Los habitantes de las casas aledañas los califican como “bien portados”, dicen que por lo regular no se meten con nadie
Los habitantes de las casas aledañas los califican como “bien portados”, dicen que por lo regular no se meten con nadie, entran y salen de su casa sin molestar a los demás, pasan desapercibidos, coinciden en que no son escandalosos y pagan sus cuotas de mantenimiento a tiempo y sin protestar.
Podrían ser los vecinos perfectos, sin embargo, la mayoría de las veces los habitantes de la misma calle no se imaginan que entre ellos se desenvuelven bandas de delincuentes.
Colonos de zonas residenciales como Jardines del Pedregal y Jardines en la Montaña comentaron que la existencia de casas de seguridad en estos lugares del sur de la ciudad no es un secreto, pero los residentes prefieren ignorar la situación por miedo a que algo les pase o a que tomen represalias en contra de sus familiares.
“Por lo regular son los vecinos más amables con los demás, procuran no dar ninguna molestia.
“Por ejemplo, hace unos años, a la coordinadora vecinal, un día su coche se metió en una rejilla de la alcantarilla y los choferes de la casa de enfrente fueron a ayudarla.
“Después se enteró de que era una casa de seguridad de Amado Carrillo. Toda la ciudad es así de peligrosa, en la colonia se siente la misma inseguridad”, comentó Margarita del Real, integrante de la Asociación de Residentes de Jardines del Pedregal.
María Eugenia de Rojas, habitante de la colonia Jardines en la Montaña, en la delegación Tlalpan, mencionó que hay vecinos temerosos que creen que la presencia de casas de seguridad en su colonia les permite a los secuestradores “seleccionar a otras víctimas”, pues desde ahí pueden vigilar sus movimientos.
“Ya no sé si es mejor ignorar la situación o saber que en la casa de al lado o en la que está enfrente de ti puedes tener a una persona secuestrada o a alguien que se dedica a eso.
“Es terrible saber que cualquiera de nosotros puede estar en la mira. Ellos nos conocen pero nosotros no sabemos a qué se dedican estos colonos nuevos ni qué cosas pasan detrás de las puertas de sus casas.
“Yo tenía unos vecinos que entraban y salían en sus autos, en un año creo que los saludé dos veces.
“De un día para otro en mi calle apareció un despliegue policiaco impresionante, policías por todos lados. Resulta que era una casa donde habían secuestrado a una persona. Uno como vecino jamás se imagina algo así. Esa vez sólo encontraron al vigilante”, recordó la señora De Rojas.




