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El hilo conductor de su nueva novela lo encontró a partir de una carta que le envió un asesino condenado a muerte en Estados Unidos. Foto: Daniel Betanzos
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16-Junio-2009

Todas las vidas de Beatriz Rivas

Virginia Bautista

A partir de usar su nombre como entrada en internet, la escritora cruzó historias de algunas de sus homónimas

Para la escritora Beatriz Rivas elegir es “maravilloso y terrible a la vez”, porque al escoger una carrera, una vocación, un amor o un proyecto “se reducen tus vidas posibles; esos otros destinos que pudiste experimentar se cancelan o se transforman con una sola decisión”. Por eso, en su nueva novela busca responder a la pregunta de cuántas vidas caben en un mismo nombre: el suyo.

La narradora escribe en Todas mis vidas posibles (Alfaguara) sobre otras Beatrices “plagiadas, reales, ficticias, inventadas y robadas”; mujeres que podrían ser ella y con las que comparte alguna pasión o temor: una vendedora de fármacos, una manicurista, una periodista asesinada en Ciudad Juárez, una senegalesa que anhela regresar a su país natal.

“Las vidas que narro cambiaron la visión sobre mí misma y supe que el destino es más astuto que nosotros, que tiene más experiencia y nunca se siente culpable”, comenta en entrevista la escritora de 44 años.

La autora de La hora sin diosas y Viento amargo comenta que la idea de su nueva novela surgió hace dos años, cuando, al buscar en internet comentarios sobre uno de sus libros, encontró que “salían” varias Beatriz Rivas con sus respectivas historias. Pero el hilo conductor se lo dio hace un año una carta de William Coday, un condenado a muerte en Estados Unidos que se impresionó con La hora sin diosas.

“Un escritor sabe que sus libros pueden llegar a cualquier mano. Pero conocer que uno de mis lectores era alguien que asesinó a dos mujeres a puñaladas y martillazos me dejó estupefacta. Además, porque sostuve correspondencia con él –nos enviamos unas diez cartas– (supe que) era un tipo culto. Estudió filosofía. Intenté visitarlo, conocerlo, pero no me lo permitió”, detalla.

Así, prosigue la también cuentista, periodista y tallerista, decidió ser un personaje más de su propia novela y que la historia de la Beatriz Uno fuera el eje alrededor del cual giraban las demás Beatrices que, al final, el lector se da cuenta que unas tienen que ver con las otras, que no son extrañas.

“Fue difícil escoger a los diversos personajes femeninos, pues me puse como requisito sentir su vida en el estómago, que me cautivara realmente. Mi búsqueda no fue intelectual ni me identifico con ninguna, excepto con la Uno, y quise contar cada historia de diferente manera”, añade.

La maestra en letras confiesa que la estructura literaria es un “divertido rompecabezas” en el que movió a las ocho Beatrices hasta que encajaron sin necesidad de un desarrollo cronológico ni temático. “El gran reto fue encontrar la voz particular de cada una, mantenerla y enriquecerla con la de las otras”.

Rivas dice que, tras la confección de esta obra, le surgió el imperioso deseo de vivir todas sus vidas posibles: estudiar derecho, ser senadora. “Todavía es posible. El secreto es no cerrarse a las posibilidades. En el fondo, por eso escogí ser escritora, porque la magia de la literatura te permite desdoblarte”.

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