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Ortiz de Domínguez recibe a González Gamio

María Luisa Mendoza
24-Oct-2009
Me gusta enormemente “la cuna de la Independencia”, visitada casi a diario por mí en una etapa inimaginablemente feliz de mi vida.



La Mallorazga del sol… Sor Juana Inés de la Cruz.

Decía en algún lugar que nosotros vivimos en la calle del Indio Triste, y no invento el nombre porque allí tenía su residencia doña Josefa Ortiz de Domínguez, sus muchos hijos y su marido que aguantó vara hasta el final y por ello mismo se volvió un ícono feminista, aunque haya fallado una vez en su vida, ¡vamos!, el día en que encerró con llave a su mujer para obligarla a la prudencia que era precisamente lo que le faltaba, felizmente, históricamente, a la Corregidora. Afuera la divinal fosforescente ciudad, la de la sobrevivencia mágica, donde se vive como corregidores, se come como corregidores y todo ello a la fechas, en un aluzamiento casi intolerable de su belleza.

Me gusta enormemente “la cuna de la Independencia”, visitada casi a diario por mí en una etapa inimaginablemente feliz de mi vida. Doña Josefa me encanta como Dios a Sabines. Mujerona de enaguas largas y chongo y un mar más de cualidades y características. Fue amantísima en todo y desde “la fragua de la Independencia”, donde viví cuatro años de esos puerilmente denominados “inolvidables”, la iba a ver volando desde San Miguel de Allende reescribiendo la historia patria… Doña Josefa, después del movimiento independentista por el cual la adoramos, de la cárcel, de la maternidad en un convento, del retorno a casa, recibió a Ángeles González Gamio (otra humana de mis predilecciones a quien denomino justa y asorpresada: montón, montones de Ángeles) y la doña se dejó entrevistar día a día. Afuera de su sala donde bebieron chocolate y pastitas tronadoras comieron, Josefa le contó cosas a montones y de allí salió un libro precioso, Charlas de café con Josefa Ortiz de Domínguez, publicado por Grijalvo.

No estoy para contarlo ni usted para saberlo, los nombres de los cronistas de la Ciudad de México (pienso en Hernán Cortés, en Guillermo Tovar y de Teresa) y me vuelco en la roja granada de las calles durante la Independencia, el ruido, el tránsito, los transeúntes, las viandas para comprar, los platillos exquisos para deleitarse. El olor. La luz. González Gamio, haciéndole honor al abuelo y antecesores de donde viene, nos describe al desgaire maravilloso esas calles y me hace pensar también, ustedes perdonarán pero es un cronista-novelista-absoluto, en Manuel Echeverría y sus novelas donde he encontrado un DF, un “Centro”, como le decíamos de niños al hoy Primer Cuadro. Echeverría es un gran describidor de mi ciudad, como lo fueron Novo y en la diamantina novela El complot mongol el otro Bernal bendecido.

Yo me he pasado la vida retratando en palabras a México, DF y a la heroína total Carmen Serdán, mi “Tris de Sol”, por eso hoy, a punto de llegar a noviembre y nuestra Revolución, ¡una OOOOO por González Gamio!

Amorosamente: María Luisa Mendoza.

marialuisachinamendoza@yahoo.es

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