Su nombre es Mario Vargas, aunque personalmente se define como un cosmaker, es decir, un hacedor de cosplayers
Su nombre es Mario Vargas, aunque personalmente se define como un cosmaker, es decir, un hacedor de cosplayers.
“Hago los accesorios para cosplayers, como armas, espadas, cascos y varitas mágicas. Todo lo que esté dentro de mi campo de acción, desde báculos, hoces y cuchillos, hasta cascos y armaduras”, dice Vargas en entrevista con Excélsior.
Su inicio en este mundo plagado de hechiceros, héroes y poderes mágicos fue casi accidental, ayudando a amistades deseosas de convertirse en personajes de historieta o caricatura japonesa.
“Muchos de nosotros empezamos con la novia o la amiga, ayudándoles. Yo no hago cosplay (disfrazarme). Alguna vez sí lo hice, hace como diez años, pero entonces no se llamaba así”, recuerda el cosmaker.
Claro, la incursión de Mario en este mundo de quimeras tenía a su favor un aspecto muy importante: ser hijo de un herrero, hecho que le proveyó contacto cercano con herramientas que aprendió a operar desde pequeño, cual historia de género.
Esa circunstancia, aunada a su trabajo, le han permitido tener una segunda actividad económica, la de cosmaker, con la cual espera, en breve, abrir un comercio, en el centro de la Ciudad de México, donde despachar sus artículos de fantasía… a precios reales, por supuesto.
“Estamos planeando instalar una tienda donde vendamos accesorios para cosplayer. El plan es tener una tienda física y ahora estamos viendo el local y haciendo trato con distribuidores de varios aditamentos, como pelucas y maquillaje. Esperamos concretar la idea en dos meses”, cuenta Vargas.
Actualmente ofrece sus servicios bajo pedido a través de una simple cuenta de correo electrónico. Es decir, recibiendo pedidos prácticamente de puros amigos.
“En estos últimos seis meses, fácil, he recibido unos 15 trabajos. Eso entre conocidos. Después de la TNT (convención de historietas) tan sólo en esa semana, he recibido más de 20 correos pidiendo informes y solicitudes de presupuesto”, dice.
Lo cierto es que este cosmaker también tiene a su favor la dificultad implícita en fabricar armas de utilería. No es trabajo fácil. Quizá porque se trata de arquetipos, lo más exacto posibles, de objetos que aparecen en manga (historietas), anime (caricaturas) y juegos de video, es decir, que no existen en nuestra realidad.
“Lo que más piden son las armas, porque es lo más difícil de hacer, sobre todo las de anime y los videojuegos. Las de espadas-llave, por ejemplo, son muy complicadas y sólo puedes basarte en imágenes para reproducirlas”, explica.
Obvio, entre más difícil la confección, mayor es el precio.
“El costo de los accesorios depende del trabajo y los materiales. Los hay desde los más sencillos de 300 pesos, hasta unos muy complicados que demandan mucho tiempo. Lo más caro que he vendido fueron unas piezas de armadura en fibra de vidrio, por casi dos mil pesos.”
A esta dificultad se suma que, en este mundo de ficción, los objetos tienen que parecer reales, pero ser “seguros”. Una materia prima como el metal, lógica si se piensa en espadas, no existe en este universo.
“El metal, por más delgado que se maneje, es pesado. Por eso no hacemos armaduras de metal. Además, muchas veces llevan piezas orgánicas, como cuernos, y es complicado adherirlo al metal. Yo trabajo con fibra de vidrio y pintura para darle la apariencia.
“Las espadas tampoco pueden ser de metal porque hay restricciones en las convenciones. Finalmente se trata de un arma, un arma punzocortante, que, aunque no tenga filo, siempre implica un riesgo”, explica Vargas.
Y pese a que estas quimeras parecen buen negocio, Mario Vargas afirma tener un empleo “normal”, ligado al diseño gráfico, lo que no le impide soñar con el éxito de su futura tienda. Él sabe que el potencial de mercado está ahí.
“Hasta el momento no hay tiendas en México. He visto en convenciones que venden algunos accesorios, como orejas de gato. Otros traen a México reproducciones en metal de armas de Estados Unidos. Pero no hay nadie 100 por ciento dedicado a vender accesorios para cosplayer.”
Mientras, Mario ya tiene su primera meta: consolidar su tienda para luego brincar al ciberespacio, con un establecimiento virtual.




