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Pacheco estuvo flanqueado por los escritores Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, quien también llevó un mensaje de Sergio Pitol. Foto: Javier Otaola
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29-Junio-2009

Vienen silencio y más trabajo

Luis Carlos Sánchez

El poeta recibió ayer la Medalla de Oro de Bellas Artes y agradeció la “generosidad” que existe para con él

“Los jóvenes quieren a José Emilio Pacheco porque es uno más de ellos”, a decir de Elena Poniatowska. Son ese amor e identificación hechos a fuerza de humildad auténtica, del reconocimiento franco a sus lectores y de la conciencia de saberse mortal, los elementos que impulsan el espíritu del poeta. “El mérito no es de mi persona sino de los libros y lo que sus lectores y lectoras han visto en ellos, muchas veces para asombro de su autor”, concede él mismo a pesar de que ayer su presencia provocó tumulto y admiración.

El escenario era previsible: la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes no fue suficiente para dar cabida a los cientos de admiradores que acompañaron a Pacheco a recibir la Medalla de Oro de Bellas Artes, galardón que entregó el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, con motivo del Homenaje Nacional que se realiza al vate por su 70 aniversario.

“Es deber de un gobierno democrático, en una sociedad abierta y plural, reconocer a los grandes creadores, a los intérpretes de nuestro momento y de nuestra cultura, a quien ejerce la crítica social, política y cultural, a los constructores, pues, de nuestra propia cultura”, dijo Lujambio.

Pacheco agradeció a los presentes el gesto. “Estos actos son producto no de la justicia, sino de la generosidad. Me han dado ustedes muchas cosas, he recibido una atención que basta y sobra para el resto de mi vida”, dijo en medio de una ceremonia que se prolongó por más de dos horas, tarde de aplausos y recuerdos.

“Mi primer recuerdo de Bellas Artes es haber visto la adaptación de El Quijote hecha por Salvador Novo” dijo Pacheco.

Jornada de fraternidad desde el anonimato de cientos de asistentes; ofrenda de elogios y remembranzas de los escritores Margo Glantz, Carlos Monsiváis, Vicente Quitarte y Poniatowska. Saludos a la distancia, como el que hizo llegar Monsiváis de Sergio Pitol, “quien no pudo estar aquí, pero que está absolutamente a favor de tu homenaje y a favor de los homenajes a nuestra generación. ‘Que nos despidan bien’, dice”.

También asistieron la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar; la directora del INBA, Teresa Vicencio; la esposa del autor de Las batallas en el desierto, Cristina Pacheco, y poetas e intelectuales amigos del poeta, como Eduardo Lizalde, José de la Colina, Enrique González Rojo, Vicente Rojo y Federico Campbell, entre otros.

“Los jóvenes se arrodillan ante José Emilio Pacheco. Alta traición es objeto de culto y lo saben de memoria. El poeta José Emilio pide perdón, se hecha para atrás, dice que no, que por favor, que no es para tanto, que no es nada, que todos nos vamos a morir. Los jóvenes lo buscan para abrazarlo y afirmarle que lo adoran”, agrega Poniatowska.

Pero el poeta insiste: “He hablado como nunca y más que nunca en estas semanas. Llega de nuevo la hora del silencio, de callar y volver al trabajo”. Aunque sus lectores no saben de estas razones y estallan en un aplauso. Lo último que queda es un coro que entona las mañanitas y una larga fila que, paciente, espera a que Pacheco les dedique uno de sus libros, esos que, a decir del autor, son los causantes de todo.

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