La importancia del Taller de Gráfica Popular (TGP) radica en que ha sido fiel a sus objetivos: servir al pueblo mexicano, la solidaridad con otros pueblos y las luchas de obreros, campesinos y trabajadores, afirma el escritor y periodista Humberto Musacchio.
Autor del libro El Taller de Gráfica Popular (FCE) Musacchio explicó que la producción de TGP alcanzó la mayor altura estética en sus primeros 25 años (1937-1962), cuando la crítica colectiva se practicaba con todo rigor, lo que obligó a varios talleristas a repetir el trabajo.
El también columnista de Excélsior pone como ejemplos de este rigor estético La carta, de Leopoldo Méndez, de la que existen dos versiones, El puente, de Ángel Bracho, o el enfrentamiento entre taxistas y dorados que ejecutó Alfredo Zalce en dos técnicas.
“Esos primeros 25 años no estuvieron exentos de altibajos, pero predomina la brillantez en varios momentos. Ya desde entonces se advirtió que los talleristas tendían a repetirse y la influencia de los maestros inhibía la aparición de nuevas expresiones. Sin embargo, en los años siguientes, retirados los padres fundadores, poco se apreció el trabajo de quienes continuaron laborando en el TGP, pese a que produjeron y siguen produciendo estampas de alto mérito.”
El periodista recordó que el TGP logró la irrepetible conjunción de talentos que hubo en la primera época del Taller, en la que se encontraban Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins, José Chávez Morado, Fernando Castro Pacheco, Alfredo Zalce o el hoy olvidado Isidoro Ocampo, entre otros.
“De los extranjeros, hay que destacar la participación de quienes trabajaron temporadas más largas en el taller, como el checoslovaco Koloman Sokol, el ecuatoriano galo Galecio, el boliviano Roberto Berdecio, el francés Jean Charlot, que en 1922 volvió a poner en circulación el nombre de José Guadalupe Posada, olvidado desde su muerte en 1913; y muy especialmente el suizo Hannes Meyer, quien había sido el segundo de los tres directores que tuvo la Bauhaus, la escuela de diseño más célebre del siglo, cerrada por la hostilidad nazi en 1933”.
Mussachio aseguró que la presencia de esos personajes explica sobradamente la importancia internacional del TGP, que dio lugar a la creación de numerosas instituciones artísticas de Estados Unidos, Europa Oriental y otros países donde surgieron talleres similares que concedían gran importancia a la discusión y la crítica colectiva, aún cuando respetaban la expresión de los artistas en lo individual.
Algunos de sus pilares
Leopoldo Méndez
Fue el fundador del Taller de Gráfica Popular entre 1937 y 1952. Militó en el Partido Comunista Mexicano y tenía la convicción de que el arte debía usarse como un arma para los movimientos sociales. Empleó técnicas y materiales económicos, como el grabado, el cartel o el dibujo impreso, capaces de convertirse en una voz audible para todos y en todas partes. En su obra aborda temas como la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera, el Fascismo europeo, la educación socialista, los movimientos obreros y las injusticias del capitalismo.
Pablo O’Higgins
Originario de Estados Unidos, llegó a la Ciudad de México en 1924 invitado por Diego Rivera, con quien colaboró en los murales de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo. Fue fundador de la Sección de Artes Plásticas de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y del Taller de la Gráfica Popular. Alternó trabajos de denuncia y concientización social, con pinturas que recuperaban las actividades del pueblo y de los trabajadores, así como la presencia del campo y el paisaje mexicano.
Hannes Meyer
Arquitecto alemán de ideología marxista, que rechazó todo estética en beneficio de un estilo constructivista radical. Se nacionalizó suizo y en 1927 fue invitado a la Bauhaus de Dessau como profesor, institución que dirigió desde 1928 hasta 1930 como sucesor de Walter Gropius. Más tarde, fue despedido por su actitud crítica hacia esta escuela. Entonces partió para Moscú, donde enseñó urbanismo hasta 1936; después trabajó en Suiza y, desde 1939 a 1949, en México, donde reactivó la labor del Taller de Gráfica Popular, junto con otros artistas extranjeros afines ideológicamente, como los exiliados españoles.





