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El mundo es un pañuelo

Carlos Ornelas
18-Nov-2009
Nunca antes uno de mis artículos en Excélsior había circulado tanto en la UAM. Cuatro de mis colegas lo difundieron en sus redes, dos les agregaron parlamentos propios. También recibí mensajes en mis buzones. De todo hubo en la cosecha. Me guardo los elogios, mas me hago cargo de las críticas.



Conozco dos novelas que hacen caricaturas del mundillo académico. Una del profesor británico David Lodge, a quien le pedí prestado el título de esta columna; la otra, del escritor chileno José Donoso, Donde van a morir los elefantes. Ambas son divertimentos, trazan las pequeñas pugnas por poder o prestigio, las envidias, los celos y chismes que llenan la vida de quienes nos dedicamos a la academia. No obstante ser de tono satírico, pienso que ambas novelas dan en el clavo en ciertas de sus descripciones, en especial cuando los profesores hacen defensa grupal de uno de los suyos, como los miembros de alguna tribu.

Estas rememoraciones vienen al caso porque, en mi entrega de hace dos semanas, me ocupé de la sucesión de rector en la Universidad Autónoma Metropolitana y del plagio en que incurrieron dos de los candidatos a esa silla, Adrián de Garay y Tomás Viveros. Nunca antes uno de mis artículos en Excélsior había circulado tanto dentro de la UAM. Cuatro de mis colegas lo difundieron en sus redes, dos les agregaron parlamentos propios. También recibí mensajes en mis buzones. De todo hubo en la cosecha. Me guardo los elogios, mas me hago cargo de las críticas, incluidos comentarios en el blog de Excélsior.

Agrupo los reproches en cuatro tipos: uno, el vestido manchado; dos, eso no se hace; tres, pasquín y, cuatro, daño a mi candidato.

Varios colegas me comentaron que la ropa sucia se lava en casa, que es incorrecto difundir esos hechos a un público más amplio, ya que desprestigia a la Universidad entera. Mi respuesta es que siempre he sido partidario de la transparencia y que, si somos congruentes, si exigimos cuentas claras al gobierno, los partidos políticos y demás instituciones, no hay razón para defender la opacidad en nuestra casa.

El segundo tipo se emparienta con la opacidad. Otros compañeros pensaron que tengo algo personal contra esos candidatos, que me ensañé con ellos por tener acceso a un medio de difusión público. Incluso, algunos sugirieron que tengo celos de sus logros; luego, deduzco, utilizo al periódico como un pañuelo. Otros me dijeron que, aunque fuera cierto lo de los plagios, debería haber platicado primero con los plagiarios y brindarles una oportunidad de explicar sus puntos. Mi refutación a ese reparo viene de una convicción. En el mundo desarrollado, donde la profesión académica es madura, el plagio es un asunto grave; cuando un profesor se entera de que un colega o un estudiante ha recurrido a él, lo primero que hace es denunciarlo. Y, si en la UAM aspiramos a esa madurez y debatimos con pasión asuntos de la carrera académica, no veo razón para mantener en estancias discretas lo que debemos hacer público. Ya expresé el 4 de noviembre que antes tenía en estima (académica, por supuesto) a esos candidatos.

Tanto en el correo electrónico como en el blog me acusan de levantar un falso. Varios lectores y colegas arguyen que escribí un libelo con el ánimo de dañar la honra de dos académicos de respeto. Ya en el blog, uno de los corresponsales apunta que los documentos a los que hago referencia son públicos, están en la página de internet de la UAM, archivo histórico. Todo el mundo lo puede cotejar. Esta acusación sí que me insultó, pero no pienso que mi decoro se haya desgarrado. ¿Qué le voy a hacer?, si uno escribe para el público, siempre de arriesga a que se le reproche.

Por último, otros colegas piensan que, con mi artículo, en vez de favorecer a mi candidato, lo perjudiqué. Algunos van a pensar (sugieren que entre los mismos integrantes de la Junta Directiva) que él me indujo, que fue un golpe artero diseñado para debilitar a los opositores y que se le regresaría como un bumerán. Mi candidato nunca me pidió nada, pero tal vez haya algo de razón en que al mencionar mis preferencias por él perjudiqué su causa. Nunca mido las consecuencias políticas de mis artículos.

La Junta Directiva no hizo una novela de misterio de este proceso, aunque sí nos obsequió con un final de sorpresa. Enrique Fernández Fassnacht será el nuevo rector general. Él estuvo fuera de la UAM casi 15 años, pero antes tuvo experiencia administrativa, fue secretario general. Espero que su retorno sea para bien de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Carlos.Ornelas10@gmail.com

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