La presentación del tenor español Plácido Domingo se convirtió en un momento histórico para el pueblo yucateco que abrazó al intérprete durante su concierto al pie de la pirámide de Kukulcán
CHICHÉN ITZÁ.– Al pie de una de las nuevas Maravillas Modernas, Plácido Domingo demostró que si acaso existiera una escala de voces maravillosas, la suya bien podría ocupar un sitio entre las siete mejores de la historia.
Desde el primer momento, el tenor español comprobó que, más allá de comparaciones con otros grandes de la ópera como Luciano Pavarotti o José Carreras, la suya es una voz educada, potente y capaz de conquistar al más reacio de los públicos, como sucedió durante su presentación en Chichén Itzá.
La pirámide Kukulcán, el Observatorio Maya, el Juego de Pelota y por supuesto, las Mil Columnas, actuaron como testigos, mudos e históricos, de un concierto que pronto alcanzará el nivel de legendario por la combinación de talentos ancestrales y actuales. Entre los asistentes destacó la presencia de la primera dama Margarita Zavala de Calderón, la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, así como la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota.
Como dato anecdótico, cabe destacar la frialdad de los cerca de cinco mil asistentes, quienes durante los primeros ocho temas pecaron de respetuosos, regalando sus aplausos a cuentagotas, quizá con cierto temor de romper el protocolo que mucha gente asocia de forma automática con la música clásica.
Pocos minutos después de las 20:30 horas, el Coro Monumental del Mayab, integrado por jóvenes, mujeres y niños, dieron comienzo al recital con tres piezas que daban a los espectadores un leve asomo de lo que vendría durante las tres horas siguientes que duró el concierto en el que la actriz Edith González fungió como conductora aunque lo hizo con poca suerte.
La primera aparición de Plácido Domingo sobre el escenario, en el que lo acompañaba la Orquesta Sinfónica de Yucatán bajo la batuta del maestro Eugene Kohn, no fue como muchos suponían para cantar, sino para que el tenor pidiera una disculpa pues el concierto debía detenerse un momento por la pertinaz lluvia que azotó la región desde poco antes de las 18:00 horas.
“Ya estamos listos para comenzar, pero por consideración con los instrumentos de los músicos tenemos que esperar unos minutos para ver si podemos llevar a cabo este concierto”, dijo Domingo ante el desconcierto de la gente que temía que el evento se pospusiera.
Sin embargo, un par de minutos después Domingo reapareció sobre el escenario para dar comienzo al recital con el tema O Souverain, de la ópera Le Cid, compuesta por Massenet.
Tras ella, fue el turno de la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, quien lució su voz con Aire des Bijoux, de la ópera Fausto, original de Gounod.
Cuando todo parecía retomar su cauce, nuevamente el tenor español se comunicó con los asistentes a las 21:25 horas.
“Me temo que no soy portador de buenas noticias, tenemos que esperar otro poco aunque tengo que decirles que es maravilloso y mágico estar aquí. Ojalá podamos hacer este concierto”, explicó el ibérico ante la incredulidad de la gente que desconfiaba en que la lluvia amainara.
A partir de ese momento, quizá los rezos hayan funcionado pues el cielo se despejó y los músicos pudieron descubrir sus instrumentos para que la aria Lamento di Federico, de la ópera L’Arlesiana, compuesta por Cilea, retumbara entre los ancestros mayas gracias a la poderosa voz de Domingo.
Así, Vissi D’Arte de la ópera Tosca vibró con la voz de la boricua Ana María, mientras Winterstürme, de La Valquiria escrita por Wagner correspondió al tenor.
La Obertura de Les Vepres Siciliennes de Verdi permitió el lucimiento sólo de la orquesta que esperó a que el tenor y la soprano regresaran para cantar juntos Giá nella notte densa, clásico de Otello, otra de las grandes obras de Verdi y que marcó el fin de la primera parte del concierto.
El reloj apenas marcaba las 22:25 horas cuando sobre el escenario apareció la pequeña figura del más grande compositor yucateco, Armando Manzanero, quien visiblemente emocionado, daba las gracias por la oportunidad de presentarse ante su gente con quienes comparte su herencia maya.
