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¿Periodistas o políticos?
René Avilés Fabila
08-Nov-2009
El colmo: como si no fuera suficiente tolerarlos en la función pública, tenemos que leerlos.
Cuando he estado al frente de una sección, suplemento o revista, lo primero que me piden los directivos es una lista de celebridades para colaborar en esas páginas, como si no estuvieran más que vistos y quizá hasta leídos. Luego, si la publicación es sobre política, quieren la presencia de políticos notorios. Para qué. Con sólo ver el título de un artículo de Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho, Alejandra Barrales, Alejandro Encinas, Santiago Creel o René Arce, por citar pocos casos, sabemos que promueven sus causas. Lo grave es que han poblado las páginas de diarios y revistas, dejando de lado a los profesionales de la comunicación.
Todos responden a sus propios partidos y peculiares intereses. No hay uno que pueda afirmar que representa a la sociedad civil, la que sólo le importa en función de los votos. Cada texto de ellos, en una lista infinita, es de completo tedio. Rafael Cardona, periodista de larga historia, ha dicho que trabaja con lo peor del país: la clase política. Tanto Manuel Buendía como Julio Scherer insistieron que el periodismo es una acción fundamentalmente política. La información y los comentarios abordan asuntos de tal índole. El periodista es, pues, un ser político que indaga. El político profesional, a cambio, utiliza su espacio para promover su imagen y la del organismo que representa. Ahora son saltimbanquis que van de un sitio a otro sin ninguna coherencia ideológica.
México cuenta con una carrera exitosa: Comunicación. En cada estado de la República hay por lo menos una universidad que la tiene y por regla general con mucha demanda. La UAM-X, donde trabajo desde su fundación, dicha especialidad está saturada. Nos preocupamos por educar lo mejor posible y sobre todo, brindar un sentido social y un código de ética impecable. No preparamos corruptos. Al salir los jóvenes al mundo laboral, no encuentran trabajo a pesar de que las posibilidades no se limitan exclusivamente a los medios. Tienen que competir con políticos que reciben espacios no por sus opiniones sino porque hay una cuota para ellos. Hay tareas que nunca harán como reportear o redactar una columna, pero sí entrevistar como lo hace Muñoz Ledo en televisión o pergeñar artículos cómodos y promocionales para sus ideas y escasos principios. Ocupan el espacio que debería ser asignados a periodistas experimentados, críticos, analistas serios, objetivos. El colmo: como si no fuera suficiente tolerarlos en la función pública, tenemos que leerlos. Más grave es la sospecha de que los artículos son escritos, en la mayoría de los casos, por algún asesor fantasma, el político estampa su firma y sin duda cobra.
Ignoro por qué tal empeño, pero en cuanto un político queda sin empleo o alcanza notoriedad por sus ruidosas declaraciones, es llamado para escribir en algún diario o para hablar en radio. Lo hacen desde sus posiciones personales. ¿Realmente es necesario que cobren por promoverse? Son incapaces de cumplir la función de los medios: servir de puente entre la sociedad y el poder. Más todavía, son el poder. Lo que hacen es enviarse recados, retar a sus enemigos, buscar posicionarse. Como en su trabajo habitual, en el periodismo buscan servirse ellos mismos, no a la nación.
Allá quienes los llevan a redactar tediosos artículos perfectamente previsibles. Si los directivos suponen que atraen lectores, están equivocados. Por ello, entre otras razones, las nuevas tecnologías como internet crecen más rápido de lo previsto. Si Fernández Noroña quiere ser visto y leído más allá de sus vulgaridades en la Cámara de Diputados, que haga un blog o una página web. La obligación de los medios está con la sociedad no con los partidos políticos. Los políticos en México son un mal necesario.
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