El joven piloto mexicano fue tercer lugar en la final de la Fórmula BMW, celebrada en el autódromo Hermanos Rodríguez
El escenario estaba preparado, no había mañana, el campeonato mundial de la Fórmula BMW estaba en juego y con él la posibilidad de hacer el sueño de cualquier piloto realidad, una prueba en un bólido de la Fórmula 1.
Pese a la fría mañana, el piloto regiomontano Esteban Gutiérrez pudo calentar el asfalto y encender el ambiente de los pocos, pero eufóricos y ruidosos asistentes .
Tras las rondas eliminatorias el máximo exponente nacional pudo hacerse de la pole position por delante de Michael Christensen , Daniel Jucadella y Alexander Rossi, Gutiérrez arrancó desde el primer lugar de la parrilla de salida, buscando ser profeta en su propia tierra.
Los motores rugieron con toda su intensidad anunciando una batalla épica. El hambre de triunfo entre los 21 pilotos era evidente, nadie quería perderse la oportunidad de mostrar sus capacidades, en lo que tal vez sería la fecha más importante en sus jóvenes carreras.
Así uno a uno fueron desarrollando las estrategias que sus equipos les habían planteado: tomar la chicana y salir disparados hacia la recta para buscar ganar posiciones, parecía un fin común en el camino a la gloria.
Cada posición la peleaban como si fuera la del triunfo. Todos sobre Esteban y detrás, el otro mexicano, Picho Toledano, tratando de recuperar lugares, pues detrás del pelotón, desde la decimosexta posición, el panorama no lucía prometedor.
Sin más, Esteban cayó al tercero. Sus manos y sus agallas lo llevaron a recuperar un peldaño, pero al final sólo alcanzó el último escalón del podio, algo que, posteriormente expresó, no era lo que él esperaba: este joven es un ganador.
Al final la bandera a cuadros había caído. De nueva cuenta un piloto nacional se había quedado en la orilla, el triunfo del norteamericano, Alexander Rossi, seguido de cerca por el danés Michael Christensen, habían relegado a Esteban Gutiérrez a la tercera posición y con esto la fantasía de ver de nueva cuenta a un mexicano a bordo de un Fórmula 1, aunque en esta ocasión fuera sólo en un test, se diluyó.
De Picho ni hablar, hizo lo que pudo y por momentos logró rodar en la décima posición, pero al final un par de contactos que lo dejaron sin alerones y con la suspensión dañada no le permitieron ir más allá de la misma decimosexta posición en la que arrancó.





