Buscar a un Autor

  •  De:  
     Para:  
     Email Amigo:
    CERRAR x

Dinamitar el barco

Carlos Ornelas
09-Dic-2009
En 2008 y 2009 se realizaron concursos, pero más que mostrar un avance de la tendencia meritocrática, fue una reafirmación de que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación transó (de nuevo) a la SEP y al gobierno.



Los hombres de Estado, decía Raymond Aaron recordando a Maquiavelo, miden el efecto político de sus acciones pensando más en el futuro que en el presente. Parece que se preocupan poco por las opiniones adversas de sus opositores, su interés principal es mostrar coherencia entre discurso y acción políticos. Su trascendencia depende de la envergadura de su acción y de la fortaleza en la conducción del Estado. Cf. Bryan C. Anderson, Raymond Aron: The Recovery of the Political Reason (Rowman and Littlefield, 1997).

Los discursos recientes (los escritos, no los improvisados) del presidente Felipe Calderón indican ese afán de trascender; sus decálogos están llenos de planteamientos de reforma, de dejar atrás “lo posible” para trabajar en “lo necesario”. La educación forma parte de su retórica e insiste, al igual que la presidenta del SNTE, Elba Esther Gordillo, en que el camino es la Alianza por la Calidad de la Educación. Con la ACE, el Presidente enterró su programa sectorial de educación 2007-2012 y puso a los guías de la SEP, primero a Josefina Vázquez Mota y después a Alonso Lujambio, en situación de dependencia respecto a la camarilla que controla al sindicato. En la educación básica nada se puede hacer sin el consentimiento de su grupo dominante y, para garantizar que así sea, el yerno de la lideresa, el subsecretario González Sánchez, se encarga de “llevar el timón de ese barco”.

La metáfora del barco puede ser útil para calibrar cómo se recordará la política educativa de Felipe Calderón. Tal vez algún allegado al Presidente arguya, sin que le falte razón, que la educación ya naufragaba cuando él asumió el mando. En efecto, de acuerdo con las evaluaciones disponibles, la educación básica de México está a la deriva: su calidad es baja; desde hace décadas reproduce las desigualdades sociales; su administración, burocrática, lenta, rutinaria, cerrada a la innovación, plagada de tradiciones corruptas (como la venta y la herencia de plazas) y el SNTE ya había colonizado amplias áreas de todo el andamiaje institucional. Él recibió el barco a punto de hundirse.

Y ya que debía favores electorales a la señora Gordillo, además de entregarle más parcelas a sus fuerzas colonizadoras (como el ISSSTE y la Lotería Nacional), el Presidente decidió pactar con ella una reforma para evitar que el barco hiciera más agua. Creo que hay pruebas (circunstanciales, como dicen en las películas estadunidenses) de que, a cambio de tanta canonjía y futuras recompensas a los maestros mediante el salario, las prestaciones y mayores recursos para la “rezonificación”, el SNTE debería aceptar el fin de la venta de plazas.

La historia ya es conocida, se firmó la ACE, se elaboró una presentación en power point, se negociaron aspectos cruciales entre la SEP y el SNTE, en especial la cuestión de sujetar las plazas a concurso y, en cada acuerdo, el gobierno pierde terreno, a pesar de la apariencia de que el cambio “es de a de veras”.

Cierto, en 2008 y 2009 se realizaron concursos, pero más que mostrar un avance de la tendencia meritocrática, fue una reafirmación de que el SNTE transó (de nuevo) a la SEP y al gobierno. Nuestra joven periodista Lilian Hernández, en un reportaje de investigación, muestra la mera neta (Excélsior, 26 de octubre). Sus datos no dejan lugar a vacilaciones: en el concurso de 2009, el SNTE recurrió al dedazo para otorgar más de 50% de las plazas de nueva creación (sin contar que además se hicieron chapuzas para otorgar un montón de vacantes y otras incidencias por la vía tradicional). En el de 2008 se tuvo que dar marcha atrás en varios estados.

Algunos colegas critican mi negación a ver la copa medio llena. Mas estoy convencido de que los discursos del Presidente no son los de un hombre con vocación de Estado, como diría Raymond Aaron. Los hechos, no las palabras, son los que sellarán su trascendencia. Si en realidad él buscara congruencia entre su decir y su hacer, por el bien de la educación pública, daría marcha atrás en la ACE. Sin embargo, tengo la impresión de que se aferró a ella y no mide las consecuencias de su obrar político. Y, si no hay cambio de rumbo, parecería que, en lugar de poner a flote un barco que se hundía, vino a ponerle dinamita.

Carlos.Ornelas10@gmail.com

ENVÍA TUS COMENTARIOS

Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a tus los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN

Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.

Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.

Nombre:
Comentarios:
Filtrar
Loading...