Cientos de familias que se quedan sin sustento de un día para otro, miles de demandas por incumplimiento de contratos cuyos avances se eternizan, trabajadores especializados en el desempleo y subempleo, empresarios que simplemente desaparecen del mapa “en lo que se calman las aguas” y sindicatos que dejan a sus agremiados en el olvido, son algunas de las historias que se han repetido una y otra vez en los últimos dos años con el cierre de cinco aerolíneas en el país.
Líneas Aéreas Azteca (LAA), Aerocalifornia, Avolar, Novair y Alma de México forman parte de la novela “en la que los que fungían como dueños andan tranquilamente gozando de un viaje en el extranjero e ideando qué nueva empresa crear para seguir haciéndose ricos, mientras que quienes perdieron su empleo siguen luchando por obtener aunque sea una parte mínima de la liquidación a la que tenían derecho”, relata un trabajador de la extinta LAA, que no da su nombre por temor.
“El gobierno se preocupó por hacer que las aerolíneas que no cumplían con normas seguridad y que habían acumulado importantes adeudos dejaran de operar, pero no le dio seguimiento a lo que sucedió con los trabajadores y todos los demás acreedores que se quedaron esperando recibir algo de liquidación. El cierre de cada línea aérea terminó endeudando a familias y quebrando a más empresas”, asegura el capitán Juan Gutiérrez Slesinger, quien tras perder su empleo como piloto en LAA pudo encontrar trabajo en la chartera Novair, donde corrió con la misma suerte.
A decir de Francisco Anguiano, líder de la Coalición de Trabajadores de LAA (organización que se creó una vez que sus miembros decidieron que el sindicato dejara de representarlos, pues temen que se robe sus liquidaciones), actualmente los empleados de Aviacsa creen que su empresa también terminará cerrando, por lo que ya se han acercado a su unión y a otras empresas en busca de empleo.
“Con Aviacsa está pasando algo muy similar a lo que ocurrió con Azteca, que nos hicieron creer que había inversionistas que le estaban apostando a la aerolínea, pero al final sólo estaban haciendo tiempo para encontrar el mejor momento para cerrar. En el sector aéreo, el gobierno ha permitido que cualquier inversionista ‘patito’ le entre, haga de las suyas y exprima a la empresa, y pueda desaparecer tras dos o tres años”.




