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Dar a luz la luz
María Luisa Mendoza
17-Oct-2009
Me quejo de los apagones, del cobro inusitado, de la tipa que el 24 de diciembre amaga con quitar la luz a fuer de una propinota, pero de eso, a atestiguar el grave conflicto y aplaudirlo...
Qué curioso es el tiempo tramposo que obliga al escribano a pensar todo el santo día —textual— en la columna por realizar, y cuando al fin se sienta a educirla simplemente todas las aladas palabras, los giros deleitosos, el vuelo de las ideas… desaparecieron. Yo había escrito en mi magín frases encantadoras de varios hombres (no doy con algo mejor sobre todo ahorita que se nos desmorona el país y crece lo denominado Síndrome de los Tecolines: ausencia, angustia y desesperación) escribir, por ejemplo, del más hermoso hombre de color en el mundo, Barack Obama, con su cuerpecito perfecto (el clavecín bien temperado) y su premio Nobel a la medida; del vicio secreto del futbol que debe mirarse a solas para no tener testigos, y aullar como loca “¡goooool!”, bien cerrado el balcón y el perro y los gatos afuera para que no se asusten y, claro está, el réferi, capitán, maestro, lo que sea —bien se nota mi villamelonés absoluta— llamado El Vasco, tan serio y gritón en el campo de juego, sobresale por ser el único vestido de gente decente, con traje y corbata y todo, como los muchachos de mi tiempo, capturarlo caminando llevando en vilo su anatomía comprimida, fuerte, compacta, atlética. O evocar una foto en un periódico de parejas bailando tango… los señores con el brazo derecho por la cintura de las mujeres y los dedos como teclas en la espalda en el mando de los cambios necesarios… muy serios ellos, en ellas visible su latido joven de atracción y entrega, de conquista y, ante todo, futuro. Veo en la desesperación tecolina al doctor Arrubarrena (mis hermanos y yo somos huérfanos sin el diagnóstico de nuestro hermano muerto) y me pregunta qué me pasa y le digo de la angustia y el colon enloquecido, que no me divierten ni los divertículos . Y aparece el crepuscular tiempo vivido por todos, ustedes y nosotros, la lucha de la conciencia ante el respeto al sindicalismo, logro sagrado de los obreros y el inmisericorde hacha sobre casi cincuenta mil familias que se van a quedar con dinero para un ratito, porque se acaba y condena a vivir con el corazón en un puño imaginando mañana ya no tener ni de dónde (habla la experiencia). Nadie ama a un sindicato, a los watts de un foco o a las clavijas del contacto, pero incólume mi admirancia por los tecnicazos trepados en un poste cumpliendo el deber de dar a luz ¡eso, la luz que es el tema!... me quejo de los apagones, del cobro inusitado, de la tipa que el 24 de diciembre amaga con quitar la luz a fuer de una propinota, pero de eso, a atestiguar el grave conflicto ante el cual estamos y aplaudirlo, o vitorear a los asoleados, asustados, agresivos ex empleados de la luminosidad. Me quedo con la solidaridad por el sufrimiento de los mexicanos corridos, el terror al no futuro. A la muerte. Eso le digo al doctor Arrubarrena… que todo el día pienso en la muerte, la sueño, como los compañeros de la luz sin fuerza.
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