La falta de inversión en Pemex Refinación ha hecho creciente la dependencia en la importación de combustibles
Además de incrementar las reservas de petróleo, los rezagos del sistema nacional de refinación están entre las principales aspectos a atender dentro del sector energético, coinciden especialistas y autoridades.
Permitir que transcurra más tiempo podría significar incluso un problema de desabasto de combustibles en el país, advierte Juan Bueno Torio, integrante de la Comisión de Energía del Senado de la República por parte del Partido Acción Nacional (PAN).
De hecho, para el también ex director de Pemex Refinación, la dependencia a las importaciones de gasolina, que en 2007 fueron equivalentes a prácticamente 40 por ciento del consumo total del país, significa una vulneración a la soberanía que debe atenderse cuanto antes.
“Existe el riesgo de desabasto el día que falle la llegada de barcos o cuando haya un ‘norte’ en el Golfo de México, y el ducto que viene de Tuxpan a la ciudad de México ya está saturado totalmente”, detalla el legislador.
En julio y septiembre del año pasado, los ductos para transporte de hidrocarburos de Pemex fueron víctimas de ataques por parte del Ejército Popular Revolucionario (EPR), que afectaron la distribución de los productos en diversas zonas del país.
Como ejemplo, los más de 600 puntos de venta ubicados en Puebla y Tlaxcala dejaron de recibir productos por parte de Pemex, pues se presentó una alteración en el programa de abasto debido a que pipas procedentes de Nuevo León y Querétaro cargaron combustible en las instalaciones poblanas.
“Hay que tomar en consideración que las últimas inversiones en infraestructura de transporte de hidrocarburos se hicieron hace más de 20 años y ya está llegando todo a su máxima capacidad”, dijo Bueno Torio, “y de no resolverlo pronto podemos caer en desabasto particularmente en el Valle de México y en la zona de Guadalajara”.
Alfredo Phillips Greene, presidente de la Comisión de Energéticos de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra), explica que existe un cuello de botella en el sistema nacional de refinación.
“Ha habido una grave falta de inversión en este sector y esto ha llevado a que México hoy sea ampliamente deficitario en muchos de los petrolíferos y a que estemos importando cantidades importantes de esos productos”, subraya.
Además de Bueno Torio, otros legisladores como el priista Francisco Labastida Ochoa, presidente de la Comisión de Energía del Senado, coinciden en que el país requiere de dos nuevas refinerías para hacer frente a la creciente demanda y poder reducir el volumen de las importaciones de combustibles.
De acuerdo con los especialistas, la construcción de una refinería, dependiendo de sus características, puede llevarse hasta seis o siete años, y la inversión requerida es de hasta ocho mil millones de dólares.
“Suponiendo que se decidiera hoy hacer esa inversión, la refinería estaría lista en un plazo de entre cinco y seis años”, aclara Bueno Torio.
El sistema nacional de refinación cuenta con seis plantas ubicadas en el país, y su capacidad total de proceso de petróleo crudo al cierre de 2007 fue de un millón 269 mil barriles diarios, volumen que ha variado poco en varios años.
Como parte de los planes de Pemex para reconfigurar las seis refinerías mexicanas, a la fecha se han concluido los procesos en las plantas de Madero y Cadereyta, mientras que Minatitlán se encuentra en ejecución y debe concluir en 2009.
La reconfiguración de Tula está prevista para iniciar en 2011, la de Salina Cruz en 2012, y a Salamanca le tocaría turno hasta la siguiente administración federal, en 2013.
Acciones a futuro
En el decimonoveno transitorio del PEF, aprobado a mediados de noviembre anterior, se indica que Pemex deberá elaborar y enviar a la Cámara de Diputados, a más tardar el 30 de julio próximo, un estudio de viabilidad y prefactibilidad para determinar la necesidad de construir una nueva refinería para su organismo subsidiario Pemex Refinación.
El documento indica que la paraestatal “deberá proponer, en su caso, la ubicación probable y las características tecnológicas de la nueva refinería y, de forma general, las características, proyecciones de impacto que pudieran tener dichos proyectos para la política energética nacional, el desarrollo de Pemex y la economía del país”.
Asimismo, deberán incluirse los supuestos de precios, volúmenes involucrados, lugares esperados de venta de los refinados, costos y márgenes implícitos de los mismos, diferenciales estimados, entre crudos ligeros y pesados, sitios considerados como puntos de distribución y toda la infraestructura considerada necesaria para el óptimo desempeño de los proyectos.
Hace una semana, Jesús Reyes Heroles, director general de la paraestatal, recordó que en el Programa Nacional de Infraestructura (PNI), en su capítulo sobre la transformación industrial de los hidrocarburos, integra proyectos de expansión, modernización y de mantenimiento.
El funcionario explicó que el programa de inversiones para Pemex en el plazo 2007-2012 anticipa la aplicación de 411 mil millones de pesos para los procesos de refinación.
De ese monto, los principales proyectos que prevé el PNI para el área mencionada comprometen recursos por aproximadamente 209 mil 700 millones de pesos.
Asimismo, el rubro de otros proyectos, en el que se incluyen planes relacionados con la seguridad de instalaciones y protección ambiental, mantenimiento y renovación de instalaciones, entre otros conceptos, prevé destinar poco más de 201 mil millones de pesos.
En tanto, para el sector productivo resulta complicado que el país siga siendo deficitario en la producción de petrolíferos, advierte Phillips Greene, de Canacintra.
“La industria se ve gravemente afectada ante la falta de insumos y la dependencia de ellos al ser importados del extranjero”, señala, “se habla de la necesidad de dos nuevas refinerías, que no sé si sean suficientes, pero el punto es que casi la mitad de lo que consumimos se está importando”.
Sin embargo, aunque sigue generando polémica por su posible efecto en los sectores agrícola y alimentario, una de las apuestas recientes para entrar al movimiento internacional de los energéticos limpios es la definición en el país de un marco legal para promover los biocombustibles.
El 13 de diciembre anterior fue aprobada por el Senado de la República la Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos, que impulsará la producción de etanol y biodiesel a base de diversos cultivos agrícolas, como por ejemplo la caña de azúcar.
El viernes pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación esta legislación por parte de la Secretaría de Energía, pero sigue pendiente la elaboración del reglamento que definirá las condiciones bajo las cuales Pemex mezclará los combustibles alternativos en sus gasolinas tradicionales.
Y mientras tanto, la producción de etanol ya inició en diversas localidades del territorio nacional, como por ejemplo en Veracruz y Sinaloa.
Estimaciones de Pemex Refinación arrojan que el precio por litro de gasolinas reflejaría un aumento, pues la mezcla con el etanol sería 26.67 dólares por barril más cara, de forma que la paraestatal tendría un costo adicional de entre 100 y 260 millones de dólares.
Otras estimaciones de la subsidiaria indican que se necesitaría una inyección de capital de entre 77 y 120 millones de dólares para reconvertir las 13 terminales de almacenamiento y distribución con que se cuenta en el país, y donde se haría la mezcla.
“Sólo para oxigenar las gasolinas se requieren entre 27 y 30 mil barriles diarios de etanol, y eso implica cultivar tres veces la superficie actual de caña de azúcar que tenemos”, menciona el senador Bueno Torio.
Las perspectivas de mediano y largo plazo son complicadas y se requiere de cambios tanto en el área de refinación como en prácticamente todas las actividades del sector hidrocarburos, señalan los especialistas.
“Nos vamos a encontrar en un momento en el que el destino nos alcance, y vamos a tener que decidir como mexicanos que a ver si se puede que lo haga todo Pemex”, concluye Phillips Greene.



