Una lección de feminismo
Clara Scherer
29-Ene-2010
La “independencia” de las mexicanas no fue en 1810, sino el día en que se generalizó el uso de los anticonceptivos.
Hace años, mi maestra de filosofía política, Margarita Dalton, dijo: “Lo que hay que pensar en cada circunstancia es que ninguna propuesta política afecta por igual a mujeres y hombres. Por eso, es importante reflexionar sobre las consecuencias que un cambio en el sistema político, de cualquier país, puede tener para el género humano”.
Las historiadoras (Joan Scott, Bonnie Anderson, Carmen Ramos) han llegado más lejos: Y mucho menos, los grandes momentos en la construcción de las naciones produjeron los mismos efectos en la vida de mujeres y hombres. Por ejemplo, el Renacimiento no fue tal para las mujeres (Joan Kelly). Siguiendo esta idea, muchos afirman que la “independencia” de las mexicanas no fue en 1810, sino el día en que se generalizó el uso de los anticonceptivos.
Ahora, habría que pensar la propuesta de reforma política en clave de género. ¿Qué pasará a las mujeres que aspiran a las presidencias municipales, con las modificaciones presentadas? Si se acepta, les recomiendo que tiren al río más cercano su sueño de ser alcaldesas, porque si hay reelección de munícipes y se considera la posición desigual que hoy ocupan, nunca lograrán alcanzar esa meta. No hay más de 3% de mujeres en esos cargos y, con las prácticas poco cristalinas, como la de las llamadas juanitas, muchas menos alcanzarán esa posición.
¿Cómo afecta la segunda vuelta a las mujeres? No lo sé, pero me puedo imaginar, con base en los recuerdos y suponiendo que en los tiempos en que Cecilia Soto logró el registro (1994) para el PT, si lo hubiera habido, ¿qué hubiera pasado? ¿O con Patricia Mercado, en 2006? Aparte de que hubieran sido prácticamente ajusticiadas por darle el triunfo a uno u otro, no creo que mucho más.
El tema de la reducción de diputados plurinominales, según han dicho diversos analistas, entre ellos Dulce María Sauri, logrará que las mujeres seamos virtualmente un adorno en las cámaras. Y no sólo nosotras, que somos mayoría, sino cualquier minoría será prácticamente anulada. No pasaríamos de 10%, ya que los partidos políticos son camarillas que apoyan a sus congéneres y, las mujeres que logran pasar, son fácil blanco y se les puede sacar por cualquier motivo. Para que un grupo pueda influir en las lides legislativas, es necesario que posea una representatividad mayor de 30%, según estudiosos del tema a nivel mundial. Por eso, la necesidad de las cuotas.
Es decir, la propuesta de reforma política que hoy se discute en el Senado y en otros espacios, debería tener como componente esencial esta simple consigna de sentido común: cualquier medida política no afecta igual a mujeres y hombres. Con la reflexión sobre las consecuencias, podría hacerse una mejor reforma, en la que 53% de la población sea reconocida plenamente en sus derechos políticos y cuyo corolario sería una mayor calidad de vida para todas y todos. Tristemente, más de la mitad de la ciudadanía no hemos sido consideradas en las discusiones en torno al país en el que queremos vivir. Porque, como lo dijo Arnaud Peral, representante del PNUD: “El tema de género es un pilar fundamental para el desarrollo de un país”, así que nosotras seguiremos demandando los espacios y derechos que nos corresponden.
*Licenciada en pedagogía y
especialista en estudios de género
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