Aún no hay señales de cuándo comenzará a mejorar la situación económica estadunidense y del mundo como consecuencia de la crisis de las hipotecas subprime, según especialistas
SEGUNDA DE TRES PARTES
El primer banco en caer como consecuencia de la crisis hipotecaria de alto riesgo en Estados Unidos fue el emblemático Citigroup, el grupo financiero más grande del mundo.
Al mismo tiempo, los Fondos Soberanos, es decir, aquellos creados por Estados con recursos procedentes del superávit en sus cuentas (principalmente del petróleo y del gas) como son los Fondos de los Emiratos Árabes, comienzan a comprar participaciones importantes en la banca estadunidense para sacarla del lío en el que se metió.
Así, el 27 de noviembre de 2007, el fondo ADIA (Abu Dhabi Investment Authority) de los Emiratos Árabes Unidos adquirió 4.9 por ciento de Citigroup, por la cantidad de siete mil 500 millones de dólares, recursos destinados para salvarlo de un problema financiero de enormes proporciones. Con esa acción el gobierno estadunidense no tuvo que rescatar al grupo.
Días antes del suceso, Charles Prince renunció al cargo de presidente y Chief Executive Officer (CEO) de Citi y fue sustituido por Vikram Pandit.
La posición de Prince se vio debilitada luego de que la institución anunciara una caída en sus utilidades trimestrales de 57 por ciento.
Casi un año antes, en febrero de 2007 el periódico The Wall Street Journal ya advertía en un editorial sobre el peligro de las hipotecas subprime.
En mayo de 2007 los grandes bancos de inversión, como Lehman Brothers, el cuarto banco más grande de la Unión Americana, inician el retiro de sus inversiones hipotecarias. Es demasiado tarde, pues varias instituciones comienzan a mostrar graves señales de desgaste financiero.
En marzo de 2008 la prensa estadunidense dio cuenta de que otro banco de inversión, JPMorgan, adquiría a su rival, Bear Stearns, por 236 millones de dólares, como resultado de la crisis hipotecaria: sus acciones cayeron 90 por ciento.
Con la compra y la inyección de recursos por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Bear Stearns se salvaba de la bancarrota.
El presidente George W. Bush, en ese entonces, expresó su confianza por el éxito de las recientes medidas de la Fed al bajar de manera importante las tasas de interés y por la inyección de cerca de 200 mil millones de dólares a los bancos emproblemados por la crisis.
En julio de 2008 el gobierno tuvo que rescatar a las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. Bajo la adquisición dirigida por el Departamento del Tesoro, Washington tomó una gran participación en ambas compañías y garantizó sus deudas corporativas. El rescate costó cerca de 200 mil millones de dólares.
Tres meses después se colapsó el segundo banco de inversión, Lehman Brothers, el cual no corrió con la misma suerte de su competidor Bear Stearns y al no ser rescatado por las autoridades, se declaró en quiebra.
En septiembre, mes cuando más entidades financieras se fueron a la ruina, la Fed anunció un plan para prestar 85 mil millones de dólares a la aseguradora American International Group (AIG), a cambio de una participación de 80 por ciento de la firma.
Luego del escándalo de Lehman y de AIG, el gobierno de Bush reaccionó al anunciar un millonario paquete de rescate para apuntalar al sistema financiero y evitar un efecto dominó.
El Tesoro propuso capitalizar a los bancos con 700 mil millones de dólares. El paquete no es aprobado por el Congreso, sino dos semanas después de haber sido enviado.
Con todos estos acontecimientos, a la industria bancaria estadunidense le fue otorgada una nota negativa por la calificadora de riesgos Moody’s, debido a la cercana recesión de la Unión Americana.
De hecho Moody’s redujo la calificación a 25 bancos ligados a hipotecas debido, principalmente, a la baja calidad de los portafolios en tiempos de crisis económica.
En entrevista telefónica, Craig Emrick, Vice President Senior and Credit Officer en Moody’s Nueva York, comentó a Excélsior que lo sucedido con Lehman Brothers y otros grandes bancos de inversión se debió principalmente a la alta concentración de sus carteras en el sector hipotecario.
En este sentido, aunque es menor el deterioro de la cartera de créditos automotrices y de consumo, los bancos estadunidenses están incrementando sus reservas para evitar las pérdidas, advirtió.
En lo que resta del año, prevé el directivo de Mody’s, seguirán sucediendo pérdidas considerables en las utilidades por parte de más instituciones financieras estadunidenses, sobre todo en aquellas involucradas de manera directa con el mercado de hipotecas en la región de California.
Cayeron otros dos bancos grandes, el Washington Mutual y Wachovia Bank. Éste último fue adquirido por Wells Fargo, después de que Citigroup había mostrado interés en su compra.
Emrick dijo que los efectos de esta situación negativa se seguirán sintiendo durante lo que resta del año y a lo largo de 2009.
