Inconforme con las injusticias del país, desde hace tres años Izoldak se ha manifestado gráficamente en contra de ellas.
Primero con stickers y luego con esténciles, la estudiante de sicología tomó un taller de serigrafía para aprender a producir sus materiales.
Izoldak es una de las pocas mujeres dedicadas al street art que se arriesga a pintar ilegalmente en la ciudad, tomando la variante que el esténcil ha tenido por años en torno a la crítica política.
“Hay una inconformidad dentro de mí respecto a la situación del país y se me hace importante no solamente salir a rayar las calles, sino utilizar esos espacios como una forma de manifestación, con imágenes que cuenten la historia contemporánea de México”, afirma.
Situaciones como la elección presidencial de 2006 y el paro de maestros en Oaxaca han inspirado la obra de la joven.
“Llegué a ver mucho esténcil en Oaxaca cuando fue el conflicto de los maestros y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Vi trabajos en internet de los chavos de ASARO (Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca), colectivo de esténcil y me sorprendió su habilidad y su temática”, explica.
El área de acción de Izoldak es cerca de su casa, en el rumbo del Ajusco. Además tiene un colectivo con jóvenes de su zona, dedicado a la creación cultural y la conciencia social.
A Izoldak la motiva la posibilidad de la urbe como un gran medio de comunicación de mensajes.
“La calle es la conexión de todas las personas, y la calle se vuelve un medio visual muy importante. De ahí nacen muchas expresiones que no siempre vas a encontrar en las galerías”, dice.
Pero el riesgo también la llama a plasmar su obra en la ciudad. Para ella no es tan sencillo trabajar con esténciles, pues tiene que sostener la plantilla sobre el muro y con la otra mano la lata de aerosol.
“Tienes que pensar un poco más en los riesgos. Me ha tocado darme a la fuga, correr es cotidiano.”
Izoldak ha acudido también a marchas, y mientras camina ha marcado sus mensajes en diversos espacios.
Sin embargo, añade, procura no dañar propiedad privada sino pintar sólo en espacios públicos.
Hasta ahora, Izoldak no ha sido convocada a mostrar su trabajo en instituciones, y cree que de hacerlo se pierde la esencia de estar libre en la calle.
“Lo veo complicado, porque el trabajo nace en las calles. Quizá es más fácil para quienes tienen un graffiti más artístico y menos político. Pero no tendría problema si me invitan.”




