene 22.5 kilos menos y ya no puede ser un big handsome man (hombre gordo y guapo), pero asiste al antro, donde tiene muchos amigos.
Hay quienes se preguntan si sitios como éste no terminan estimulando a la gente para que siga siendo obesa.
“No le decimos a la gente que suba de paso”, señala Garbo.
“Mi mensaje es que la gente viva sin importar su tamaño.”
La socióloga Karen Sternheimer dice que, si bien hay que combatir la obesidad, sitios como esos, donde los gordos se sienten a gusto, alimentan la autoestima y pueden estimular a la gente a hacer algo para bajar de peso.
“La gente se siente mal y eso no lo motiva a uno a bajar de peso”, expresó Sternheimer, autora del libro Connecting Social Problems and Popular Culture (Conectando los problemas sociales y la cultura popular).
Lo que sí motiva a las personas es una actitud positiva respecto a uno mismo y el deseo de cambiar su apariencia.
“Si algo te hace sentir mejor, entonces es algo positivo”, manifestó Sternheimer.




