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Aunque Obama sigue al frente de las preferencias electorales, los escándalos de la abanderada republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin, le han restado algunos puntos en las encuestas. Foto: AP
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08-Septiembre-2008

Dejan lo mejor para el final

Carmen Álvarez

Faltan 57 días para elegir al nuevo presidente de Estados Unidos y los equipos de campaña de ambos candidatos ya tienen listas sus mejores estrategias para afrontar la recta final que, al parecer, será de fotografía.

El partido de Barack Obama tiene centrado su poderío en asegurar los votos electorales de aquellos que históricamente no acuden a las urnas.

Lo republicanos por el contrario, le están apostando a los triunfos armamentistas y a la experiencia que tienen en el manejo de crisis internacionales.

“Fue muy buena estrategia de los republicanos presentar a Sarah Palin”, dijo Danny Solís, uno de los principales operadores de campaña de Barack Obama, al que conoce desde que ambos eran trabajadores comunitarios en el sur de Chicago.

Aunque reconoció que la prensa se concentró mucho en saber quién era Palin, pulverizando de ese modo algunos puntos porcentuales que Obama había ganado en las encuestas de intención de voto tras la Convención Nacional Demócrata, Solís no pareció demasiado preocupado por el fuerte impacto mediático de la inesperada compañera de fórmula del contrincante republicano John McCain.

“Estamos bastante confiados, pero no sobreconfiados. Creo que este año va a ser diferente, los demócratas tienen la ventaja porque en los últimos ocho años ha caído la economía, la guerra ha costado bastante y se ha deteriorado la imagen de Estados Unidos en mundo. Creo que podemos ganar”, dijo a Excélsior, vía telefónica desde Chicago.

El hermano mayor de Patti Solís Doyle, la ex jefa de campaña de Hillary Clinton quien ahora coordina el equipo del candidato a vicepresidente Joe Biden Jr., explicó que esa actitud obedece a que desde hace mucho tiempo ya sabían que la elección iba a estar muy apretada. Eso, dijo, no es ninguna novedad.

Recordó que desde que Jimmy Carter llegó a la Casa Blanca en 1977 con el 50.1 por ciento del voto popular y 297 votos electorales, ningún otro demócrata ha ido más allá. Ni siquiera Bill Clinton que sólo obtuvo el 49.2 por ciento del voto popular en 1996 pero arrasó con 379 votos electorales.

Incluso “hay la posibilidad de que McCain gane el voto popular y pierda la elección porque Barack se está concentrando en el voto electoral de cada estado. Esa meta necesita más dinero pero se está invirtiendo estratégicamente en ella porque el objetivo es ganar esos 270 votos que dan el triunfo”, adelantó.

Solís se refería al llamado voto indirecto de los 538 electores que en noviembre deberán decidir quién será el nuevo presidente de Estados Unidos. Esa peculiar modalidad electoral de Estados Unidos que hunde sus raíces en la Inglaterra de hace 400 años, en la que sólo votaban los gentiles, los que tenían solvencia económica, a nombre de la población en general.

Contienda en la que el Partido Demócrata lleva la ventaja tras haber recaudado 389 millones 423 mil 102 dólares, frente a los 174 millones 165 mil 949 dólares que ha captado su contrincante republicano John McCain para hacer frente a los días más decisivos de la campaña.

La desventaja que se hizo patente con la declaración que Jim Gilmore, candidato republicano a senador por Virginia, dio esta semana al periódico The Wall Street Journal cuando se le preguntó si había recibido apoyo del Comité Nacional Senatorial Republicano o de cualquier otra organización republicana para su campaña:

“No. Pero eso se debe a que no tienen nada de dinero. Simplemente no tienen”, dijo.

Como la sola ventaja en la recaudación de recursos no es suficiente para romper con la mala racha que han tenido los candidatos demócratas en las últimas dos elecciones generales, Solís, que formó parte del comité directivo de la campaña de Hillary, informó que en estos días cruciales va a tener que volver sobre sus propios pasos para rescatar a los simpatizantes de la senadora por Nueva York que no quieren votar por Obama tras la despiadada competencia por la nominación demócrata en las elecciones primarias. “Tenemos que convencer a todos los clintonianos de que tienen que votar por Barack, por la difícil situación económica, para defender sus programas de salud, de inmigración, de educación”, dijo.

En síntesis, se trata pues de conquistar a la gente que por lo regular no sale a votar, ir a los lugares donde hay mucho latino, ir hacia la gente que estuvo con Hillary en las elecciones primarias para así poder hacer la diferencia.

Sólo que esta vez Solís se apoya en la maquinaria electoral de Obama y en su ejército de voluntarios que están siendo coordinados en tiempo real a través de mensajes de texto por celular y de la campaña electoral por internet que ha recaudado una porción no mayoritaria pero sí considerable de esos 389 millones de dólares, además de organizar a grupos de simpatizantes para que pasen de la computadora al campo de acción.

Esta vez el reto será ir más allá de las grandes concentraciones urbanas como Nueva York, California y Chicago, donde la mayoría de la gente apoya a los demócratas para reunir a nuevos voluntarios capaces de penetrar en los municipios rurales más conservadores.

“Vamos allí donde el voto ha ido históricamente a los republicanos. Muchos municipios chicos de tres mil a 9 mil personas, donde la gente es más conservadora, defiende los valores familiares y se opone al matrimonio homosexual”, añadió el también concejal del 25 distrito de Chicago.

Solís, que tiene acceso directo a los estrategas de la campaña demócrata, empezando por el propio Barack con quien últimamente gravó varios comerciales de televisión, uno de ellos en la calle 18 de Chicago donde abundan los restaurantes de comida mexicana, explicó que esa maquinaria electoral está apuntando principalmente a los estados más peleados: Ohio y Pensilvania.

Aunque también a Florida, Colorado, Nevada y posiblemente a Nuevo México.

“Yo me voy a concentrar en Indiana, pero hay gente que va a ir a Michigan a Wisconsin. Yo por ejemplo, como mexicano, voy a concentraciones donde hay latinos que dicen ¿Para qué vale mi voto?, para decirles que no se desanimen. Voy a esos lugares donde el republicano históricamente ha ganado”, precisó.

Porque en su opinión es en el campo de acción y no en las encuestas por teléfono con líneas de tierra, donde se ganan las batallas.

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