La implementación de la Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores en el DF provocará que se margine a los fumadores y los “arrinconen” confrontándolos con la población
La implementación de la Ley de Protección a la Salud de los No Fumadores en el DF provocará que se margine a los fumadores y los “arrinconen” confrontándolos con la población.
“Esta ley no debe promover la marginación de los fumadores, la reducción de sus espacios y ponerle una señal que los arrincone para que vayan a fumar”, indicó Jesús Salazar Velasco, coordinador de posgrado de Filosofía de la Universidad Panamericana.
“Un fumador nunca ha despreciado a quienes no fuman y ahora se corre el riesgo de sean señalados y que los vean con malos ojos. Esta ley es intolerante hacia el fumador”, dijo.
Consideró que la legislación capitalina no debe entrometerse en hábitos privados de la gente, como es fumar, y aunque la medida es buena, en cuanto a los objetivos de salud que persigue, no representa una real solución al problema.
En entrevista, dijo que la infraestructura y la forma de vida de los capitalinos no esta preparada para convertirse en una entidad ciento por ciento libre de humo ya que la nueva ley no estima una planeación o diseño de la ciudad, sino que antepone sólo la salud pública, lo que pone en problemas a los espacios públicos que deben adaptarse a la medida radical.
“La ciudad no se ha ido construcción en función de los fumadores ni de los no fumadores y sólo provee de servicios en función de otros puntos de vista”
Aseguró que la sociedad convive libremente sin imponer barreras entre quienes fuman y el hecho de que una ley lo establezca hará que las posturas se polaricen.
“La gente no está preparada socialmente. Se debe eliminar la supuesta pugna, lucha y antagonismos entre fumadores y no fumadores, en la ciudad no somos así, la gente: no se pelea por eso.”
Aunque la medida restrictiva es un hecho y su operación, aunque de manera informal, ya inició, propicia la marginación de las personas que fuman como una forma de “placer” personal que es legal y que no afecta a muchos, dijo.
La mejor solución para entablar una convivencia sana entre los que fuman y los que no lo hacen es la prudencia, consideró, y así los fumadores medirán la afectación que causa a los demás en casa, en la calle y en el trabajo, sobretodo hacia los niños y gente mayor, sin que implique aislarlos de la sociedad.
“Hay situaciones de convivencia en donde a la gente no le gustaría privarse de este placer. Nos hemos acostumbrado a cosas más indignas y mucho peores y la cultura se ha adaptado a ello”, apuntó el especialista.




