Al presentar El museo de la inocencia, su más reciente novela, el premio Nobel de Literatura turco dijo conservar su fe en la humanidad
GUADALAJARA.- El escritor turco Orhan Pamuk se declara abiertamente “optimista”, porque cree en el poder de la literatura para hacer feliz a las personas y en que el corazón humano “es igual” en cualquier parte del mundo. “La capacidad que tiene la humanidad para sobrevivir me hace ser optimista, así como el hecho de que su energía y su creatividad no se desvanecen nunca”.
El premio Nobel de Literatura 2006, quien visita México por primera vez para promover su novela más reciente, El museo de la inocencia, que acaba de publicarse en español, ratificó su fe en la literatura como comunicación y aclaró que su optimismo no significa que toda la humanidad sea buena, “pues hay algo de maldad en nosotros”, pero hay cosas positivas. “Al final del día sé que la humanidad intentará solucionar sus problemas”.
El novelista y ensayista dijo que prefiere escribir “honestamente” acerca de cómo se siente, porque sabe que lo que expresa lo piensan los demás. “En mis historias hablo de mí y lo que conozco. Para los escritores, el punto más fuerte es su autoconocimiento, conocerse a sí mismos y a la gente cercana. Pero estoy consciente de que cuando hablo de pobreza o represión política, 90 por ciento de la humanidad está viviendo así. Cuando escribo acerca de los turcos, lo hago también sobre la India o sobre México”, dijo.
“Vengo de una cultura preñada de historia, pero fallida por el derrumbe del imperio otomano. Es el mismo caso de México. Pero también ansío abrazar la modernidad. Noventa por ciento de la humanidad quiere la modernidad, busca nuevas formas de hacerse rico, pero para otra parte, la responsabilidad que sientes hacia la historia es tan fuerte que hay una división, un desgarro interior. Soy una persona que quiere escribir acerca del presente, como si fuera pasado.”
De traje gris y con un discurso elaborado, un tanto repetitivo, el autor de Estambul y Nieve señaló que lo más importante es ser feliz con lo que se escribe. “Uno puede ser feliz porque redactó dos buenas hojas, porque dio vida a una buena novela o porque hay lectores que gustan de tus historias. Pero la vida no siempre es así. Estoy programado para ser feliz con lo que escribo”.
El narrador de 57 años admitió que la infancia y la melancolía son dos temas cruciales en su obra. “Me interesa mi niñez porque la recuerdo bien, porque evocarla me demuestra cómo han cambiado las cosas. No soy un escritor nostálgico, aunque recreo mi infancia”.
Autor de Me llamo rojo y El castillo blanco, Pamuk admitió que al recibir el Nobel de Literatura ha escuchado la voz de los lectores del mundo. “Planeo mis libros sabiendo que hay más lectores que quieren verlos. El premio me dio nuevos lectores, me hizo más responsable”.




