El ascenso del yuan, la moneda china, ha impulsado a las empresas a generar productos de alto valor
SHANGHAI.— “El RMB me está matando”, se quejó Jin Jue. Él es un hombre de 35 años de edad de apariencia moderna con el cabello peinado en punta y vestido todo de negro, se describe en su tarjeta de presentación como “presidente del consejo” de la Shanghai Jinjue Fashion Company.
RMB son las siglas del renminbi, la moneda china, también conocida como yuan, que, desde principios de año, se ha elevado más de cuatro por ciento frente al declinante dólar. Incluso a medida que la economía china se vuelve cada vez más poderosa, el gobierno ha mantenido al yuan artificialmente bajo, para gran molestia de Estados Unidos.
A decir verdad, sigue sin estar tan alto como debería estar si no estuviera bajo control del gobierno.
Cuando el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson Jr., estuvo en Pekín a principios de este mes, elogió el reciente ascenso del yuan, aunque —como invariablemente hace cuando está en China— hizo un llamado a los funcionarios chinos para que permitan que su moneda flote libremente.
Este es mi primer viaje a China y, como la mayoría de los estadunidenses, tenía una imagen de cómo luciría una fábrica china.
La operación de Jin se ajusta a esa imagen casi a la perfección. Estaba alojada en un edificio destartalado en medio de un mar de edificios venidos a menos en la zona industrial de Kun Shan, justo al noroeste de Shanghai. Excepto por la propia oficina de Jin, realmente era sólo una habitación cavernosa, llena de filas de mesas, encima de las cuales había antiguas máquinas de coser. Había una cafetería con desvencijadas sillas de madera y mesas viejas donde los trabajadores ingerían sus alimentos, y un dormitorio de apariencia triste donde dormían. Detrás del edificio estaba un río sucio. Los escombros cubrían sus orillas.
La fábrica de Jin también hace el tipo de cosas que uno espera que haga una fábrica china: Produce ropa barata, destinada al mercado europeo.
El presidente de Jinjue Fashion Company es el clásico fabricante de bajo costo, margen estrecho y avaro, el tipo de emprendedor que ha sido la columna vertebral del asombroso ascenso económico chino; y también ha sido el principal beneficiario del yuan bajo, que ha inundado el mercado de productos baratos de China. El día de mi visita, su fuerza laboral estaba produciendo chaquetas color canela bajo la marca francesa Camaieu. ¿Pero dónde estaban todos los trabajadores? Yo esperaba que el lugar estuviera rebosante de gente. En vez de ello, sólo una cuarta parte de la habitación estaba en uso; Jin posteriormente confirmó que 60 por ciento de su fuerza laboral había renunciado o había sido despedida. Los negocios, evidentemente, estaban mal, y estaba perdiendo dinero.
Lo que el yuan bajo da, el ascenso lo quita. Conforme la moneda de China ha subido, la ropa barata de Jin repentinamente ya no es tan barata. Y él tenía otros problemas también.
“El ambiente de negocios en Europea es malo”, dijo a través de un intérprete. Gracias a la inflación en China —más de 8.7 por ciento sólo en febrero— sus trabajadores querían más de los varios cientos de dólares al mes que dice les paga. Las rebajas fiscales que recibió del gobierno estaban disminuyendo.
Recientemente, el gobierno aprobó leyes laborales que incluían una serie de protecciones para los trabajadores; esto también estaba elevando sus costos. Como resultado, los pedidos que alguna vez le llegaban habitualmente ahora se estaban dirigiendo a Vietnam, México y otros países que podían socavarlo en su propia ventaja competitiva: el costo. (Posteriormente oí que algunos fabricantes de ropa chinos estaban poniendo una etiqueta de “Hecho en México” a sus productos y enviándolos a través de este país para aprovechar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte).
Aunque carecía de educación universitaria —Jin había iniciado su negocio recién salido del ejército—, tenía una comprensión bastante clara de lo que le estaba sucediendo.
Aunque fábricas como la suya habían encabezado el camino en el milagro económico de China, el gobierno ya no estaba tan terriblemente interesado en que el país fuera el productor de más bajo costo de todos los productos imaginables. Las fábricas que participaron en ese juego en ocasiones produjeron juguetes que estaban contaminados. Y no necesariamente mejoraron la calidad de vida de sus trabajadores. Finalmente, depender de la mano de obra barata para promover una economía era un juego de bobos. “Si el gobierno permite que el RMB siga subiendo”, comentó Jin, “todas estas fábricas saldrán del negocio”.
Y así podría resultar. Pero aunque quizá inflija algo de dolor a corto plazo, a más largo plazo casi seguramente será bueno para la economía china.
