El alza de los precios internacionales del crudo y de las materias primas siguen afectando la economía global, generando angustia y cautela en la toma de decisiones
La inflación paulatinamente ha venido cobrando importancia en las preocupaciones que rondan en el escenario económico nacional y global. En el caso de éste último ambiente, tal vez un buen ejemplo es la decisión explícita y reciente anunciada por el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, de mantener por el momento la tasa de interés de fondos federales en el nivel de 2.0%.
El sentido de la decisión de la Fed, al menos en principio, es intentar detener la depreciación del dólar, toda vez que es uno de los precios clave en toda economía es el tipo de cambio que, en el caso del dólar estadunidense.
Lo anterior ha mostrado que desde hace tiempo, pero más en el pasado reciente: una caída importante del dólar de cerca de seis por ciento en lo que va del año, contra el euro, el yen y el peso mexicano lo que imputa un componente inflacionario indeseable a la economía de Estados Unidos.
Debido a que las importaciones se vuleven más caras y más en estos momentos en los que otros temas, como la selección de candidatos a la presidencia de EU, presionan en el mismo sentido, aunado a la caída del crecimiento económico.
La dimensión de la preocupación se refleja en los roles de las autoridades financieras de Estados Unidos que además de hacer explícita la decisión —cosa poco usual— lo hace la Fed en vez del Departamento del Tesoro, quien habitualmente habla sobre el tema cambiario.
Desde luego, la decisión de la Fed tiene más de un objetivo, pues no sólo se trata de mitigar el impacto inflacionario de las importaciones, sino que prácticamente de inmediato se provocó una baja—obviamente temporal— en el precio del crudo.
Toda vez que los contratos de futuros (que marcan el precio cotidiano y refleja una operación financiera más que una transacción de petróleo física) son operaciones pactadas a una tasa de interés que contiene un cierto grado de expectativa de comportamiento y que en este caso era que continuara bajando, por lo que un anuncio como el que conocimos, supone un precio menor del contrato en el futuro.
En el ambiente nacional, la preocupación inflacionaria no es distinta. A partir de la encuesta de expectativas de los analistas del sector privado que lleva a cabo el Banco de México (Banxico) , los resultados de mayo, en lo cuantitativo, muestran un aumento de la estimación para 2008 de manera continua desde febrero cuando fue 3.73 hasta 4.19 por ciento en mayo.
En la parte cualitativa de la encuesta, la inflación ya ocupa el tercer lugar entre los motivos que representan un obstáculo para el desempeño de la economía nacional en los próximos seis meses, con 14% de las opiniones (en enero de este año fue 5.0%) sólo abajo de la debilidad de la economía internacional (24%) y de la falta de cambios estructurales en México (18%).
Y si le añadimos que 10.0% de las opiniones que señalan que el aumento de precios de materias primas es el cuarto factor de preocupación, pues la inflación resulta reunir 24% de las opiniones, cosa que desde hace mucho no se veía.
Es algo que Banxico no dejará de observar y que, asociándolo con la decisión de la Fed, lo que propiciaría un alza en la tasa de fondeo, considerando otros elementos como son el comportamiento del tipo de cambio, el nivel del Producto Interno Brutoy las decisiones de los diversos agentes económicos respecto de la formación de precios.
A este respecto —dentro del espectro inflacionario— el gobierno de la República anunció una serie de decisiones bajo un “programa de medidas en apoyo a las familias mexicanas”. Lo anterior supone acciones que impiden en lo posible que el comportamiento de los precios internacionales de los alimentos y la energía se trasladen en la formación de precios internos, que podría derivar en una contaminación hacia otro precio clave, el salario, cosa que hasta ahora parece no haber ocurrido.
Por supuesto, este tipo de medidas van en contra de la eficiencia de la economía por más que se entienda su intención de proteger al nivel del consumo local. Los subsidios nunca han sido algo sostenible y benéfico. A la larga abren huecos que siempre son más difíciles y costosos de tapar, que de abrir.



