Para el directivo de la Fed, la economía estadunidense sólo vive un bache pasajero que se resolverá en el corto plazo sin caer en recesión
Richard W. Fisher es presidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas. Eso significa que tiene uno de los 12 votos que definen la política monetaria de Estados Unidos, uno de los países más poderosos del mundo.
—¡Felicidades por ese cargo!
—No, en realidad lo sufro, bromea Fisher en entrevista con Excélsior.
Para él, “la palabra con r”, que así dicen en la Unión Americana para señalar la recesión, todavía no es una realidad en su economía. Y lo explica a detalle.
“No creo que la recesión sea un problema ahora. Tenemos una condición de crecimiento lento. Sé que ahora todos hablan de la palabra con “r”, pero eso es un dispositivo de medida: dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo.
“El tema es que tenemos un crecimiento lento y además, presión inflacionaria, proveniente en parte del alza global de precios por el crecimiento de otras economías en productos importantes como maíz, acero, petróleo, alimentos en general y por eso el nivel de inflación no ha bajado y hace impacto en las expectativas, que es en realidad de lo que tenemos que preocuparnos”.
A decir del entrevistado, ahora les alarma revisar las expectativas inflacionarias.
“Me preocupo porque se formen expectativas de mayor inflación, toda vez que los resultados de la política monetaria que hoy se instrumenta, toman tiempo. Operan con rezago. (Y dice en español) Yo digo que es como el tequila: toma algún tiempo para que se sienta el efecto. Tenemos que visualizar lo que va a ocurrir en seis meses o en diez meses o en un año.”
—¿Cuál es, en su opinión, el estado de salud de la economía estadunidense?
—Alguna vez Greenspan me dijo que si la economía enfermaba todo mundo nos culparía, porque somos el banco central. Tendremos la culpa, no importa lo que haya pasado. Pienso que el paciente está en recuperación. Y quizá usted no sólo está pensando en la economía en general, sino también en el problema de las hipotecas subprime y en cómo fue financiada toda esa expansión del mercado inmobiliario, y es en ese sentido que puedo decir que el paciente está en recuperación, porque al menos hoy sabemos que está enfermo.
La economía estaba infectada por todo ese entusiasmo de la construcción de vivienda. Y por cierto ahora hay 20 millones de norteamericanos con una casa que no pueden pagar. Eso es un enorme monto financiero.
Y creamos todos esos instrumentos financieros que pavimentaron el camino a la infección. Los economistas solemos hablar del desenmascaramiento de los precios; uno sabe cuánto es el precio real que se tiene que pagar por algo.
Así que pienso estamos en el camino de identificar uno de los males mayores o de los principales “virus” que amenazan a la economía y que ahora empiezan a ser tratados. Tomará algún tiempo, no puede hacerse de un día para otro. Es una infección severa que requiere una intervención médica seria. Hemos identificado al virus y encontraremos cómo curar al paciente. Si no nos hubiésemos dado cuenta que el mal estaba ahí, habríamos construido una trampa mayor para nosotros mismos.
—¿Qué tanto se ve presionada la Fed por los mercados? Como ocurre con los adictos, parecen necesitar dosis cada vez mayores para tener que tranquilizarse y ustedes les han proporcionado ya una gran dosis de baja en la tasa de interés.
—Cierto, siempre piden más (ahora habla en español), “dame más, dame más, parecen decir, son como niños”. Pero eso no es lo que guía nuestras decisiones, tratamos de hacer lo correcto para la economía. Si está bien, los mercados encontrarán su nivel. No podemos hacer política monetaria reaccionando a lo que pidan, aunque ciertamente estamos pendientes de lo que hacen por su gran peso que presiona a la economía. Aunque nunca estarán satisfechos, si se toman decisiones incorrectas ahora, estarían más intranquilos.
—¿El proceso electoral actual representa algún obstáculo para las decisiones de la Fed?
—No para la Fed. En la política fiscal es donde podría haber algún impacto del proceso político. Nosotros buscamos mantener totalmente ajeno al banco central de los temas políticos. Ahora hay un cierto pesimismo en el ambiente político, pues en esta temporada electoral nadie puede hacer campaña diciendo: “las cosas están sensacionales”.
No quisiera heredar una situación económica como ésta y tener que hacer una campaña para la Presidencia en medio de un proceso de recuperación económica, pues en una época de elecciones lo negativo se enfatiza y si esto ocurre cuando la economía es débil, como ahora, el impacto sicológico es mayor.
—¿Algún comentario sobre la economía mexicana?
—Bueno, su economía es susceptible a lo que ocurra en nuestra economía. Lo lamento, dice en español, y ríe con buen humor.
Yo diría que ustedes no tendrían que voltear a ver a EU pensando que su situación y la relación se están deteriorando rápidamente. Quizá tal visión puede ser parte de un proceso político; tampoco miraría a Estados Unidos pensando que los temas migratorios se están estresando ahora, eso también es parte del proceso político y con una economía débil, este tipo de cosas tienden a exagerarse. Pero como banquero central nunca llego a tener preocupaciones políticas de este tipo.
Quisiera comentar la importancia para ustedes de tener un banco central autónomo y debo decir que Guillermo Ortiz ha hecho un gran trabajo y es muy respetado en el mundo por ello. Creo que la autonomía del Banco de México es parte del éxito económico de este país. Uno de los grandes sucesos de su historia económica reciente.
Para Fisher, el vaivén económico que hoy transita su economía es delicado pero no mortal.
“Pienso que la gente subestima la capacidad de la economía norteamericana de repararse a sí misma rápidamente. Es una impresionante maquinaria económica. No espero que el problema actual dure largo tiempo. Sin embargo, dado que vivimos en una economía globalizada y como China e India tienen que crecer para satisfacer sus propias necesidades políticas y el ex bloque comunista se ha convertido en países que se incorporan a la economía europea, creo que será difícil contener esa dinámica de crecimiento, lo que da un cierto colchón para mitigar la disminución del crecimiento norteamericano.
“Si fuésemos una economía cerrada tendríamos problemas, pero en una economía abierta y global los otros países no sólo son nuestros competidores sino también nuestros clientes, socios comerciales, formamos parte de la misma cadena de producción. Y eso es un buen amortiguador para los problemas por los que atraviesa nuestra economía. Por nuestra parte echamos “más ponche en la ponchera” (liquidez en el mercado) y por lo pronto no la vamos a retirar, esperando no poner demasiado como para tener una “borrachera” inflacionaria el día de mañana. Es una situación complicada de resolver. No hay fórmula exacta, concluye.