Cuando se viaja por China en estos días y se escucha a los hombres de negocios y analistas, hay una frase que se oye una y otra vez. Todos hablan sobre “ascender en la cadena de valor”.
Y con eso quieren decir que buscan ser empresas que graviten hacia productos más complejos y de más alto valor. Los que generan mayores utilidades, son menos dependientes de los costos mínimos y son más inmunes a las fluctuaciones monetarias.
Por ejemplo, si uno abre, digamos, un iPod, encontrará que muchos de los componentes de más alto valor son producidos en lugares fuera de China, y luego traídos al país para ser ensamblados. Y por supuesto la mayor utilidad de todas se dirige al dueño de la marca: Apple. Los chinos ya no se contentan con simplemente ensamblar los componentes. Quieren hacerlos bien y poseer la marca.
En su propia forma, Jin también comprendía eso. En el lado posterior de su tarjeta de presentación se leía la palabra “Tousnosamis”. Era, señaló, una marca de moda que estaba vendiendo en el mercado interno.
Eventualmente, comentó con una risita, que espera que se vuelva “como Armani”. Al final, le permitiría liberarse de la presión de ser un fabricante de bajo costo. “Quizá en diez años”, destacó. Era su sueño, y el de China.
A la mañana siguiente, me reuní con alguien que ya había cumplido el sueño.
Su nombre es Li Xian Shou, y es el fundador y director ejecutivo de una compañía llamada ReneSola, que produce las obleas de silicón que se usan en los paneles solares.
Li, de 39 años, luce tan poco moderno; su corbata rosa estaba ligeramente chueca y las mangas de su traje eran tan largas que casi le cubrían las manos.
Su compañía, sin embargo, es de lo más moderna: En el cuarto trimestre de 2007, sus ingresos subieron casi 200 por ciento respecto del cuarto trimestre de 2006. El año pasado, produjo 53 millones de dólares, casi el doble que sus utilidades de 2006, y en enero recaudó 130 millones de dólares en una oferta accionaria en la Bolsa de Valores de Nueva York.
Las fábricas de ReneSola también estaban en las afueras de Shanghai, pero ahí es donde terminaban las similitudes con la fábrica de Jin. La compañía de Li se estaba extendiendo como loca, tomando hectárea tras hectárea de ex tierras agrícolas, y comprando plantas, dormitorios y otras instalaciones tan rápidamente como podía.
Ex funcionario gubernamental, Li había reunido 1.5 millones de dólares entre cuatro amigos para iniciar su compañía en 2001.
Al principio, la empresa ensamblaba paneles solares; la mayoría de sus clientes eran compañías en Alemania y Japón que hacían las obleas y luego vendían los paneles una vez ensamblados. “Para 2003”, dijo, “los ingresos eran de unos diez millones de dólares”.
Pero ensamblar los paneles era la parte de menor costo y menor valor de la industria solar. “Es una industria de materias primas”, señaló. “Y puede atraer mucha competencia”.
Por ello, en 2005 decidió dar el gran salto. Salió del negocio de los paneles solares y entró en el más lucrativo negocio de las obleas solares.
Ahora en vez de competir con otras compañías chinas, lo hace con compañías alemanas y japonesas; donde su ventaja de costo es enorme. Su compañía ha creado una tecnología para usar obleas recicladas y otros materiales, lo cual le está ayudando a evitar la escasez de polisilicón, el material del cual se producen las obleas. Emplea a tres mil 300 personas, en comparación con 20 en 2005, y paga a sus operadores de línea más de 500 dólares mensuales. Luego de iniciar hace tres años, ReneSola está entre los cinco principales proveedores de obleas solares del mundo.
Cuando se le preguntó a Li sobre el efecto del yuan en ascenso, se encogió de hombros con indiferencia. Como sus obleas son enviadas a otras compañías chinas —las ensambladoras de paneles— en vez de exportadas, puede demandar su pago en yuanes.
El suyo es un negocio que depende de maquinaria complicada al menos tanto como de la mano de obra, así que puede buscar mejorías en la productividad.
Y como está haciendo un producto con un margen de utilidad mucho más alto que el de los paneles solares, puede absorber más fácilmente un golpe monetario. Hasta ahora, resaltó, el dinero perdido debido al ascenso del yuan era “trivial”. Mientras recorríamos la planta, no pude evitar notar que mucha de la maquinaria que ReneSola usa para producir obleas provino de Alemania. Un yuan en ascenso ayuda a Li ahí también.
Como dicen los chinos: Tenga cuidado con lo que desea, señor Paulson.



