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Como lo informó Excélsior el 1 de julio de 1959, José Vasconcelos deseaba que se le recordara sólo como escritor y no como político.
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06-Noviembre-2009

“Sería una injuria un entierro en la Rotonda”

Sonia Ávila

José Vasconcelos indicó, en una carta, que deseaba que sus restos mortales fueran depositados en un cementerio de aldea

“Un entierro en la Rotonda (de los Hombres Ilustres) sería para mi casi una injuria. (Quiero) un entierro completamente humilde en cualquier cementerio de aldea y acaso después el depósito en alguna capilla católica modesta”.

Esta fue la voluntad del pensador José Vasconcelos al morir, que dejó escrita en una carta dirigida a su yerno, Herminio Ahumada, antes de fallecer el 30 de junio de 1959, a los 77 años.

Los restos de Vasconcelos, junto con los del historiador Edmundo O’Gorman y del ex rector de la UNAM Javier Barros Sierra fueron elegidos por el Consejo Consultivo de la Rotonda de las Personas Ilustres para ocupar un lugar en ella.

Sin embargo, esta decisión no toma en cuenta la voluntad del propioVasconcelos, quien consideraba una ofensa depositarlos en la Rotonda, lugar donde “se hallan, entre otros, los restos del aviador que debe su gloria oficial a las persecuciones que consumó a mis amigos del vasconcelismo”.

A su muerte, el “revolucionario de la educación” seguía convencido de que le habían arrebatado el triunfo de las elecciones presidenciales de 1929, por lo que rechazaba cualquier homenaje institucional y prefería que lo recordaran como escritor.

“Considero que la ciudadanía tiene derecho a honrarme como escritor, mientras no me reconozcan como político. Ni siquiera banquetes, porque está pendiente un acto de justicia con los que murieron en la campaña presidencial de 1929”, argumenta Vasconcelos.

En la carta, el primer secretario de Educación Pública reconoce que hay escritores y políticos merecedores de ser enterrados en la Rotonda, pero insiste en que para él un cementerio modesto es suficiente.

“En los últimos meses han muerto tres miembros el Colegio Nacional, los tres fueron llevados al panteón de los Hombres Ilustres. No censuro la intención de rendir honores máximos, pero de una honra parecida para mí, hago mi violento repudio”, dice en el texto publicado el día de su muerte.

Como lo informó Excélsior tras su fallecimiento, a las 20 horas con 55 minutos del 30 junio de 1959 Vasconcelos cedió ante una serie de cinco ataques cardiacos, que lo acecharon desde la dos de la tarde del mismo día.

Pese a las atenciones médicas, que pronosticaban su mejoría, el noveno rector de la UNAM murió tomado de la mano de su hijo Héctor y su nieta María del Carmen Ahumada, en su casa, ubicada en Las Águilas.

“Qué venga Esperanza (su esposa), gritaba Vasconcelos en los últimos minutos de su vida”, detalla el texto, que cuenta que un sacerdote acudió a impartirle los santos óleos.

En el funeral, entre las celebridades de la cultura y la política, sobresalió el presidente Adolfo López Mateos, quien acudió a la casa de Vasconcelos para despedirse, antes de llevarlo al cementerio Jardín.

Andrés Henestrosa confirmó, en un texto publicado en Excélsioren 1994, que “el loco Vasconcelos”, en la víspera de su muerte, escribió una carta “iracunda” en la que habla del error de inhumarlo en la Rotonda, destinada a los defensores de una República en la que él ya no creía.

“El escritor de la Breve Historia de México nada tiene que hacer en un cementerio dedicado a los héroes de la Reforma masones del juarismo”, concluye Vasconcelos.

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