¿Son inevitables las crisis en los mercados financieros? Para saberlo no hay que analizar números, hay que echarle un vistazo a la historia
La actual crisis financiera tiene un sabor conocido. Las caras de angustia, los dedos apuntando para encontrar un culpable, los mercados erráticos, y los analistas y expertos rascándose la cabeza mientras limpian sus escritorios. Deja Vu.
Esta crisis, por más monumental y única que parezca (¿cuándo antes habíamos oído de credit-default swaps?) es historia vieja para el mundo. Desde que existen mercados financieros han habido crisis que son tan similares que, salvo por ciertos detalles, podrían ser copias una de la otra.
Vez tras vez tras los mercados financieros pasan de la euforia a la tragedia, como el dipsómano reincidente que pasa de la borrachera a la cruda una y otra vez…pero aquí el dolor de cabeza no se soluciona con una aspirina, cuesta miles de millones de dólares y cimbra la esencia del mundo.
Ámsterdam, circa siglo XVII. Desde que los otomanos introdujeron los tulipanes a Europa, éstos se convirtieron en una flor extremadamente deseada, sobre todo en Holanda. Tal era la sensación que el tulipán dejó de ser un artículo de adorno y se convirtió en un bien financiero. Cada color de flor tenía un valor determinado.
Dado que era imposible saber qué tipo de tulipán florecería de cada semilla, en el invierno de 1636 se creó en Ámsterdam un mercado donde se compraban y vendían futuros especulando sobre el color de la flor que nacería de cada bulbo la siguiente primavera.
La gente empezó a vender e hipotecar joyas, casas y herramientas de trabajo para poder comprar y vender futuros de tulipanes y ser partícipe de las ganancias que prometía este esquema. Los precios se dispararon: una sola flor del tulipán “Viceroy” alcanzaba el precio de cuatro bueyes de arado o 12 ovejas (esto en una sociedad agrícola).
Al acercarse la primavera, entró la prudencia (al fin de cuentas, como hubiera dicho Gertrude Stein, una flor por cualquier otro precio es sólo una flor) y se esfumaron los compradores. Los precios se desplomaron. Tratando de minimizar las pérdidas, el gobierno acordó saldar los contratos de futuros al 3.5 por ciento de su valor. Inició una terrible crisis de la que la economía holandesa tardó más de 20 años en recuperarse.
—¿Suena ridículo?
¿Una locura por la falta de plomería y penicilina? Veamos el segundo caso…
Silicon Valley. Circa 2001. En la década de los ochenta el internet empezó a popularizarse, se pensaba que era el único camino del futuro. La afición trascendió el aspecto tecnológico e inundó al mercado financiero.
Nacieron cientos de nuevas empresas punto com; dado que era imposible saber cuáles de estos start-ups serían realmente viables, todos atraían una gran cantidad de financiamiento. “Todo mundo” quería ser partícipe de las ganancias que prometía este mercado. De 1995 a 2000, el índice Nasdaq aumentó 572 por ciento sin que las empresas que respaldaban las acciones tuvieran utilidades. Se creó una nueva generación de veinteañeros multimillonarios.
A inicios del año 2000 entró la prudencia (al fin de cuentas no todas las buenas ideas on-line son viables en cold hard cash). El Nasdaq perdió tres cuartas partes de su valor, más del 80 por ciento de los startups de internet quebraron. Inició una terrible crisis económica, los multimillonarios tuvieron que regresar a vivir a casa con sus padres.
—¿Fue la locura tecnológica?
Somos mucho más inteligentes. Veamos lo que está pasando hoy…
Wall Street, circa 2008. A fines de la década de los noventa se dio en Estados Unidos una trifecta de condiciones: bajos intereses, crecimiento económico y un tremendo auge en el sector hipotecario.
La popularidad de los créditos hipotecarios (muchos de ellos “chatarra”) trascendió el mercado de construcción y los productos financieros tradicionales.
Se empezaron a diseñar productos financieros derivados, muchos de ellos inentendibles, destinados a sacar el máximo provecho (léase hasta el último centavo) de la locura inmobiliaria. Aseguradoras, fondos de inversión, fondos de cobertura… Todos querían participar en el mercado. Se creó una nueva generación de genios financieros multimillonarios.
Empezó a entrar la prudencia en el mercado. Fue una prudencia obligada después de que ante meses de señales del estado del sector inmobiliario el gobierno norteamericano tomó control de Freddie Mac y Fannie Mae.
En menos de una semana el Dow Jones se desplomó y los mercados mundiales de la mano. Merrill Lynch, Leman Brothers y AIG, todos estandartes del mercado, desaparecieron.
El costo total va a superar los trillones de dólares. Muchos analistas predicen una crisis similar a la gran depresión del 29. Y si bien esto puede ser una exageración es claro que el golpe va a ser fuerte y la recuperación complicada. Los genios financieros probablemente acabarán dando clases de finanzas en alguna universidad… algunos de ellos en la cárcel.
—¿Complot? ¿Coincidencia? ¿Estupidez humana? No, burbujas financieras
Las burbujas especulativas son la regla y no la excepción, de la historia económica, han estado presentes en todos los países, en todos los tiempos. Por lo que la pregunta obligada es: ¿Por qué si somos el único ser racional, capaz de aprender de sus errores pasados, y contamos con toda la tecnología de análisis a nuestro favor, seguimos tropezando una y otra vez con las mismas burbujas?
Para entender por qué las crisis especulativas son inevitables tenemos que ver qué es lo que son. Una lección fácil y bastante interesante de economía:
Los mercados financieros existen porque, bajo incertidumbre, cada quien ve las cosas de diferente manera; el que una persona considere que cierta acción valuada en 10 dólares esté “cara” mientras que otra opine que esa misma acción a ese mismo precio sea una ganga, permite que entre ellos se realice una operación de compra-venta.
Generalmente, a pesar de que cada quien ve las cosas con otra perspectiva, la mayor parte de las opiniones se apegan a cierta racionalidad.
—¿Qué pasa cuando las expectativas se alejan de la realidad?
Si son pocos los participantes que exageran sus expectativas, realmente no pasa nada; el mercado, vía las fuerzas de oferta y demanda se autoequilibra y los “locos” se salen del mercado.
Sin embargo, cuando las expectativas irracionales son aceptadas por una parte importante del mercado, se genera una burbuja especulativa que crece y crece alimentada por el furor de las masas. Los precios suben sin que haya un límite de razón.