Somos novios, con él al piano y cantándola, fue el comienzo del despertar de la gente que pareció recordar que un concierto se trata de vibrar con la música y dejarse llevar.
Así pues, cuando Mía se escuchó en las teclas del piano de Manzanero y la voz de Domingo la redimensionó aquellos que se habían mostrado cohibidos decidieron festejar la unión de talentos con sonoros aplausos.
Pero fue con Adoro cuando Manzanero conquistó por completo a la gente al cantar las primeras estrofas de su famoso tema en maya, como lo enseñó su abuelita, dijo. Cuando su voz se fundió con la del tenor, el espectáculo había, por fin, comenzado.
A partir de ese momento, el ambiente cambió. Quizá fueron las zarzuelas que tanto Domingo como Ana María interpretaron, entre ellas De España vengo, de El Niño Judío; Ya mis horas felices, de La del Soto del Parral; y En mi tierra extremeña, de Luisa Fernanda.
Los ánimos subían de intensidad hasta que el programa distribuido entre los asistentes señaló que todo había terminado y algunas personas comenzaron a retirarse.
Para ese momento, el director de orquesta Eugene Kohn, el tenor Plácido Domingo, la soprano Ana María Martínez y el compositor Armando Manzanero salieron al escenario y agradecieron a la gente, pero aquella despedida fue momentánea, pues unos cuantos minutos después el tenor y la soprano interpretaron a dueto Tonight, de West Side Store, ante la alegría de la gente que regresó a sus asientos.
Poco después, y como si de complacencias se tratara, Domingo interpretó Peregrina, original de Palmerín, mientras que junto con Ana María cantó Golondrinas yucatecas. El reloj marcaba las 23:20 horas, mientras en la ciudad sagrada de Chichén Itzá resonaban las bocinas con Te quiero dijiste, de María Grever, interpretada por la soprano boricua.
La primicia de la velada fue la canción Lunas de plata en Chichén Itzá, escrita por Lorena Tassinari, y que fue interpretada por primera vez la noche del sábado.
Con Granada y Estrellita parecía que ahora sí, los cantantes se despedirían y entonces muchas butacas lucieron vacías.
Aquellos que decidieron partir cuando las manecillas señalaban las 23:45 horas seguramente se habrán arrepentido pues sobre el escenario 13 elementos del Mariachi Águila hacían su aparición.
Con ellos apareció Plácido, vestido con un traje de charro negro. El Son de la negra y Paloma querida convirtieron aquéllo en un coro multitudinario, pero fue con Ella y El Rey, de José Alfredo Jiménez, con los temas que la gente enloqueció, pues los sabe suyos, aunque permitió la adopción temporal que hiciera Plácido Domingo.
Justo cuando la medianoche llegó también lo hizo Walz Duo, de la opereta La viuda alegre, tema con el que Domingo y Ana María se despidieron de su gente, aquella que los adoptó como suyos.
1.- Obertura Damnation de Faust Berlioz
2.- O Souverain Le Cid Massenet
3.- Aire des Bijoux Ópera Fausto Gounod
4.- Lamento di Federico L’Arlesiana Cilea
5.- Vissi D’Arte Tosca Puccini
6.- Winterstürme Die Walküre Wagner
7.- Obertura Les Vepres Siciliennes Verdi
8.- Giá Nella Notte Densa Otello Verdi
INTERMEDIO
1.-Homenaje a
2.- De España
3.- En mi tierra
4.- Intermedio Bodas de
5.- Amor vida
6.- Las carceleras Las Hijas
7.- No puede ser La Tabernera
8.- Tonight West Side Store
9.- Peregrina Ricardo Palmerín
10.- Golondrinas Yucatecas Ricardo Palmerín
11.- Te quiero dijiste María Grever
12.- Lunas de plata
13.- Granada Agustín Lara
14.- Estrellita Manuel M. Ponce
15.- El son de la negra
16.- Paloma Querida José Alfredo Jiménez
17.- Ella José Alfredo Jiménez
18.- El Rey José Alfredo Jiménez
19.- Walz Duo




