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Reemplazos en la SEP
Carlos Ornelas
20-Ene-2010
Desde que Alonso Lujambio asumió el mando, muchos comenzaron a preguntarse cuándo se daría el relevo. Los candidatos obvios a separarse del cargo eran los subsecretarios (con excepción del yerno de Elba Esther Gordillo). Se cumplió el pronóstico: se van Miguel Székely y Jorge Santibáñez.
El 14 de enero la Secretaría de Educación Pública anunció movimientos en su alta burocracia. Desde que Alonso Lujambio asumió el mando, muchos comenzaron a preguntarse cuándo se daría el relevo. Los candidatos obvios a separarse del cargo eran los subsecretarios (con excepción del yerno de Elba Esther Gordillo) y el personal cercano a la ex secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota. La semana pasada se cumplió el pronóstico: se van Miguel Székely, subsecretario de Educación Media Superior, y Jorge Santibáñez, responsable de la unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas.
Jorge Santibáñez hizo una deposición herética, algo no acostumbrado por la clase política. Declaró: “No me voy. Las cosas hay que decirlas como son. El secretario (Alonso Lujambio), en ejercicio de sus atribuciones, me solicitó que me separara de la Secretaría. Lo cual ni me sorprende ni me molesta” (Reforma, 15 de enero). En la misma nota, Miguel Székely, sin ocultar que fue despedido, explicó: “El motivo de mi salida de la SEP son los ciclos políticos, cambio de prioridades, conformación de nuevos equipos de trabajo. No es ningún secreto, así sucede cuando cambia el titular de una institución”.
De acuerdo, es lo usual en los juegos políticos de la burocracia mexicana, pero no tanto. Por lo general, los reemplazos se dan casi de inmediato al arribo del nuevo jefe y hoy pasaron meses. Quiero explorar tres conjeturas, no excluyentes una de otra, para explicar el asunto.
Según Max Weber, con el fin de legitimar su acción política, la burocracia se ve obligada a ofrecer servicios a la población y que ésta acuse recibo de que se prestan con eficacia. Esta teoría explicaría la remoción de Székely y Santibáñez como un movimiento necesario para que la política educativa del gobierno alcance mayores grados de empuje y, en consecuencia, amplíe la legitimidad del régimen. Esta presunción no encaja mucho como explicación racional. Por una parte, como ya lo apuntó Miguel Ángel Granados Chapa, los reemplazantes no se acercan a la calidad académica de los funcionarios desplazados. Por otra parte, hay pruebas de que los despedidos “hicieron la tarea”: pusieron en movimiento a segmentos burocráticos anquilosados, tanto en la educación media cuanto en la búsqueda de mecanismos para disminuir la venta y herencia de plazas.
Mi intuición (y cierto conocimiento del asunto que he tratado desde mayo de 2008 en esta columna) me impulsa a conjeturar que al presidente Calderón le interesa mantener su alianza con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Dado que el pacto firmado con Elba Esther Gordillo, la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), ya rindió lo que podía alcanzar, hoy la misión del secretario es mantener vivas ciertas expectativas de cambio y ofrecer garantías al SNTE de que habrá una mejoría en la relación política.
Esta suposición tal vez esclarezca la remoción de Jorge Santibáñez, quien levantó una pared de contención a las exigencias del SNTE, organizó los primeros exámenes de admisión a la carrera docente y quería instrumentar concursos para las plazas de director de escuela y supervisor. Aunque el secretario Lujambio ya había concedido al SNTE la salida de Santibáñez de la Comisión Rectora de la ACE, el sindicato seguía presionando para alcanzar su expulsión.
La tercera conjetura se enmarca en la política azul y el deseo evidente del secretario Lujambio de ser el candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia en 2012.
En todo el mundo, los partidos políticos luchan por que sus cuadros comanden la administración pública y los jefes que llegan a los ministerios se hacen acompañar por su gente de confianza. Es el caso de Miguel Ángel Martínez Espinosa, quien reemplazó a Székely, un cuadro panista de raigambre, con experiencia en el medio, y Francisco Ciscomani, quien disfruta de la amistad del secretario y ya ejecutaba algunas de las tareas del área de la que hoy es responsable.
La preocupación que me embarga es lo que va a pasar con la educación nacional. La básica ya está en manos del SNTE y parece que el secretario no se aplica de lleno a su tarea, que la turna con presentaciones de libros, y los nuevos funcionarios traerán a sus allegados, cuando a este gobierno le queda menos de la mitad de su vida.
*Académico de la UAM
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