Analistas destacan que la fortaleza de la moneda trae beneficios en la importación de materias primas y amortigua los precios del petróleo, al venderse en dólares
FRANKFURT.— Cuando el euro llegó a más de 1.30 dólares hace cuatro años, los ministros de finanzas de Alemania, Francia y Austria se inquietaron por cómo afectaría a las exportaciones de Europa, y algunos murmuraron que Estados Unidos debería poner en orden su casa económica.
Ahora, el euro ronda los 1.60 dólares y mientras la moneda sigue absorbiendo el embate del declive del dólar, el viejo continente aprende a vivir con esa moneda poderosa. Debido a los mercados nuevos en el extranjero, a las compañías más escuetas en sus países de origen y a los efectos secundarios positivos de un dólar débil, los exportadores europeos han resistido la pérdida de competitividad que conlleva una moneda próspera.
Conforme el euro se ha disparado hacia territorio no explorado con relación al dólar, Europa ha reportado un logro saludable en la producción industrial ya que Alemania, Francia, Italia y España están contribuyendo con cifras buenas. Por ejemplo, las exportaciones germanas se incrementaron nueve por ciento en enero respecto al mismo mes de 2007.
Aun cuando un euro a la alza es indiscutiblemente una carga para los exportadores europeos, porque los encarece en EU y otros mercados vinculados al dólar, aún no ha tenido un efecto agudo en la economía, que sigue creciendo, aunque a un ritmo más reducido.
Anton F. Boerner, quien preside una asociación de exportadores alemanes, dijo que percibe a la inflación como una amenaza mayor a los tipos de cambio. En una reunión reciente con dos gobernadores de bancos centrales europeos, los exhortó a no reducir el tipo de cambio aun cuando ello habría quitado presión al euro.
Boerner pronosticó que Alemania embarcará productos con un valor de 1.02 billones de euros este año, cinco por ciento más que el año pasado. Según el tipo de cambio más reciente, eso significa unos 1.6 billones de dólares, suficiente para que Alemania siga siendo el rival de China por el título de campeón de exportación de mercancías del mundo.
“Es una cifra bastante impresionante, dada la situación del dólar”, indicó Boerner, presidente de BGA o Federación Alemana de Comercio al Mayoreo y Exterior.
Existen diversas razones para la capacidad de recuperación de Europa, no menos doloroso el recorte de costos de sus compañías, que las ha hecho competitivas en el mundo por primera vez en una década. Muchos exportadores han reubicado la producción fuera de Europa, donde los costos son menores y no se fijan en euros.
Un euro fuerte tiene sus beneficios, más allá de darle al turista europeo la oportunidad de hacer compras desaforadas en Nueva York. Hace que la importación de materias primas sea más barata para los fabricantes y amortigua en algo los precios del petróleo en aumento, que se comercia en dólares.
El euro ha aumentado 18 por ciento con relación al dólar en el último año. Sin embargo, los economistas señalan que el tipo de cambio —que mide el euro contra un conjunto de monedas de sus socios comerciales—, ponderado con el comercio, importa más. Según esa medida, el euro ha aumentado en un 8.6 por ciento más manejable.
Con el desarrollo de la economía mundial, Europa ya no depende tanto como lo hizo alguna vez de EU para su comercio. Mientras el dólar débil y la economía estadunidense tambaleante dificultan las exportaciones transatlánticas, están en auge los embarques a Rusia y al Oriente Medio. Alemania, Italia y otros países europeos se especializan en el tipo de mercancías —maquinaria y equipos sofisticados— por las que estos países de crecimiento rápido tienen un apetito aparentemente insaciable.
“Los mercados emergentes y los países productores de petróleo se encuentran en una posición fantástica”, destacó Norbert Walter, economista en jefe del Deutsche Bank. “Son un apalancamiento bueno para una parte considerable de las exportaciones.”
No obstante, estas tendencias reconfortantes no han atenuado el toque de tambor ansioso de algunos ejecutivos y políticos europeos. Muchos están convencidos de que Europa no puede evitar los efectos de un dólar débil en forma indefinida.
Un colapso en las exportaciones podría ser una amenaza grave, en particular para países como Alemania, donde los consumidores no están gastando suficiente para impulsar la economía.
“Entre más permanezcamos en los niveles actuales, mayor será el daño; sólo es cuestión de tiempo”, mencionó Holger Schmieding, jefe de economía europea del Bank of America en Londres.
En los últimos tres meses de 2007, dijo, las exportaciones de la zona del euro hacia EU cayeron ocho por ciento, en comparación con el mismo periodo de 2006. Es poco probable que cambie pronto esa tendencia. No obstante, las órdenes están aumentando para los fabricantes de maquinaria y otros exportadores alemanes.
BMW reportó un incremento de nueve por ciento en sus ganancias de 2007, lo cual sorprendió a los analistas, a pesar de que EU es su mercado más grande. El dólar débil afectó a BMW, según Norbert Reithofer, el presidente, pero compensó la pérdida con ahorros en costos y ventas fuertes.
Ni tampoco el euro fortalecido evitó que la Compañía Europea de Defensa Aeronáutica y del Espacio lograra una victoria muy importante sobre Boeing, ya que obtuvo un contrato por 35 mil millones de dólares de la Fuerza Aérea y Northrop Grumman, un socio estadunidense, para suministrar aviones tanque para abastecer combustible.
Aun cuando hay estallidos ocasionales de ansiedad, los políticos y ejecutivos aquí han evitado llamar al Banco Central Europeo para que intervenga en el mercado a fin de detener el alza del euro. Son pocos los que han exigido tipos más bajos, lo que haría que el euro fuera menos atractivo para los inversionistas.
En parte, ello se debe a que el gobernador del banco, Jean Claude Trichet, ha reprobado los esfuerzos por presionar a la institución: En forma notable los comentarios que hizo el presidente francés Nicolás Sarkozy el otoño pasado.
El propio Trichet expresó hace poco cierta preocupación por los movimientos drásticos en los tipos de cambio.
En parte, la tranquilidad pública respecto del euro se debe a que los negocios todavía son fuertes. “Los registros de órdenes se ven bien”, resaltó Schmieding. “Es difícil que las compañías se quejen cuando aún están aumentando las exportaciones.”
No obstante, Walter resaltó que no lo reconfortan los registros llenos de órdenes: “Lo que importa no es la entrada de órdenes... sino su cancelación o solicitud de retraso de los embarques”.



