LOS ÁNGELES.– En el pico de su gloria, Michael Jackson batió todos los récords de venta con un mensaje optimista: “negro o blanco, no importa”, en su tema de 1991 Black or White. Pero en su muerte, como en su vida, la realidad es menos rosa.
Las instituciones culturales del Estados Unidos negro –desde el Teatro Apollo hasta los premios BET en Los Ángeles, que honran a artistas y deportistas negros– todos expresaron su dolor tras su muerte.
Pero para algunos, en los barrios negros de Los Ángeles, Michael deja una herencia complicada: un estadunidense negro que hizo caer barreras raciales gracias a su fenomenal éxito, pero que se sentía mal en su propia piel.
El cantante decía que sufría de vitiligo, pero fue frecuentemente acusado de haber blanqueado su piel. Sin embargo, Michael Jackson siempre fue consciente de ser negro.
En 2002, acusó de racismo al dirigente de Sony Music, Tommy Mottola. Y en los últimos años simpatizó con Nation of Islam, una organización política y religiosa que defiende el orgullo negro.
Además, para muchos, Jackson fue el negro estadunidense más influyente hasta la llegada del presidente Obama.
“Es uno de los motivos por los cuales Obama es presidente”, dijo el ídolo del hip-hop Sean Diddy Combs.
“Comenzó a cambiar la forma en la cual son percibidos los negros en el mundo”, añadió Combs.
Michael Jackson “representa la posibilidad de trascender la noción de raza”, estima R. L’Heureux Lewis, profesor neoyorquino, experto en relaciones raciales.
Más allá de la polémica sobre el blanqueamiento de su piel, Lewis asegura que en su gran mayoría los negros lo apreciaban.
“Criticábamos a nuestro hermano, pero lo amábamos de verdad”, concluyó.




