Función
El director se mostró muy emocionado durante la lecion du cinema, en la edición 61 del Festival de Cannes. Foto: Salvador Franco. Foto: Salvador Franco
¿Qué te pareció esta noticia?
Califícala

  • Comparte
     

23-Mayo-2008

La genialidad de Tarantino en Cannes 2008

Salvador Franco Reyesenviado

Durante la master class del festival, el cineasta compartió algunos de sus secretos, dio sus mejores consejos y recordó anécdotas de Tiempos Violentos, cinta con la que ganó la “fucking Palm d’Or”, en 1994

CANNES.- ¿Se pueden imaginar tener de maestro a Quentitn Tarantino? Pues eso fue en lo que se convirtió el realizador durante dos horas en el 61 Festival de Cannes, donde ofreció un master class, en el que recorrió toda su obra y dio más de un consejo a los futuros cineastas del mundo.

El director de Tiempos violentos fue recibido como todo un rockstar en la sala Debussy del certamen galo con una enorme ovación, que duró todo el recorrido, desde el fondo de la sala hasta el escenario, donde un moderador lo esperaba para comenzar la discusión y el desentrañamiento de las experiencias de su vida que lo han llevado a ser uno de los directores de culto del panorama fílmico actual.

Pero, una vez instalado en el entarimado, sentado en un confortable sillón y debajo de una pantalla sobre la que se transmitirían algunas de sus secuencias más exquisitas, Tarantino también habló de sus propios rockstars al señalar a Brian de Palma, Darío Argento, Mario Bava, Sam Pekimpah, Sergio Leone, Martin Scorsese y Howard Hawks, como los cineastas que lo formaron.

“Ellos fueron mi influencia, sus películas me impresionaron muchísimo y contribuyeron de manera fundamental a crear la estética que tengo”, dijo un divertido Tarantino, quien se mostró emocionado por rascar en su pasado y compartir los momentos fundamentales de su filmografía.

Uno de esos momentos básicos de su formación, explicó, fue cuando dejó la secundaria y trabajó durante cinco años en un videoclub en Manhattan Beach.

“Fue donde tuve acceso a todas las grandes películas y donde tuve un crecimiento definitivo en mi carrera. Me la pasaba viendo todas las cintas del mundo y comencé a aprender y a descubrir directores. Lo que sucedió es que cuando veía una película que me gustaba, por ejemplo, de Eric Rohmer, me adentraba en toda su filmografía, veía su obra completa, entonces notaba una evolución o un cambio. Revisar la vida de los directores es una costumbre que aún conservo”, explicó Quentin, de casi dos metros de estatura y voz infantil.

Otro momento básico en la vida de Tarantino fue cuando se inscribió –no sabe por qué– a clases de actuación en Los Ángeles, algo que le sirvió no sólo para realizar sus propias interpretaciones en cintas como Perros de reserva, sino para conocer “el otro lado” dentro de un set de cine.

“Durante seis años estudié actuación y es algo que recomiendo muchísimo a todos los que quieren dirigir o escribir sobre el cine. Les recomiendo que se inscriban a clases de actuación, porque ese es el primer paso para ser un gran director”, dijo el realizador de Kill Bill.

Y es que fue precisamente en esas clases cuando comenzó a escribir sus propias escenas, con unos diálogos tan poderosos y divertidos, que rápidamente llamaron la atención de sus compañeros y sus maestros.

“Ellos me decían que lo que escribía era genial, pero yo sólo recordaba diálogos de películas, les daba un toque y montaba a personajes que no paraban de hablar. Pero descubrí que cuando escribes un personaje y sabes lo que es la actuación, te ves a ti mismo y puedes pensar como actor y director.

“Ahí también aprendí a dialogar con la cámara, aprendí su vocabulario y las limitaciones del encuadre, todas esas cosas que escapan al encuadre de un director y que también dicen cosas”.

En un momento del master class o lecion du cinema, como la llamó el Festival de Cannes, Tarantino también recordó que por aquellos tiempos su vida económica era “deprimente”, situación que aprovechó para aprender todo lo posible y atreverse a la mayor “tontería” de la que tiene memoria: filmar un cortometraje y luego preparar su primer largometraje.

“Intentar hacer una película, y no hablo de un corto, sino de un largometraje, sin un solo dólar en la bolsa, es la mejor escuela de cine que nadie puede tener. No sirven de nada ni las escuelas, ni todo lo que estudies si no te paras en un set y diriges una historia. Esas son cosas que no puedes comprar, así que tienes que aprenderlas”, agregó Tarantino en el momento más solemne de la velada y donde la audiencia entendió el mensaje que esa noche les compartía el realizador.

Luego, su vida sufrió una serie de afortunadas coincidencias que lo llevaron de voluntario al Festival de Cine de Sundance, en Utah, mismo al que regresó unos años después para presentar Perros de reserva.

“Recuerdo perfectamente que después de filmar una secuencia de esa película, mis actores estaban enojadísimos porque fue una muy larga, porque a mí me gustan ese tipo de secuencias, porque estaba experimentando. Entonces todo el mundo opinaba sobre esa idea y yo empecé a deprimirme. Pero en Sundance me encontré con Terry Gilliam y me djo: ‘ah, tu eres el pequeño genio con esa secuencia fantástica en Perros de reserva’ y pensé: eso va a ser mi vida de ahora en adelante: unos me van a odiar y otros no”, dijo el cineasta casi saltando de su silla, mientras el auditorio aplaudía frenético.

Fue entonces cuando las luces de la sala se apagaron y corrió la secuencia inicial de Perros de reserva, a la que le siguió otra en la que Tim Roth se desangra dentro de un auto sin que Harvey Keitel pueda o quiera hacer algo por ayudarlo.

En la velada, no podía faltar el diálogo rebuscado fino y divertido entre John Travolta (a quien revivió para el cine) y Samuel L. Jackson alrededor de una hamburguesa en Tiempos violentos.

“Lo primero que hice cuando obtuve un poco de dinero con Perros de reserva fue viajar a Europa. Me moría por hacerlo, pero antes no tenía dinero para lograrlo, así es que cuando vine por primera vez escribí esa secuencia sobre la comida rápida y la cultura pop, era un chiste que contaba a mis amigos a mi regreso, pero que encajó perfecto en Tiempos violentos cuando sucede un asesinato.

“Mi filmografía está llena de ese tipo de secuencias que son humorísticas y tensas a la vez, con una tensión que va subiendo hasta a veces explotar”.

Esa genialidad vertida en Tiempos violentos y ahora llamada tarantinesca, lo trajo precisamente al Festival de Cannes en 1994, donde se alzó con la “fucking Palm d’Or”.

Después vinieron la desafortunada Jackie Brown, las dos de partes de Kill Bill y su más reciente trabajo: Prueba de muerte, con la que hace un año participó de nuevo en Cannes, un festival que ayer lo eligió como un hijo pródigo y, al mismo tiempo, como su enfant terrible predilecto.

1 de 3
Páginas
 
ENVÍA TUS COMENTARIOS

Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a tus los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN

Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.

Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.

Nombre:
Comentarios:
Filtrar
Loading...