En la conferencia sobre el cambio climático que se celebra en Bali (Indonesia) se distribuyó ayer el primer borrador de las negociaciones sobre el nuevo acuerdo mundial para prevenir el cambio climático en el que se establecen objetivos concretos de reducción de emisiones.
Según el documento confidencial se señala expresamente la necesidad de que los países industrializados reduzcan sus emisiones antes de 2020 en entre 25 y 40 por ciento, por debajo del nivel de 1990.
Acerca del mandato de negociaciones se tomará una decisión el próximo viernes. Para ello, los ministros de medio ambiente de casi 190 naciones viajarán a Bali. Hasta entonces seguramente se harán varias modificaciones en el borrador. Las negociaciones durarán hasta 2009.
Hasta la fecha parece que sobre todo Estados Unidos, Canadá y Australia se resisten a aceptar la reducción de entre 25 y 40 por ciento de los perjudiciales gases de efecto invernadero. Pero si esta demanda se incluye en el documento final, entonces las organizaciones defensoras del medio ambiente lo considerarían todo un éxito.
Desde la organización ecologista Greenpeace se ha señalado que en Bali no sirve aplazar las negociaciones, sino que hay que abordar lo sustancial del tema desde el principio.
Sin embargo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero requerirá la inversión de miles de millones de dólares, anunció ayer un alto funcionario de la ONU en la isla de Bali, donde se negocian desde el lunes las bases de un acuerdo climático que suceda al Protocolo de Kyoto, vigente hasta 2012.
Para reducir de forma drástica las emisiones y poder prevenir así las peores consecuencias del calentamiento global, la inversión debe aumentar anualmente hasta alcanzar unos 200 mil millones de dólares en 2030, aseguró Yvo de Boer, el secretario ejecutivo de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático.
“Suena a mucho, pero si se observan las cifras del Producto Interior Bruto (PIB) global no lo es”, sostuvo: la inversión requerida representa entre 0.3 y 0.5 por ciento del PIB en 2030.
El sector privado debería aportar cuatro quintas partes de estas sumas, detalló De Boer. Según el secretario, un tercio del capital correspondería al desarrollo de energías renovables y al almacenamiento de dióxido de carbono: “Las inversiones deberían apuntar a materias que hasta ahora no han tocado”.
La postura de De Boer, sin embargo, chocó contra el escepticismo de otros grupos que denuncian que la reducción de emisiones es un modo ineficaz de luchar contra el cambio climático.
La International Policy Network (IPN), que financia organizaciones que promueven soluciones de mercado para cuestiones de política internacional, acusó de alarmistas a científicos, políticos y ambientalistas que están llamando la atención sobre los riesgos del cambio climático.
En un informe que recopila investigaciones de 41 sociedades civiles, IPN asegura que, si bien el calentamiento global es real, “el debate se ha visto distorsionado por alarmistas que anuncian que, si no se toman medidas urgentes y drásticas, el cambio climático diezmará la humanidad”.
Según la visión de la IPN, la percepción del número de catástrofes naturales aumentó el siglo pasado no por el cambio climático, sino por el aumento de la población mundial y porque se informa más sobre cada incidente.
Además, el número de víctimas de desastres naturales viene cayendo sensiblemente desde 1920, y es previsible que el crecimiento económico y la prosperidad aumenten esa tendencia, sostiene IPN.



