Después de cuatro años sin disco nuevo, la cantante regresa con Flavors of entanglement, un viaje por sus sentimientos
COLONIA.- Hubo un tiempo en que ni los “machos alpha” del mundo del espectáculo se salvaban de su ira. Desde que Alanis Morissette irrumpió en 1995 con el álbum Jagged little pill, esta canadiense radicada en Los Ángeles ha cultivado con mucho esfuerzo y creatividad su imagen de feminista con buen humor.
Con más de un ex novio, la cantante, de 33 años, ajustó cuentas en sus canciones, en forma de terapia en CD.
Sin embargo, la diva de lengua afilada parece haber reelaborado la mayor parte de su ira y haber pactado la paz con los hombres. Su nuevo disco, Flavors of entanglement, que sale a la venta a escala internacional el 2 de junio y en EU el 10, tiene un carácter más reposado.
A nivel musical, la sólida mezcla de rock y pop (co-desarrollada por el productor de Björk, Guy Sigsworth) ofrece una alegría suave y melodías de noches de verano melancólicas. Los textos reflejan una mayor tranquilidad. La artista, antes provocadora, es ahora reflexiva y reservada: los temas siguen siendo serios, pero menos arrebatados.
“Este álbum me ayudó en momentos difíciles y cada canción fue como una balsa salvadora para mí”, asegura Alanis. Más que un striptease desgarrado del alma, se trata de un encontrarse a sí misma de forma sensata.
Con más intensidad que en So-called chaos (2004) surgen la calidez emocional y la reflexión silenciosa, frente a las palabras ásperas del pasado.
El viaje de 46 minutos por los sentimientos de Morissette comienza con Citizen of the planet. Alanis describe su vida entre diferentes culturas en un tema estilo world music con percusión del lejano oriente y guitarras eléctricas.
En algunos casos, la artista sigue mostrándose abierta a la experimentación como en Supposed former infatuation junkie (1998). Los fans podrán oír estructuras más allá del esquema normal de estrofa y refrán, y ritmos llenos de efecto.
En el sencillo Underneath, Morissette compara una pelea entre una pareja con conflictos políticos. “Nosotros vemos la gran guerra afuera, el álbum muestra la guerra en el living”, comenta.
Al otro extremo de la línea de estilo se ubican Versions of violence o Straitjacket. A ellas se suman la balada con piano Not as we, y Tapes, una cruda autocrítica en la que afirma: “I am someone easy to leave” (soy fácil de dejar) y “someone help me find the pause button” (que alguien me ayude a encontrar el botón de pausa).