“Es difícil predecir cuándo la situación económica adversa en Estados Unidos comenzará a mejorar. Lo más probable es que no veamos una recuperación en los precios de las viviendas el año próximo, sino tal vez hacia finales del segundo semestre.”
Para el especialista, la recuperación será lenta y comenzará a vislumbrarse a partir del segundo semestre de 2009 y durante el primero de 2010.
A decir de Emrick, la crisis económica se empieza a sentir en otros segmentos de la economía, ejemplo de ello es el sector automotriz, donde las grandes compañías están vendiendo menos automóviles que el pasado, incluso se habla de fusiones.
Cuando comienzan a caer los bancos, no sólo en EU sino también en Europa, los mercados bursátiles de todo el mundo viven semanas de inestabilidad y de volatilidad no vistas por décadas.
Omar Taboada, director de Análisis Técnico en Accival Casa de Bolsa, indicó que la extrema volatilidad de los mercados ha dejado de manifiesto que la principal potencia industrial del mundo se encuentra en medio de una difícil y prolongada recesión, puesto que los mercados se han desplomando a pesar del paquete de rescate bancario, aprobado hace un par de semanas en Washington.
EU, explicó, vive un credit crunch, donde los bancos no tendrán recursos para seguir otorgando créditos, pues su capacidad de liquidez es y será limitada. “Eso frenará aún más el consumo y la economía”.
Comentó que la caída de los mercados se debió, fundamentalmente, al temor de los inversionistas. “Nadie quiere comprar, aunque las acciones estén muy baratas”.
Por lo menos durante todo octubre seguirá la volatilidad —anotó— porque Europa ya comienza a tener serios problemas, aunado al temor de contagio en otras latitudes, sobre todo en Asia.
Para Juan Musi, director de Banca Patrimonial en Prudential Bank México, aunque esta semana los mercados amanecieron al alza no se pueden “echar campanas al vuelo”, ya que la confianza regresó aunque sea al corto plazo. La volatilidad no ha acabado.
De hecho, algunos grupos financieros tendrán problemas en corto plazo, semanas y meses; además el sistema financiero se reconformará. De hecho ya sucede pues los bancos de inversión decidieron pedir autorización para cambiar su figura a banca comercial.
Carlos Ponce, director de Estrategia de Inversión en Grupo Financiero Ixe, observó que además de la volatilidad en los mercados aún hay preocupación en otros indicadores económicos, como la posibilidad de mayor desempleo, así como menor crédito. La volatilidad seguirá causando problemas en los resultados de las compañías.
Lyle E. Gramley, el principal asesor económico de Stanford Washington Research Group y asesor en materia económica del presidente estadunidense James E. Carter en 1977, señaló que es difícil predecir la duración de la actual recesión de la economía norteamericana, pero “lo que sí está claro es que no se ve el final del camino. Todavía pasarán cosas negativas antes de comenzar a ver la salida”.
Gramley aplaudió los esfuerzos realizados por la Fed y otros bancos centrales del mundo para reactivar el mercado interno estadunidense y detener a toda costa su declive.
“Si la Fed no hubiera reaccionado como lo ha hecho en los últimos meses, inyectándole recursos a la economía, estaríamos en una situación terrible, mucho más profunda”, sentenció el entrevistado.
A Gramley también le preocupan los altos niveles de desempleo en la Unión Americana. Al respecto comentó que mientras en el primer trimestre de 2007 el desempleo se ubicó en 4.5 por ciento, hoy está en niveles cercanos a cinco por ciento.
Pronosticó que para finales de 2009 el desempleo se agravará hasta alcanzar 5.5 por ciento.
“Al bajar el empleo hay baja en los niveles de consumo y las empresas reducen sus inventarios, dejan de producir y despiden a trabajadores. Es un círculo vicioso que empeorará.”
Pablo Galván, director del Centro de Negocios del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), comentó que la actual se trata de una crisis de confianza sistémica.
“Es como un juego de póker en el que ya nadie cree en el juego de nadie, pues en tiradas anteriores nos hemos estado mintiendo. Del mismo modo, los intermediarios financieros estaban blofeando y tuvieron que reconocer que les estaba yendo peor de lo que esperaban, pues pensaron que la suerte les iba a cambiar y no fue así: los horizontes no cambiaron, la gente no pagó y los incumplimientos se desataron y todo se contagió.”
En su opinión, los bancos, al reconocer esas pérdidas, restringen su capital, así como el crédito. Al haber menos financiamiento, las empresas deberán pagar tasas elevadas y cancelar, diferir o desacelerar el ritmo de ejecución de proyectos o iniciativas.
Sobre la población, los otorgantes de créditos hipotecarios, de consumo, de autos y de tarjetas de crédito serán más renuentes y exigentes ante un mercado exprimido.




