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29-Junio-2008

Estética adhesiva

Édgar A. Hernández

El movimiento de sticker es para el curador Guillermo Santamarina una extensión del grafiti, aunque tiene la ventaja de que se puede hacer una intervención pública con una gran economía de tiempo y con mayor cuidado en sus cualidades gráficas.

“Como sucede en todas las manifestaciones artísticas, porque sí creo que el sticker es una manifestación artística, empieza como un gesto muy primitivo y básico que con el tiempo se va depurando. Ya no es suficiente el gesto, sino que se va cargando de una estructura semántica más compleja, que se comunica con un grupo muy cerrado”, explicó el curador.

El también director del Museo Experimental El Eco recordó que las primeras huellas que hubo en este tipo de pegatinas aparece en los 70 en Holanda y Japón, para después llegar a Nueva York y tener un gran desarrollo hasta la década de los 90.

“En México aparece tarde, pero llega con una visión más amplia de lo que puede ser el grafiti, porque viene acompañada de una nueva oferta estética que está más ligada al pop y al conceptualismo. Casualmente en las escuelas de arte se da un gran interés por hacer este tipo de trabajos y por reconocerse en un espacio público, ya que además no había espacios donde exponer su obra”.

Santamarina señaló que después de que en la década de los 80 el grafiti tuvo su apogeo en la ciudad, las instituciones fueron cooptándolo mediante los talleres que se hicieron en la ciudad, donde al mismo tiempo generó un refinamiento en el trazo.

“En esa depuración del grafiti también aparece el sticker, que primero es muy grande y con el tiempo va adquiriendo el tamaño pequeño que actualmente conocemos, además de que empieza a hacerse más sofisticado y cargado de cierto sentido, que no sólo es la presencia en el espacio público.”

El sticker, indicó el curador, es un trabajo más elaborado, que retoma un tipo de fuentes e imágenes relevantes para una generación, por lo que la reproducen y las convierten en iconos.

“Son cosas tan diversas como Cepillín o Terminator, pero que son afines generacionalmente y comunican sólo entre miembros de esa generación. Lo que no sucede es que se carguen de un proyecto político, sino todo lo contrario, son expresiones apolíticas que incluso desaparecen de la calle ante la invasión de toda la basura propagandística.”

El también ex director de Ex Teresa Arte Actual explicó que mientras el grafiti es una expresión mucho más feroz, el sticker alude más al caos y a cuestiones relacionadas con la diversión, ya que quienes los hacen son cada vez más jóvenes.

“La niña de diez años que hace el sticker en la computadora de su papá y la imprime en su casa no va a tener la energía ni el valor de un adolescente de 17 años que toma un bote de pintura y sale a la calle a pintar.” El sticker, abundó, tiene la cualidad de que se coloca en la calle de forma rápida, aunque el trazo haya sido trabajado durante días, además de que se vuelven objetos de colección que se intercambian en todo el país e incluso en el extranjero.

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