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Ombudsman (confusiones interesadas)

Francisco Javier Acuña
18-Oct-2009
El defensor del pueblo ejerce un mandato y ofrece un servicio público, el de la mediación correctora y reparadora a favor de las víctimas de la gestión pública defectuosa o indebida.



El ombudsman no es una Súper ONG, como algunos equivocadamente creen. Con las organizaciones de la sociedad civil debe sostener una relación cordial y de colaboración estrecha, mas no fundirse y menos confundirse con ellas. Aquellas son vehículos de reclamación y denuncia de injusticias estructurales y de arbitrariedades concretas, han de ser combativas y fulminantes, sólo así son útiles a la democracia, fundan su tarea en el humanitarismo de emergencia, comunican una cultura de solidaridad con los oprimidos y un halito de esperanza a los lastimados por los agentes gubernativos y en esa última faceta de su misión convergen con el ombudsman, solo que por métodos distintos.

El ombudsman es un instrumento de remedio que debe garantizar el desarrollo de sus potestades por la vía de la legalidad, ejerce un mandato y ofrece un servicio público, el de la mediación correctora y reparadora a favor de las víctimas de la gestión pública defectuosa o indebida.

Tampoco es una agencia de beneficencia pública o filantrópica, el ombudsman es un termómetro de la legalidad del medio publico, es un semáforo que pone alto al tren gubernativo en los cruces donde pasan los habitantes a efecto de impedir los arrolle con indiferencia y es, también, un restaurador diligente de los constantes daños humanos que por descuido, ineptitud, frivolidad o perversidad cometen los funcionarios públicos en perjuicio de personas concretas o de la sociedad en su conjunto. Si esa mediación oportuna y esa reparación adecuada se logra se convierte en un pilar de la república (de la cosa pública). Ni Gandhi o Luther King, ni el Llanero solitario o Superman, ni una sucursal de la Cruz Roja o del Teletón.

Un ombudsman, al margen de sus convicciones personales (si es creyente o agnóstico, si es deportista o antideportista, etcétera) ha de saber encarnar un alto cargo, su proceder publico ha de ser laico en contraste a ser o parecer fundamentalista de cualquier credo o ideología, por eso no puede ser un radical y menos un histrión. Ni un saltimbanqui (chivo en cristalería) ni un lastimoso bufón de la corte, simplemente un personaje solvente en sus credenciales profesionales, sensato en sus juicios y decisiones y sólidas en el medio social. Su persuasión se basa en la calidad de sus recomendaciones.

¿Cuántas recomendaciones debe emitir? Las necesarias. ¿A quién vinculan?, al propio ombudsman que las emite, habrá de responder por ellas ante el Legislativo (que lo nombró para vigilar las conductas públicas dañinas a la ciudadanía); por tanto, si las recomendaciones son sesgadas o impertinentes serán objetadas o aceptadas pero incumplidas.

La ley obliga al ombudsman a desempeñarse con objetividad, si no lo hace, es porque también habrán fallado los mecanismos parlamentarios para exigirle que cumpla su delicada labor.

¿Tendremos el ombudsman que merece la nación? Esperamos que el Senado de la República elija al mejor.

fjacuqa@hotmail.com

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