El mundo sufrió un ataque ninja. Miles de figuras vestidas de negro invadieron las calles desde hace unos ocho años.
Son la creación del Dr. Rabias, un periodista que dejó el trabajo de la redacción para divertirse transgrediendo el entorno urbano.
Desde estampas hasta carteles o esténciles, el ninja ha marcado no sólo la Ciudad de México, sino que ha llegado hasta Rusia, Colombia, España y Argentina.
Aunque ha expuesto su obra en galerías nacionales e internacionales, asegura que no hay nada como la libertad que da trabajar en la calle.
“En la calle haces lo que se te da la gana, dure o no dure. Le tomas una foto y ya. El street art es pertenencia, es desmadre, es diversión, y te brinda la oportunidad de gritar tu existencia”, afirma el también ilustrador, quien prepara un libro infantil.
En esta labor, no ha faltado el encuentro con los policías, quienes piden una suma para evitar la multa de 900 pesos.
“Es una excusa perfecta para que se alleguen recursos para el desayuno, la comida o la cena”, dice.
Ante la falta de libros o textos que documenten el desarrollo del street art en México, Dr. Rabias se alió con Mr. Fly para publicar la revista Cut desde hace un año, que se vende en tiendas especializadas.
La selección de trabajo para cada número de la publicación es difícil, dice, pues la cantidad de stickers y esténciles que hay en el país es infinita.
“El grueso de lo que hay en términos de street art en México son calcomanías, y muchos dicen que son muy malas, que son una basura y que han perdido sentido porque se repite mucho, no hay originalidad o se toman imágenes prefabricadas de marcas o caricaturas, pero nosotros creemos que sí hay talento”, señala Dr. Rabias.
El colaborador para revistas como Gorila y FHM considera que algunos de los artistas urbanos que ahora muestran su trabajo en las galerías, especialmente los más jóvenes, aceptan por tener algo qué presumir en sus vidas.
“Y hay unos muy buenos, pero le apuestan a eso porque es lo único que tienen”.
Dr. Rabias cree que el arte urbano impacta socialmente en muchos sentidos.
“Por un lado hay mucho valemadrismo, pero empieza a haber disgusto porque las calcomanías o las pintas empiezan a dañar inmuebles. También hay gente que se sorprende y cuando va a las exposiciones quiere que sus hijos lo hagan también”.





