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Un centenar de artistas, académicos y clientes del abrevadero se congregaron fuera para exigir y brindar por su pronta reapertura. Foto: Alejandro Meléndez
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30-Enero-2008

Parroquianos del DF uníos... por El Nivel

Arturo Páramo

Demandan a GDF y UNAM hallar una solución para reabrir la más antigua cantina local

Un centenar de personas, reunido frente al sitio donde se encontraba la cantina El Nivel, exigieron a la Universidad Nacional, al Gobierno del DF y a todos los parroquianos de la capital, unir esfuerzos para reabrir la cantina más antigua de la Ciudad, que el próximo 2 de febrero hubiera cumplido 153 años de servicio.

Más que una protesta, lo de ayer fue el inicio de una batalla legal –liderada por el perredista Marco Rascón– para exigir al Consejo Universitario y al rector de la UNAM, José Narro, que “extiendan el permiso correspondiente para que este lugar permanezca (...) como cantina y siga siendo llamado El Nivel”.

Rodeado de parroquianos, Rascón exigió también a los dueños de la licencia expedida en 1853 que “asuman su responsabilidad empresarial con sus trabajadores”.

Incluso demandó al Gobierno del DF que ayude a mantener abierta la cantina mediante la expropiación del inmueble ubicado en Moneda número 2, bajo la figura de “causa de utilidad cultural pública”.

Las propuestas son tan variadas como los cocteles que se preparan en la barra de una cantina e incluyen la posibilidad de crear un fideicomiso para mantener funcionando el Nivel y vender acciones entre los propios parroquianos.

Mientras Rascón leía su texto, la actividad no cejaba en torno. Tres hieleras eran llenadas de cerveza en la acera de Moneda.

Otros manifestantes colocaban cartelones solicitando la reapertura del local en la pared del edificio que comparte El Nivel, dos taquerías, la Fundación Herdez y el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad.

Los “goyas” al Nivel abundaron, hubo también consignas de “¡El pueblo está chupando... y el rector ya está temblando!”.

Los ex clientes del Nivel se mostraron ofendidos en extremo por el cierre del bebedero, en cuyos mingitorios se vaciaban hielos a falta de agua corriente, y donde el baño de mujeres estaba unos centímetros abajo del nivel del piso.

Sin ser el sitio con los mejores tragos de la ciudad, ni contar con la mejor “botana”, Rascón y los demás defensores del Nivel lo consideran “recinto del saber en la universidad de la vida”.

El 2 de enero, sobre la cortina metálica del Nivel se colgó el letrero de “Cerrado por remodelación”; sin embargo, dentro del local no se realiza trabajo alguno.

El cierre ocurrió por la insistencia de la UNAM por retomar el local, de su propiedad, y por el inminente vencimiento del contrato de arrendamiento.

Eso ha hecho que los parroquianos asiduos emigren a otras cantinas del Centro Histórico.

Ayer, los parroquianos se reunieron, brindaron, lanzaron consignas como si de una marcha se tratara, y portaron camisetas con la leyenda “¡En su barra, codo a codo, somos mucho más que dos!”, porque, aseguran, “¡También en las cantinas se enseña y se aprende!”

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