En varios países funcionarios de gobierno y empresarios piden se apruebe la importación de cultivos genéticamente modificados
NUEVA YORK.— Los precios en aumento de los alimentos y la escasez mundial de granos están ejerciendo presiones nuevas sobre los gobiernos, las compañías alimentarias y los consumidores para que relajen su vieja resistencia a los cultivos genéticamente modificados.
En Japón y Corea del Sur, por primera vez, algunos fabricantes han empezado a comprar maíz transgénico para usarlo en refrescos, bocadillos y otros alimentos. Hasta ahora, para evitar una reacción negativa de los consumidores, las compañías han pagado extra para comprar el grano cultivado a la manera convencional. Sin embargo, ya que los precios se han triplicado en dos años, se ha vuelto demasiado caro ser tan “quisquilloso”.
“No podemos pagarlo”, dijo un comprador de maíz de Kato Kagaku, un fabricante japonés de fécula y jarabe de maíz.
En Estados Unidos, los productores y los expendedores de trigo, otrora dudosos sobre adoptar la biotecnología por temor a perder ventas de exportación, ahora empiezan a ser flexibles como una forma de aumentar el abasto. Los cultivos genéticamente modificados contienen genes de otros organismos para hacer que las plantas sean resistentes a los insectos, herbicidas o enfermedades. A los opositores les sigue preocupando que no se hayan investigado lo suficiente tales cultivos, y que pudieran representar riesgos para la salud y el ambiente.
“Creo que está bastante claro que las inquietudes por el precio y el abasto han hecho que la gente piense un poco diferente en la actualidad”, destacó Steve Mercer, un vocero de Asociados Estadunidenses del Trigo, una cooperativa con apoyo federal que promueve el trigo estadunidense en el extranjero.
El grupo, que alguna vez previno a los agricultores sobre cultivar trigo biotecnológico, está trabajando para que las compañías de semillas reinicien el desarrollo del trigo genéticamente modificado y hacer que los compradores extranjeros lo acepten. Incluso en Europa, donde la oposición a lo que llaman frankenalimentos ha sido más feroz, algunos funcionarios gubernamentales prominentes y ejecutivos empresariales están haciendo llamados para que se apruebe con mayor rapidez la importación de cultivos genéticamente modificados. En parte, responden a quejas de los productores de ganado que dicen que podrían padecer una escasez crítica de alimento para animales si no se aceleran las importaciones.
En Gran Bretaña, la Asociación Nacional de Carne de Res emitió una declaración en la que exige que “se abandone de inmediato toda resistencia” a esos cultivos “en respuesta a los cambios en la demanda mundial de alimentos, el peligro creciente de una escasez mundial de comestibles y la perspectiva de un descenso en la producción interna de animales”.
El presidente del comité de agricultura del Parlamento Europeo, Neil Parish, señaló que conforme aumentan los precios, “es posible que los europeos sean más realistas”.
Como los disturbios por los alimentos en algunos países centran la atención en cómo se alimentará el mundo, los que proponen la biotecnología ven que tienen su oportunidad. Argumentan que aun cuando la ingeniería genética se haya podido considerar innecesaria cuando eran abundantes los alimentos, será esencial para ayudar al mundo a hacerle frente a la demanda de comida y biocombustibles en las décadas por venir.
Por medio de la manipulación genética, los cultivos modificados que ahora se cosechan —principalmente maíz, soya, canola y algodón— típicamente contienen genes de bacterias que ayudan a las plantas a resistir los insectos o tolerar un herbicida que se puede rociar para matar hierbas. Las compañías de biotecnología también están trabajando en cultivos que podrían necesitar menos agua o fertilizantes, lo que podría tener un impacto mayor en la mejora de la producción.
Aceptar los cultivos genéticamente modificados sería una ventaja para los exportadores estadunidenses.
Sin embargo, cantidades sustanciales de maíz, soya o canola se cultivan en Argentina, Brasil y Canadá. China ha desarrollado un arroz resistente a los insectos que está a la espera de la aprobación regulatoria en ese país.
La presión para revalorar la biotecnología se da conforme a los precios de algunos productos básicos, como el arroz y el trigo, se han duplicado en los últimos meses, provocando violencia en varios países, incluidos Camerún, Egipto, Haití y Tailandia.
Es cierto que la biotecnología aún enfrenta obstáculos. Encuestas de opinión en Europa aún no muestran un cambio decisivo en el sentir de los consumidores, y la industria ha tenido algunos reveses recientes. Desde principios de año, Francia prohibió la siembra de maíz genéticamente modificado, mientras que en Alemania entró en vigor una ley que permite que se etiqueten los alimentos “libre de GM”.
Los oponentes de la biotecnología dicen que no ven tanto una oportunidad como oportunismo por parte de sus proponentes para explotar la crisis alimentaria. “Donde los políticos y tecnócratas siempre han querido impulsar los organismos genéticamente modificados, están abordando este vagón y usándolo como una excusa”, resaltó Helen Holder, quien coordina la campaña contra los alimentos biotecnológicos para Amigos de la Tierra Europa.
Incluso Michael Mack, el director ejecutivo de la compañía suiza Syngenta, un gigante de la química y la biotecnología agrícola, advirtió que la industria no debería usar la crisis actual para impulsar su agenda.
La razón principal de que algunos fabricantes japoneses y sudcoreanos de almidón y endulzantes a base de maíz estén comprando el grano biotecnológico es que tienen cada vez menos alternativas. Su principal proveedor es Estados Unidos, donde 75 por ciento del cultivo el año pasado fue genéticamente modificado, respecto de 40 por ciento en 2003.
“No podemos aferrarnos al maíz no modificado genéticamente en estos días”, dijo Yoon Chang-gyu, director de la Asociación de la Industria Coreana de Procesamiento de Maíz.
En Europa, los productores de ganado destacan que las regulaciones sobre los cultivos genéticamente modificados pudieran sofocar el abasto de alimento para animales en una época en que ya están enfrentando los precios más altos.
Las normas europeas requieren que un embarque de grano sea regresado si contiene incluso un rastro de una variedad no aprobada. Ese problema perturbó el año pasado las exportaciones de gluten de maíz, un producto alimenticio, de EU a Europa.
Los fabricantes de comida para animales y los productores de ganado quieren aprobaciones más rápidas y una relajación de las reglas para permitir cierta cantidad de rastros de variedades no aprobadas en los embarques.
Incluso en EU, donde los alimentos genéticamente modificados han sido aceptados, la industria del trigo ha tenido que reconsiderar su renuencia a aceptar las variedades biotecnológicas.
Alrededor de la mitad de los cultivos de trigo estadunidense son exportados, los agricultores y procesadores temían que los compradores extranjeros rechazaran sus productos. Enfrentando la resistencia de los agricultores estadunidenses, Monsanto suspendió en 2004 el desarrollo de lo que habría sido el primer trigo transgénico.
Algunos granjeros y molineros dicen que la falta de trigo genéticamente modificado ha hecho al cultivo del grano menos atractivo que cultivar maíz o soya. Eso ha contribuido a reducir el abasto y elevar los precios del trigo. Milling and Baking News, un influyente periódico de la industria en Kansas City, Missouri, dijo en un editorial que las compañías que usaban trigo ahora estaban pagando el precio de su propia “vacilación, si no abierta oposición” a la biotecnología.





