En el pequeño Torsby, el técnico es querido y respetado, y todos saben que Sven-Göran acaba de ser nombrado entrenador del equipo mexicano
TORSBY, Suecia.- “No necesita decirme a qué ha venido”, me interrumpe la mesera de la cafetería Wienerkondoriet, con una gran sonrisa, cuando acabo de presentarme y empiezo a explicar mi interés por preguntar algo.
“Ya lo sé: usted viene a escribir algo sobre Svennis”. Y, ante mi desconcierto, lanza una enorme carcajada al tiempo que asienta un latte humeante sobre la mesa.
“Lennart”, dice, dirigiéndose a uno de los parroquianos que comparten otra de las mesas. “Aquí preguntan por Svennis”.
Pues sí. ¿Qué otra cosa puede estar haciendo un periodista mexicano en esta remota región colindante con Noruega, más cerca de Oslo que de cualquier ciudad importante de Suecia?
Los locales aún recuerdan, y no con mucho agrado, cuando un centenar de paparazzi ingleses tomó por asalto el pequeño poblado, de cinco mil habitantes, poco después de que Sven-Göran Eriksson fuera nombrado director técnico de la selección de futbol de Inglaterra en enero de 2001.
“Puede hablar con Lennart, él lo conoce muy bien”, sugiere la mesera, antes de desaparecer por la puerta de la cocina.
Y Lennart Zetterlun me hace una señal de que se acercará a mi mesa una vez que concluya la conversación con sus amigos, quienes discuten animadamente mientras señalan algo en el periódico.
En Torsby aparentemente nadie desconoce el nuevo destino laboral de su hijo más célebre. Para los despistados, la radio local dio cada hora la noticia de que Eriksson es el nuevo entrenador del Tri.
Por casualidad yo había caído en uno de los lugares que frecuenta cuando visita el pueblo donde aún residen sus padres y su hermano y donde pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia.
Y es que era el único lugar abierto cuando el tren se amarró en la pequeña estación del poblado, la última parada de la ruta, luego de cinco horas de viaje, en dos tramos, desde Gotemburgo.
También por casualidad estaba sentado frente al portero del primer equipo en el que jugó Eriksson, el Torsby IF, que entonces competía en la tercera división del futbol de Suecia.
“Allá afuera él será el famoso entrenador Sven-Göran Eriksson, pero aquí, en Torsby, él es simplemente Svennis, amigo de todos nosotros”, me dice, de entrada, Zetterlun.
Con el paso de las horas, me daré cuenta de que hay una verdadera devoción por Eriksson en este pueblo y que sus habitantes están todavía resentidos con muchas de las cosas que se escribieron sobre él en la prensa británica cuando tuvo el mando de la selección inglesa.
“Dijeron cosas muy feas, mentiras que lastimaron a su familia y también a todos nosotros”, me explica la dependiente de una tienda. “Es mejor ni siquiera recordarlas”.
La primera sorpresa que me llevo es saber que Eriksson no nació en Torsby, como afirman todos los medios internacionales desde hace años, sino en Sunne, una localidad a unos 35 kilómetros de aquí. Cuando Eriksson tenía dos o tres años de edad (nació en 1948), sus padres se mudaron a Torsby, donde nació su hermano menor, Lars-Erik.
Sonne ocupa la ribera sur del espectacular lago Fryken, un cuerpo de agua estrecho y profundo, en cuyo extremo opuesto se encuentra Torsby.
La región es de una belleza extraordinaria. Dedicada anteriormente a la agricultura y la maderería, esta porción boscosa de la provincia de Värmland se ha reconvertido al turismo y los servicios.
Aunque aquí subsisten las tiendas de maquinaria agrícola, aparentemente la mayoría de los antiguos campos de cultivo están sembrados de césped que después se comercializa en grandes rollos perfectamente empacados.
Mientras que Torbsy se ha especializado en el turismo de invierno –tiene excelentes pistas de esquí–, su vecino del sur lo ha hecho en el turismo de verano, para lo que construyó un parque acuático.
A fin de no quedarse atrás en la época de calor, Torsby tuvo una idea singular: un túnel refrigerado donde se puede esquiar y que es usado por los equipos nacionales de varios países que entrenan todo el año. Mientras la temperatura externa es de 30 grados, adentro están a dos bajo cero.
La comuna de Torbsy tiene también una intensa relación con Noruega. Todos los días, miles de suecos que habitan cerca de la frontera viajan hacia aquel país para trabajar en distintos oficios por los que reciben hasta el doble del salario que se les pagaría en Suecia.
Pero el movimiento también se da al revés. Los noruegos e incluso holandeses han comprado casas en la ribera del Fryken, aprovechando la diferencia de precios.
Y los centros para acampar están llenos de casas rodantes con placas de Noruega. El inusual calor que se ha sentido estos días en el sur de Escandinavia – producto del cambio climático, dicen—tiene muy contentos a varios empresarios de esta región.
Cuando sus padres se reubicaron en Torsby, en una pequeña casa de la calle Åstagan, Eriksson comenzó a asistir a una pequeña escuela llamada Holmesskolan, una escuela que tiene fama internacional por sus innovaciones pedagógicas, especialmente en matemáticas. Para jugar futbol, debía remontar una pendiente que conduce a la escuela principal del pueblo, cuya cancha cuidadosamente empastada y circundada por una pista de tartán no ha cambiado mucho desde que el hoy famoso técnico aprendió a patear el balón.
Sobre sus inicios como jugador de futbol, aquí se recuerda que Eriksson era un muchacho demasiado delgado pero rápido, que cumplía bien con las labores defensivas sin llegar a ser una estrella.
Sven padre fue chofer de camión, entre otros empleos.
