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28-Agosto-2008

Educa a los niños en materia de seguridad

Adina Chelminsky

En un entorno en donde la violencia social está creciendo, es importante dialogar claramente con los niños, y enseñarles cómo protegerse

Voy en el coche con mis hijos, y estamos atorados en el tráfico. Oímos la radio, ellos cantan felices. Empieza una cápsula informativa, la primera noticia es sobre Fernando Martí. Salto del asiento del conductor y cambio apresuradamente de estación. Oídos que no oyen, quiero asumir, corazón que no siente.

“Mamá, me dice mi hijo de nueve años: no tienes porque cambiarle al radio, ya sabemos lo que pasó. ¿Crees que a mí también me pueda pasar?”

Veo por el espejo retrovisor, y tiene lágrimas en los ojos. Se me rompe el corazón al pensar en que mis hijos han estado masticando esta noticia sin decirme nada.

Si los adultos estamos conmocionados y aturdidos por lo que pasa en el país, no me puedo imaginar lo que nuestros niños, que viven en un mundo en donde el acceso a la información es total, instantáneo e incensurable, oyen y comprenden. O, a lo mejor, no comprenden.

La inseguridad amenaza cada vez más a nuestros niños. A algunos les ha pegado de manera directa, porque ellos o alguien cercano han sufrido algún evento, y a todos, porque sufren del efecto “ambiental”: perciben el estado de alerta en el que vivimos los adultos y lo asimilan a su pequeño mundo.

Los miedos que esta tensión les ocasiona se hacen evidentes de manera cada vez más frecuente, y en niños cada vez más chicos: pesadillas, ansiedad, dudas sobre si los policías son buenos o malos, sobre si pueden ellos ser víctimas de un asalto.

En otras ocasiones, nervios cuando caminan por la calle (si es que no se los hemos ya prohibido), manitas sudorosas que nos aprietan cuando ven a una persona que les parece “mala”. Emociones que van mucho más allá de lo que un niño puede o debe manejar solo.

Dentro de todas las discusiones recientes sobre el tema de la inseguridad, poco se ha hablado de cómo abordar este tema con los niños y adolescentes. ¿Qué decirles? ¿Hasta a donde ahondar? ¿Cómo darles las armas para que crezcan tranquilos y seguros a la vez?

La inseguridad que respiran los niños no es el resultado de casos particulares (aunque estos eventos indudablemente la exacerban), sino por las señales diarias que llevan recibiendo por años y que cada vez son más enervantes.

El diálogo entre padres e hijos en este tema es difícil pero fundamental. Obviamente el tono y los pormenores de la plática dependen de la edad de tus hijos y de las circunstancias particulares de tu familia, pero estos son algunos buenos puntos de partida:

1. El objetivo principal en todas las conversaciones que tengas con tus hijos sobre la inseguridad es encontrar el punto medio entre la tranquilidad y la conciencia. Sería irreal, incluso peligroso, negar lo que está pasando, pero de nada sirve crear en casa un ambiente de tensión que los angustie aun más.

2. Abre las puertas al diálogo. El simple hecho de que tengan un momento para desahogar su angustia, hacer preguntas y poder corregir la desinformación que manejan, es muy importante. Empieza por preguntarles que sienten o han oído sobre lo que está pasando.

3. No minimices lo que sienten. No utilices frases como “no pasa nada” o “están exagerando”. Valida lo que sienten y, si tienen información equivocada, simplemente corrígela. Evita usar frases como “en mi época las cosas eran taaaaan diferentes”. No solucionan nada y te hacen parecer ajeno a lo que ellos están viviendo.

4. Enfatiza que tú, el adulto, eres el responsable de su seguridad y que estás en control de la situación. Aun cuando tú también estés estresado, evita contagiarlo. Procura que las pláticas entre adultos, en donde se toque el tema, sean en un lugar en donde los niños realmente no escuchen.

5. Sé frontal, pero dosifica los detalles según la edad. Si tienes hijos de diferentes edades, contesta las dudas particulares de los adolescentes con más detalle, pero separándolos de sus hermanos menores. Recuerda que los niños, sobre todo los chicos, tienden a repetir las mismas preguntas varias veces, contéstales siempre lo mismo sin exasperarte.

6. Elige bien los medios a los que tienen acceso. No puedes aislarlos de las noticias pero sí puedes evitar que las obtengan de medios poco serios o que enfoquen los aspectos más amarillistas. Restringe también las pláticas que tengan con adultos que sean particularmente negativos en sus comentarios.

7. No mientas ni hagas promesas incumplibles. A todos nos gustaría acabar las conversaciones con un “te juro que a nosotros nunca nos va a suceder”, pero eso es irreal. Lo que sí puedes hacer es matizar las respuestas: “hacemos todo lo posible para cuidarnos y evitar que algo nos suceda.”

8. Explica a tus hijos los pasos concretos que ellos pueden tomar para prevenir un asalto, secuestro u otro incidente. El sentirse involucrados en la solución les permite estar más en control de su propia vida (lee el recuadro siguiente para tener algunos consejos).

9. Forma grupos en la escuela o en los centros comunitarios, para que los niños de la misma edad puedan hablar de este tema con personas profesionales y expertas en el tema. Incluso, si lo crees conveniente, asesórate de manera particular con un terapeuta.

10. La fe y la confianza en Dios o en un poder que vaya más allá de lo mundano (seas de la religión que seas) es, para muchos niños, muy importante en estas situaciones. Sin embargo, procura no “dejar todo en sus manos”, enfatiza que tenemos nosotros la responsabilidad de ayudarlo y actuar desde la tierra.

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