> Según la investigadora, la modalidad all inclusive incluye a todo aquel servicio de hospedaje donde se ofrecen dos o más alimentos para impedir que la gente salga del hotel para hacer otros consumos.
“Las cadenas españolas las pusieron de moda a partir de los años 90, principalmente en los destinos de playa. Desde entonces comenzó toda una transformación en su operación. Poco a poco, para optimar costos, negociaron la manera de conseguir los alimentos necesarios para sus huéspedes de tal manera, que ahora los importan y no consumen los que se producen en México”, comenta.
Con costos más bajos, este tipo de empresas tuvieron más utilidad y movimientos masivos de turistas. Esto ayudó a acelerar la dinámica en la hotelería y la transformó en una industria ágil, a tal grado de que actualmente un hotel todo incluido se construye mucho más rápido que uno normal y su operación siempre inicia antes de lo programado, explica Marisol Vanegas.
“Tienen una productividad mayor, hasta tres superior que otros. Porque hicieron cambios increíbles en su administración y en su control de gastos. Simplemente han hecho importante la operación y le han dado al cliente un producto que se ha aceptado muy bien”, expresa.
Una de las principales causas de esta aceptación tiene su origen en la certeza que tienen los clientes de cuánto dinero realmente gastarán durante su viaje y qué servicios recibirán, coincide la catedrática y el representante del Centro Mexicano de Desarrollo Ambiental (Cemda) en Quintana Roo, Patricio Martín.
No obstante, ambos especialistas advierten que los all inclusive han sobredensificado los destinos más importantes del país como lo son Cancún y la Riviera Maya, ya que otra de sus principales características es tener construcciones con varios cientos de habitaciones.
“Hay un gran riesgo en este tipo de hoteles, porque tras el turismo masivo que traen al país la calidad de los destinos comienza a tambalearse”, comenta Martín en entrevista.
Agrega que las autoridades en materia de turismo han entendido que se debe hacer una reestructuración en la hotelería con tal de no abaratar el destino.
“Pero no tienen que negociar con los dueños de los all inclusive, sino con los grandes touroperadores para saber cómo administrar el destino”, señala el representante del Cemda.
Marisol Vanegas reitera que las ganancias que pudieran traer consigo los hoteles all inclusive no llegan al país, pues las agencias de los touroperadores están en Estados Unidos o Europa, y desde allá cobran y pagan a los hoteles que reciben a sus clientes.
“Hemos estudiado que en la zona del Caribe (no sólo en México), de cada dólar que se paga a los touroperadores para un viaje hacia esta zona, el destino se queda con menos de 60 centavos. Para el caso de nuestro país, a lo mucho se quedarán unos 40 centavos de ese dólar que se pagó en el extranjero y sólo para pago de nómina, servicios e impuestos”.
Y recalca que los alimentos que necesitan estas grandes cadenas hoteleras se importan desde otros lugares, porque es más barato. “Entonces, pocas empresas que están alrededor, ni siquiera quienes producen insumos, se ven beneficiadas con estos gigantes que se instalaron en los destinos mexicanos”, dice la catedrática.
“Cuando se planeó el Centro Integralmente Planeado Cancún hubo sistemas de apoyo a la inversión con intereses bajos, por eso se construyeron muchos hoteles enormes. El país necesitaba divisas e inversionistas y su lógica para atraerlos funcionó. El problema es que no previeron qué tipo de hoteles se instalarían y ahora ven que está en peligro la sustentabilidad del destino”, puntualiza.




