Los analistas califican el rescate hipotecario como “una forma de nacionalización de la chatarra”
MONTREAL.- A pesar de las intervenciones de la Reserva Federal (FED) y el Tesoro de Estados Unidos para apoyar a la economía de ese país, en el mercado prevalece la incertidumbre sobre si esas acciones permitirán una “salida ordenada” de la crisis.
Las intervenciones masivas aumentaron la liquidez, bajaron la tasa de interés interbancaria y ampliaron el acceso al crédito a los bancos de inversiones y las fiduciarias Fannie Mae y Freddie Mac, amparado con títulos invendibles en el mercado actual.
Sin embargo, esas operaciones de rescate han sido interpretadas por algunos analistas como “una forma de nacionalización de la chatarra” en espera de que el Congreso actúe para, efectivamente, “nacionalizar” la creciente deuda hipotecaria.
Thomas Staton, experto de riesgo crediticio de la Universidad John Hopkins, señaló que estos rescates son “algo muy peligroso” para el sector hipotecario y los inversionistas, así como un “signo de que esa gente está realmente aterrorizada”.
Otros expertos definieron el reciente rescate de la firma Bear Stearns como “socialismo de mercado con características estadounidenses” y han pedido que Washington haga lo mismo para los “perdedores”, que son los ciudadanos ordinarios.
El colapso de Bear Stearns, el quinto banco de inversión de Estados Unidos, desató el pasado 17 de marzo una espiral de pánico en todo el mundo y fue el detonante para que la FED acudiera a su rescate respaldando la operación de compra anunciada por JP Morgan Chase.
De acuerdo con David Olive, analista económico del diario Star de Toronto, hay “cinco razones para preocuparse”, debido a que esta crisis financiera centrada en Estados Unidos está llegando a la economía real de ese país y a Canadá.
Olive afirma que las razones para preocuparse son la caída de precio de los recursos naturales (commodities), la parálisis bancaria que “secó” el crédito, la pérdida de confianza, el freno de la expansión de las empresas y la “fatiga” del consumidor estadounidense.
De la parálisis bancaria que frenó el crédito, según Olive, nadie sabe cuándo terminará, porque siguen en “peligro las bases de capital de muchos prestamistas globales, factor que causó el colapso de Bear Stearns”.
Asimismo, los bancos tampoco tendrán ahora los “lucrativos honorarios” que antes le reportaban el mercado de fusiones y compras, así como las ofertas públicas iniciales.
La extrema cautela de los bancos, que no están prestando, es por temor a ser los próximos en la fila de los forzados a fusionarse, y esta “sequía de capital es otro peso que arrastra la ya anémica economía estadounidense”.
Avery Shenfeld, economista de CIBC World Markets, pronosticó por su parte que en abril próximo los bancos presentarán más pérdidas porque la crisis se amplía de las hipotecas a otros sectores del crédito.
En cuanto a la pérdida de confianza, Gillian Tett, del Financial Times, opina que esta situación no sólo dañará la credibilidad de los bancos, sino el “aura de omnipotencia” en la cual se habían arropado instituciones estadounidenses como la FED.
Es por esto que mientras persista esta “sequía crediticia” las empresas frenarán sus actividades y proyectos de expansión, lo que estrangulará la creación de empleos y agravará la crisis de la economía real.
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