Teresa Margolles mostrará en el pabellón oficial la exacerbación que ha tenido la violencia en el país
Sangre derramada en las calles por las víctimas de la batalla entre las organizaciones dedicadas al narcotráfico y el gobierno, cristales que quedaron regados luego de las balaceras, y mantas con las que cubrieron a los muertos son parte de lo que la artista Teresa Margolles recolectó en ciudades como Culiacán, Ciudad Juárez y hasta en el municipio de Ecatepec.
Estos objetos, entre otros, conforman la instalación ¿De qué otra cosa podríamos hablar? que se presenta en el pabellón de México en la LIII Bienal de Venecia, en el Palacio Rota-Ivancich, que data del siglo XVI.
“Desde la metodología cadavérica que Margolles representa, se muestra la exacerbación de la violencia que ha estado ocurriendo en los últimos años en torno a las batallas entre las organizaciones del tráfico criminalizado de las drogas y los intentos absolutamente fallidos del Estado por contenerlas”, explica Cuauhtémoc Medina.
El curador asegura que la obra de la artista confronta al espectador con “una negociación con el disgusto”.
“El trabajo de Margolles nos enfrenta a pensar en aquello que preferiríamos no registrar y establece preguntas para las cuales no hay respuestas a la mano”, indica.
Además, en este caso la pieza demuestra la libertad de expresión y la “oportunidad de utilizar la representación nacional para algo totalmente distinto que la decoración de los intereses ideológicos de la Presidencia y de la formulación de una ficción de modernidad simple y exitosa”.
Parte de la obra consistió en la transportación de los residuos de estas acciones violentas por algunos miembros del equipo de Margolles, así como por sus amigos, para hacerlos llegar a la sede de la bienal.
“Ha desarrollado algunas tácticas para transportar estos ‘materiales bajos’, para que de alguna manera no convencional crucen fronteras y espacios. Lo que Margolles hace es generar una combinación del arribo de estas sustancias a este lugar, su roce con la sensación de vetustez, decaimiento y cierta suciedad de un palacio que ha estado abandonado un cierto tiempo y el intento de establecer una negociación entre esta muerte y pobredumbre y el lujo”, señala Medina.
Es así que estos rastros de la fatalidad dialogarán con un recinto majestuoso, a decir de Medina, en una suerte de “evocación inmaterial fundada en una negociación con la decadencia de la generación perdida y asesinada de la clase concentrada en el norte que, prácticamente, hemos considerado desechable”.
La pieza de Margolles incluye además mantas ensangrentadas con algunos narcomensajes bordados en hilo de oro con las que se intervendrá la ciudad de Venecia, así como la acción de repartir diez mil tarjetas para picar cocaína con imágenes de gente muerta en los crímenes en la lucha contra el narco.
“Teresa tiene la necesidad de hacer entender que esta no es una cuestión de buenos y malos, los muertos son muertos, y por otro lado desea llamar la atención pública de que esto es el resultado de una locura acumulativa. Está clarísimo que la política del prohibicionismo de las drogas sólo produce tragedias”, considera Medina.
La obra de la artista se ha presentado en la Bienal de Liverpool (2006), La Colección Jumex (2007) y Kunsthalle Krems en Austria (2008). La exhibición de Margolles tendrá un catálogo que cuenta con ensayos de Medina, Ernesto Diezmartínez y Elmer Mendoza, entre otros.
Esta es la segunda ocasión en la que México cuenta con un pabellón en la bienal, considerada una de las más importantes del mundo, y es apoyado por Conaculta, el INBA, la SRE, la UNAM y el Patronato de Arte Contemporáneo.