Ulla, la madre de Eriksson, era dependiente de una tienda de autoservicio de la cadena Pressbyrån frente a la estación del tren. Se dice que el gusto por el futbol se lo inculcó su padre, quien es fanático y permanentemente sigue el desarrollo de las principales ligas europeas.
“Mi esposa trabajó con la madre de Svennis”, me dice Zetterlun. “Así de relacionados estamos en Torsby.
Todos nos conocemos”.
Le pregunto cómo era Eriksson como estudiante.
“Muy bueno, muy ordenado”, me responde. Como eso puede parecer una obviedad en un pueblo que parece una casa de muñecas, le pregunto si más que los demás alumnos. “Sí, por supuesto, destacaba por eso”.
¿En qué más destacaba?
Era un saltador de esquí muy competente, sobre todo en la rampa de 60 metros.
De 64 años de edad, pelo cano, ojos azules de mirada profunda, Lennart Zetterlun fue el sepulturero del pueblo durante muchos años. También trabajó como carnicero y jugó futbol y hockey sobre hielo, en ambos deportes en la posición de portero.
Actualmente es el encargado –dice, riendo—de dar de comer a medio pueblo cuando hay alguna reunión. Una de ellas ocurrió hace una década cuando Sven- Göran Eriksson vino a Torsby para inaugurar la alberca del pueblo, para cuya construcción el famoso entrenador donó el dinero.
“Luego hubo un discurso de él, frente a centenares de personas. Dijo que se sentía orgulloso de sus raíces, de ser originario de Torsby. La gente aplaudió mucho y le manifestó su cariño”.
¿Y dónde estaba usted mientras él hablaba? Me apuraba para cocinar a tiempo 400 hamburguesas para los hambrientos asistentes.
Hace años Eriksson compró una propiedad en la ribera del lago, a medio camino entre Torsby y Sonne.
Si uno no conoce la ubicación, es fácil perderse, pues la granja prácticamente está oculta de la vista de quienes transitan por la carretera que bordea el lago.
No lejos de ahí, en Mårbacka, nació hace casi 150 años la escritora Selma Lagerlöf, primera mujer en ganar el premio Nobel de Literatura, en 1909. La casa donde vivió, en Sunne, es actualmente un museo.
Desde 1991, su rostro adorna los billetes suecos de 20 coronas.
Por lo que se alcanza a ver desde afuera de la propiedad de Erisksson, ésta consiste de tres casas color crema, de muy buen gusto, una de las cuales es ocupada por sus padres, a decir de los lugareños.
Desde la brecha arbolada que pasa frente a la propiedad puede apreciarse una cancha de tenis y un embarcadero.
Hasta ahí llegaron los paparazzi hace siete años. Algunos incluso rentaron lanchas para poder tomar fotografías desde el agua.
Aunque destaca entre las sobrias casas de madera de la región, no puede decirse que sea una mansión.
Por ello, los gustos locales del nuevo entrenador de la Selección Mexicana contrastan con el estilo de vida que llevaba como director técnico del Manchester City, si nos atenemos a lo que publicó el martes pasado el diario Manchester Evening News: que vivía en una suite de mil 500 libras esterlinas al día (o mil 100, con descuento) y diario hacía costosas comidas en el restaurante del hotel.
“Cuando viene aquí, es uno más de nosotros”, insiste Zetterlun. “Él no ha cambiado, no se le ha subido.
Aquí viene, se sienta, tomamos café con él y hablamos de la salud de nuestros padres”.
Hay veces que la visita de Svennis a su pueblo se prolonga. En esos casos, sobre todo en verano, se queda algunos días en la casa de su principal amigo de infancia, el también futbolista Lars Inge, con quien sale a jugar golf en Oleby, el pueblo vecino.
De Torsby es también el entrenador Gunder Bengtsson, vecino y asistente de Eriksson en el IFK de Gotemburgo, equipo que Eriksson puso en el mapa del futbol europeo al ganar la copa de la UEFA en 1982. Tras de suceder a Eriksson, Bengtsson repitió la hazaña en la temporada 1987. Son las únicas dos veces que un club sueco ha alzado un trofeo continental.
Después de haber jugado con el Torsby IF en los años sesenta, Eriksson pasó al Degerfors IF, un equipo de la región. Ahí conoció a Tord Grip, uno de sus actuales asistentes. Diez años mayor que él, Grip entrenaba al equipo cuando Eriksson sufrió una lesión que lo retiró como jugador. Después, Eriksson sucedió a Grip como director técnico. Más tarde, en 1979, fue contratado por el IFK de Gotemburgo y allí empezó su trayectoria estelar en el futbol europeo.
Pero en Torsby no todo es historia. Cada mes de agosto se realiza el Svennis Cup, un torneo en el que participan 150 equipos de la región, de jugadores menores de 14 años de edad.
Uno de los prospectos más recientes en salir del pueblo es Marcus Berg, quien a sus 21 años de edad juega en el Groningen de la liga holandesa y actualmente interesa al poderoso equipo Ajax. Berg ha seguido los pasos de Eriksson jugando en el Torsby IF así como en el IFK de Gotemburgo, donde fue campeón goleador de la temporada 2006-2007.
Pero con toda su aureola de conquistador de Europa, Eriksson sigue siendo para Zetterlun y muchos otros habitantes de Torsby “un vecino más”. El antiguo portero de su primer equipo toma mi pluma y garabatea unas líneas para su amigo en una hoja de papel membretado de hotel.
“¡Hola, Svennis!”, escribe en sueco. “Saludos de Lennart Z. Aquí en el kondi me encontré con este reportero”. Y firma con una expresión tradicional en el pueblo: “Hadebra (que tengas un buen día)”.




