Tras la sorpresiva decisión del Banco de México, los inversionistas reaccionaron y aprovecharon las oportunidades.
Las peticiones del gobierno federal no eran arbitrarias. El trasfondo de solicitar una tasa de interés más baja no radicaba en el interés de contar con “créditos más baratos”, sino en la visión de mantener el peso más fuerte frente al dólar.
Al cierre de la jornada, la cotización del peso frente al dólar cerró en 10.28, lo cual significó una apreciación de 0.35 por ciento.
La transición al mercado de deuda generó una caída de 1.25 por ciento en el Índice de Precios y Cotizaciones, lo que llevó al principal indicador a los 29 mil 533 puntos.




